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"Con este rostro me quedo, con la persona que lucha, sin estar pendiente de figurar sino de reclamar lo que por derecho le pertenece".

“Bajo protesta” o la relatividad del mal

En el contexto de las protestas de maestros y profesores universitarios, donde se ha visto organización, una sola voz, y la fuerza de la razón que “sin resignación y con la consciencia de estar luchando por la justicia laboral en un país donde no hay garantía de derechos de ningún tipo (…) un Estado fallido que va contra el trabajador, ha anulado las garantías que favorezcan la vida y la justicia. Contra eso se protesta y se exige honrar los compromisos laborales”. Mientras, “los sistemas totalitarios se amarran a sus eslóganes y clichés”.

Estamos frente a un régimen que se sostiene sobre los hombros de unos funcionarios apegados a su estructura. La mentira es la sangre que circula por sus venas, la simplicidad de la insignificancia y lo banal cruza la existencia de quienes refrenda y sostienen el mal. Se trata de un sistema, no de sujetos aislados. Hay que asegurar su perpetuidad, los que han creído y se han comprometido sin grandes convencimientos ideológicos, sin tener, siquiera, una justificación frente al mal o por el mal, simplemente reproducen las bases del sistema que están hechas sobre las prácticas que producen muerte y eliminan personas.

Viene a mi memoria el juicio a Adolf Eichmann, y Hannah Arendt lo dijo de un modo muy claro: “No había signo en él de firmes convicciones ideológicas o de motivos específicos de maldad, y la única característica notable que uno podría detectar en su comportamiento pasado, así como también en su comportamiento a lo largo del examen policial y de la preparación de dicho examen, era algo enteramente negativo: no era estupidez sino falta de pensamiento”. La superficialidad más absoluta, la vacuidad, la banalidad no solo argumentativa sino del pensamiento mismo.

Este es el resumen de la existencia de cualquier funcionario al servicio de los sistemas totalitarios. Pero la tragedia no se detiene ahí, porque dentro de todo sería lo esperable. Un sistema que necesita de sujetos que aseguren su perpetuidad, el hombre nuevo, hecho a su imagen y semejanza. Esta es una de las caras de la moneda.

“Estamos en tiempos de lucha constante con estrategias útiles que tengan sentido para enfrentar sistemas no democráticos”

La otra cara, es la que se produce desde la acción misma de un funcionario que “sin ser del régimen” actúa bajo su sombra y determinación. Un ejemplo, entre muchos, es la universidad y quienes mandan en ella. En días pasados leímos en un comunicado oficial del vicerrector administrativo encargado, la siguiente instrucción: “Informa a la comunidad universitaria de la UCV, que durante el día de hoy remitiré a MPPEU la nómina de 10 días del bono vacacional…” seguido del slogan o cliché “bajo protesta…”.

Los que mandan en la Universidad Central de Venezuela (UCV) o las llamadas “autoridades” se dan el permiso de ir contra los derechos laborales y argumentan hacerlo “bajo protesta”, ¿se puede matar “bajo protesta”?, ¿alguien puede ir contra otro y justificar la acción denigrante argumentando que fue obligado y lo hizo “bajo protesta”?, ¿a quién justifica el “bajo protesta”?

“Bajo protesta” es el recurso utilizado, por quienes tienen el poder sea del régimen o sea de quienes actúan bajo su sombra. Los que mandan en la UCV tienen más de 14 años haciéndolo, quienes dominan el país pasan de 20 años, ambos parecen alimentarse del mismo humus. “Bajo protesta” es el recurso utilizado por el poder decadente, que agoniza. Una afirmación desafortunada porque no puede justificar la violación flagrante de los Derechos Humanos. Puede, sí, ser la excusa para hacer el mal. “Bajo protesta” se puede matar, llegar a extremos contra la humanidad y pretender justificarlo.

Los funcionarios y su poder se justifican a sí mismos, no se deben a una comunidad, no se sienten interpelados por ella, ni procuran su protección, en Eichmann, funcionario del régimen nazi, lo vemos claro y nuevamente Arendt lo coloca para nuestra consideración: “No fue atormentado por problemas de conciencia. Sus pensamientos quedaron totalmente absorbidos por la formidable tarea de organización y administración que tenía que desarrollar”.

