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Padre Alejandro Moreno, español por nacimiento y venezolano por opción, fue el fundador del Centro de Investigaciones Populares que ya cumple 30 años.

Centro de Investigaciones Populares “Alejando Moreno” cumple 30 años

“Nacimos en democracia, un sistema político que suaviza las diferencias y se abre a la libertad, a la convivencia, a la pluralidad. Resignificación institucional, una sociedad funcional, aunque no totalmente integrada, diversa, plural, libre. Este fue el país que nos vio nacer y nos acompañó hasta el año 1999, momento en el que inicia un proceso de desintegración”.

Han pasado 30 años, haciendo la salvedad que, por lo general, las fundaciones constituyen un tiempo referencial. Nacimos como organización antes que se estableciera legalmente, el 15 de marzo de 1983. Alejandro Moreno junto a unos jóvenes inquietos, curiosos, noveles investigadores, emprendimos un camino abierto a la comprensión del venezolano popular. Nuestro fundador era español por nacimiento y venezolano por opción, su enorme disposición, agudeza en la interpretación e inteligencia, lo llevaron a sospechar que estaba frente a un mundo-de-vida distinto, afrontó la otredad, la desmenuzó, la convivió y comprendió a fondo. Nosotros, venezolanos, nos reconocimos en ese hallazgo, nos encontramos en esa vida interpretada, nuestra vida, nuestra madre, nuestra relación. Así empezó esta historia, reconociéndonos y reconociéndose (Moreno) en la otredad.

El camino ha sido de mucho compromiso, una historia de encuentros y desencuentros, pero sobre todo de reencuentro, para nosotros. Nuestra vida, afecto, relación, convivencia está hecha de un modo particular, distinto, ni mejor ni peor, reconocerlo ha sido una puerta abierta a la implicación fuera de toda relación de dominación.

La novedad de esta historia quiero expresarla desde lo escrito por el propio Alejandro Moreno (1997) en su artículo: Desencuentro de mundos. Creo que es clave para comprender Venezuela, la de aquel momento y la de hoy. ¿En dónde radica la fortaleza que nos ha acompañado a lo largo de estos 24 años de resistencia?

“En Venezuela coexisten en el mismo espacio geográfico y político dos mundos-de-vida otros entre sí cuya otredad está definida por una dis-tinta practicación primera de la vida, externos el uno al otro. Desencuentro estructural que ha producido sin embargo muy pocos episodios de encontronazos hasta ahora precisamente por la manera de ser de uno de ellos”.

Continúa profundizando, nuestro autor:

“Al que vive en la gran mayoría de la población, lo he llamado mundo-de-vida popular identificando al pueblo, en la línea de la más antigua tradición, como ese sector poblacional excluido de las funciones dirigenciales de amplio ámbito (nación, estados, municipios actuales, universidades, etc.). Esta es una identificación negativa. Positivamente, está constituido por una gran mayoría de pobres pero la pobreza no lo define (ni la marginalidad, ni la ignorancia, ni la opresión, etc. aunque todo está en él muy presente). Se define por un propio mundo-de-vida. Un concepto de pueblo, por tanto, en primer lugar, antropológico en profundidad, más allá de lo etnográfico, si queremos darle un nombre. Su practicación primera es la relación matricentrada afectiva convivial”.

Esto nos ha definido como pueblo. Está a la vista que la resistencia se escribe con la M de madre que nos ha acompañado a lo largo de esta historia. Somos un pueblo nuevo, seguiremos profundizando en esa originalidad, por lo pronto, nos quedamos en la fuerza de nuestra definición y la destaco: “… relación matricentrada afectiva convivial”. Cerrando la idea desde el hilo narrativo de Moreno, podemos avanzar en esta interpretación:

“El otro es el mundo-de-vida moderno vivido por un sector reducido de los venezolanos que es además el que ejerce las funciones de dirigencia en general. Su practicación primera es el individuo o la individualidad, para ceder un tanto a la abstracción, cesión que aquí resulta adecuada”.

Nos ubica en dos mundos: el popular y el moderno, este último reducido en lo que podemos denominar élite. El gran desencuentro de mundos lo vivimos en Venezuela desde la élite y el pueblo, pocos son los puentes, mucha la contención que evita los encontronazos, desde la relación afectiva y convivial el mundo popular le da la vuelta a la dominación implícita del otro mundo.

