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El rostro de la represión: pasado, presente y futuro

El justo perece, y no hay quien se preocupe;
los hombres piadosos son arrebatados,
sin que nadie comprenda que ante el mal es arrebatado el justo
Isaias, 57:1

Han pasado seis años de las protestas del 2017. Iniciamos una acción cívica, no violenta de parte de la ciudadanía, de las comunidades, de los partidos, de los gremios, de la sociedad en general. Durante las dos últimas décadas, ya casi dos décadas y media, hemos vivido como pueblo la mayor restricción de la libertad, sometimiento, represión, pobreza y muerte, del último siglo.

Nos hemos enfrentado como sociedad a los más terribles miedos, nos hemos replegado en lo que somos y en lo que nos define y ahí encontramos la fuerza para seguir luchando. Nos desmembraron como familia, expulsando a más de 7 millones de venezolanos y obligándolos en una migración forzosa a vivir una de las pobrezas mayores: el destierro.

Nuestra peregrinación como pueblo en el mundo se inició mucho antes del 2017, pero este año fue un hito importante en la acentuación de la expulsión, obligarnos a sobrevivir en otros lugares porque nuestro país se hizo inhóspito, incapaz de dar seguridad, dejó de ser nuestra madre y pasó a ser tierra de tiranos.

No me es posible, escribir este artículo hoy sin hacer memoria de cada rostro eliminado en las protestas del 2017 e invitar a que hagamos juntos un momento de silencio por ellos. Recordarlos, solidarizarnos con cada familia en la que el sistema de opresión y represión dejó una profunda herida imposible de ser sanada. Nada paga la muerte injusta, violenta, premeditada. Las palabras de Gustavo Dudamel fueron un hito interesante de aquellas circunstancias tan dolorosas: «Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente» pero lo cierto es que estuvo, han estado, y siguen estando marcados por la sangre de nuestro pueblo.

Las protestas de hace seis años cumplidos marcaron la vida de este país. Del portal Manifestar.org tomo algunos nombres, contexto, muerte, represión: «Angel Moreira (28) pierde la vida luego de haber sido arrollado por un vehículo que intentaba evadir una manifestación, a la altura del distribuidor Santa Fe en Caracas, cuando se trasladaba en su moto. El adolescente había pertenecido a la selección nacional de natación y representado al país en certámenes internacionales. Carlos Aranguren (30) fue asesinado de dos disparos en las cercanías de una manifestación que era dispersada por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana en Petare, estado Miranda (…)».

Hechos, vidas perdidas, muertes, todo bajo un régimen cuya naturaleza y razón de ser está anclada a la eliminación, a la negación de la humanidad, por eso no echa para atrás, no lo ha hecho ni bajos estas condiciones extremas. Cualquier democracia hubiese rectificado, cedido, dialogado, las tiranías no lo hacen, porque atenta contra lo que son, contra lo que le constituye.

También fueron asesinados: «(…) Yonathan Quintero (21), quien trabajaba como ayudante de mecánica. Se encontraba en las inmediaciones del supermercado Villa Florida, sector La Guacamaya, Valencia, donde habría intentado ingresar de manera irregular. En Caracas era asesinado Armando Cañizález (18) cuando participaba en una manifestación en la avenida Río de Janeiro de Las Mercedes, Caracas. El joven formaba parte del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas de Venezuela e iba iniciar estudios de Medicina en la UCV».

Solo a algunas personas puedo nombrar y me valgo de esta crónica de Espacio Público y Provea, para traerlos a nuestra memoria, encontrarnos en el dolor, en la tristeza, pero también en la esperanza. Son muchos los desafíos que están frente a nosotros seis años después. Este año de protesta fue seguido de inconformidad en las comunidades, las manifestaciones se trasladaron de lugar, ya no en las calles principales de las grandes ciudades, sino a las pequeñas calles de los barrios, de las comunidades, de las instituciones: médicos, enfermeras, profesores.

Está visto que después de tantos años de protestas, éstas sirven como punto de conexión de las organizaciones y comunidades, como nodos activadores, pero no como mecanismos de reclamo porque a quien se le reclama no se le obliga a escuchar. El sistema de dominación se mantiene desde la disposición y decisión de no dejarse afectar por quienes piensan distinto, por los demócratas, por los que no tienen trabajo, ni familia, por los perseguido, por los presos de conciencia, por los excluidos, por un pueblo que reclama justicia y libertad.  

Cierro con el 26 de abril: «Es asesinado Juan Pernalete (20), estudiante de la Universidad Metropolitana, por un impacto de un cartucho de bomba lacrimógena en los alrededores de una manifestación en Altamira, Caracas. Eyker Rojas (20), padre de un niño de ocho meses, es asesinado en una manifestación que ocurría en la parroquia Concepción de Barquisimeto. Amnistía Internacional emite un comunicado donde acusa al gobierno venezolano de aumentar la persecución y los castigos contra quienes piensan diferente, así como la existencia de detenciones arbitrarias».

Hacemos un momento de silencio por tantos asesinatos en manos de los que hoy mandan, lo cierto es que ¡habrá justicia!

Fuente: Efecto Cocuyo

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