“El protagonismo es comunitario, sin cliché, pero amarrado a la enorme posibilidad de lucha que tiene el venezolano”

En este escenario, nada sorprende, las narrativas básicas, elementales, banales, superfluas, se valen del eslogan que le justifique. En el juicio que nos ocupa, Arendt, lo presenta de modo enfático: “Himmler ideaba eslóganes, como el famoso lema de las SS, tomado de un discurso de Hitler dirigido a estas tropas especiales, en 1931, «Mi honor es mi lealtad» -frases pegadizas a las que Eichmann llamaba «palabras aladas», y los jueces de Jerusalén denominaban «banalidades»-, y los difundía, tal como Eichmann recordaba, a finales de año, seguramente acompañadas de una gratificación de Navidad. Eichmann únicamente recordaba uno de estos eslóganes, y lo repetía constantemente: «Estas son batallas que las futuras generaciones no tendrán que librar». Se refería a las batallas contra las mujeres, los niños, los viejos y las bocas improductivas. ”Estas son la muerte que Eichmann produciría y que, además, habría que agradecerle. El mal fatuo en pleno ejercicio que se justifica por sí mismo.

“Todo el poder para los CLAP”, “no volverán”, “patria, socialismo o muerte”, son algunos de los eslóganes en los que se funda la propaganda socialista; pero, del otro lado, hay también frases que justifican la evasión y la no confrontación: “bajo protesta” es uno de ellos, se acepta lo inaceptable y, encima, hay que agradecerles.

Ahora bien, este otro lado no es homogéneo y es imposible que lo sea, la diversidad nos constituye, de modo que el “bajo protesta” que se pronuncia en connivencia con el poder establecido tiene una acera enfrente, totalmente opuesta y distinta. En los días transcurridos se han producido inusitadamente protestas reales, sin aceptación, esas que se dan porque no estamos conformes, porque no nos resignamos a vivir bajo el dominio y la tiranía del sistema que nos somete al mal vivir, a la violación sistemática de nuestros derechos humanos, laborales y con salarios de miseria.

Los maestros y profesores universitarios hemos sido protagonistas de la rebeldía, de la insumisión, seguimos en la lucha sin resignación y con la consciencia de estar luchando por la justicia laboral en un país donde no hay garantía de derechos de ningún tipo. No actuamos bajo protesta (expresión acomodaticia), estamos en protesta, luchamos, exigimos sin resignación en la búsqueda de sobreponernos a la sobrevivencia.

“El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ha registrado en el primer semestre del año 2022 la cantidad de 3.892 protestas que correspondieron a 22 protestas diarias”

La protesta en la educación es ya política, no hay que politizarla, la defensa de los derechos lo es, el agente violador es el Estado. Un Estado fallido que va contra el trabajador, ha anulado las garantías que favorezcan la vida y la justicia. Contra eso se protesta y se exige honrar los compromisos laborales.

Venezuela no ha dejado de protestar, todos los días nos llegan noticias de protestas a nivel nacional, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) han registrado en el primer semestre del año 2022 la cantidad de 3.892 protestas que correspondieron a 22 protestas diarias.

En un país donde no hay garantías de derechos ni libertad de asociación, que se produzca una cantidad de protestas como la registrada nos lleva a reconocer la enorme valentía de este pueblo. Se protesta, se exige, no se hace lo que el sistema manda “bajo protesta”, se lucha para que las cosas cambien, para que haya justicia laboral y se garantice la vida.

Volviendo a la protesta de los maestros y profesores universitarios, es necesario zafarnos de enfoques convencionales, de focos inútiles que reafirman al gremio e invisibilizan al agremiado. La base de la lucha es el profesor de a pie, la maestra que reconoce que vive de milagro porque tiene un hijo que envía la remesa mínima que puede desde el exterior, pero ella con dignidad sale a la calle a protestar con valentía. Con este rostro me quedo, con la persona que lucha, sin estar pendiente de figurar sino de reclamar lo que por derecho le pertenece. Tal vez, solo tal vez, si los gremios y los políticos vieran esos rostros marcados por la valía y el sufrimiento, acompañarían movimientos de protestas menos efectistas y más efectivos en el cumplimiento de los objetivos, teniendo en cuenta que estamos en una dictadura y no en democracia.

Estamos en tiempos de lucha constante con estrategias útiles que tengan sentido para enfrentar sistemas no democráticos, donde el protagonismo es comunitario, sin cliché, pero amarrado a la enorme posibilidad de lucha que tiene el venezolano.

Los sistemas totalitarios se amarran a sus eslóganes y clichés, pero puede ser que estos se produzcan en el marco de su propio entierro, como le ocurrió a Eichmann: “Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! Nunca las olvidaré». Incluso ante la muerte, Eichmann encontró el cliché propio de la oratoria fúnebre. En el patíbulo, su memoria le jugó una última mala pasada; Eichmann se sintió «estimulado», y olvidó que se trataba de su propio entierro”.

Fuente: La Gran Aldea