En estos 30 años de historia del Centro de Investigaciones Populares (CIP), los desencuentros y encontronazos han sido de diversas magnitudes. Nacimos en democracia, un sistema político que suaviza las diferencias y se abre a la libertad, a la convivencia, a la pluralidad. Se trata de un sistema perfectible que hizo posible avanzar en una integración que inició siendo instrumental, hasta llegar a conformar comunidades con puntos de confluencias mucho más integrados: la convivencia vecinal.

Democracia de partidos, democracia vecinal y comunitaria, democracia en el seno de las múltiples instituciones. Resignificación institucional, una sociedad funcional, aunque no totalmente integrada, diversa, plural, libre. Este fue el país que nos vio nacer y nos acompañó hasta el año 1999, momento en el que inicia un proceso de desintegración. Comienza a romperse la democracia por dentro. Una nueva élite sustituye a la anterior eliminando todo puente para la integración. La democracia se convirtió en demagogia. El pueblo desapareció como poder originario y dio paso al “poder popular”, encarnación de la nueva élite basada en la usurpación de las identidades ajenas y conformación de un nuevo lenguaje que despoja al otro de lo que lo define y se lo atribuye a sí mismo: “el pueblo soy yo” lo dijo claramente Hugo Chávez.

“La madre, la persona humana, el convive se fortaleció en democracia, lazos fuertes han impedido que el fatalismo y la dominación se instalen”

Ahí no solo hay usurpación de la identidad popular sino despojo y dominación. Esta modernidad chavista, ecléctica en lo ideológico y comunista en los métodos, actúa sobre la base de la desidentificación cultural y reidentificación en otro sistema de valores. Esa es la esencia del “hombre nuevo”. Para producir esa nueva identidad es necesario destruir lo precedente. ¿Hay algún diálogo o reconocimiento de la otredad? Debemos apuntar a un NO absoluto.

Desde nuestras investigaciones en el CIP hemos venido aproximándonos por décadas a estas interpretaciones que nos alejan de la homogeneidad pretendida de la modernidad comunista extremadamente interventora. Desde el mundo-de-vida popular, desde nuestros barrios, nos hemos acercado a una interpretación heterotópica, otro lugar y otredad humana, vivencial, personal. Planteado desde el sentido de Moreno:

“Por eso he dicho que el venezolano popular es un ‘homo convivalis’ antes que homo sapiens o cualquier otro tipo de ‘homo’. Es lo que con una palabra popular se diría un ‘convive’. La convivencia no necesariamente es armónica; puede ser conflictiva sin dejar de ser convivencia. La convivencia en el amor es, en todo caso, una tarea”.

Ese sentido de convivencia se abrió a la democracia y esta acompañó y se dejó acompañar por un mundo-de-vida popular que instrumentalizó algunas prácticas que terminaron favoreciendo el encuentro y la convivencia entre distintos. Las intervenciones modernas precedentes, democráticas, no homogeneizaron, ni eliminaron, ni dominaron como lo ha hecho la modernidad de estos días que corren.

La madre, la persona humana, el convive se fortaleció en democracia, lazos fuertes han impedido que el fatalismo y la dominación se instalen. La madre venezolana sigue abierta a la lucha, afronta la realidad, resuelve problemas y también desde la fortaleza familiar ha impedido que se instale el sometimiento del sistema de dominación totalitario. Esto no es poca cosa. Protestas diarias, búsqueda permanente de autonomía, rechazo al CLAP (aunque el hambre es una realidad que azota a la madre, a la familia, a la comunidad), desea tener trabajo y pagar por los servicios, eso es insumisión.

En el Centro de Investigaciones Populares “Alejandro Moreno”, nos encontramos a diario con estas realidades, las documentamos, las interpretamos, las comprendemos, las acompañamos desde la formación, la organización, la pastoral y cuanta acción pueda surgir desde la implicación. Nacimos en democracia, comprendimos a fondo el mundo popular y hoy nos toca como y junto a la madre venezolana afrontar el gran problema de la dominación, de la desidentificación, de un sistema que quiere colonizar la vida y la conciencia. ¡Grandes desafíos se abren en la historia por venir!

Celebrar que cumplimos 30 años, es también un gesto que nos permite recordar en vida y obra a nuestro maestro, por eso he querido escribir este artículo a dos manos, para quienes quieran leer en extenso este interesante artículo de Moreno: “Desencuentro de mundos”, lo pueden conseguir en nuestro portal.

Fuente: La Gran Aldea