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  • Mirla Pérez: “La neutralidad no es una opción, hay que construir una estructura de poder”

    Por: Hugo Prieto

    A finales del año pasado, el Centro de Investigaciones Populares concluyó el trabajo de campo que, entre otros objetivos, le pone un rostro a la pobreza que arroja el estudio Encovi de la Universidad Católica Andrés Bello (94 por ciento de la población). De acuerdo con Mirla Pérez*, ese rostro refleja el hambre, la precariedad y el sufrimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos. Pero dejemos que sean las personas que ofrecieron sus relatos de vida y participaron en los grupos focales, en nueve estados del país, las que hablen de su propia realidad.  

    Hambre. En la noche piensas en lo que vas a comer mañana. Pero tienes que hacer el proceso de adaptación. Primero el desayuno, después el almuerzo y luego la cena. Usted puede ver a la gente cargando chatarra, metal, la vende para poder comer, pero ya nadie come tres veces al día. Medios de sobrevivencia. Solidaridad vecinal. Vivo con mi mamá, dos hermanas y dos sobrinas. Ahí metemos un sancocho. Ah, ¿que si me pagaron?, vamos a comprar verdura. Cayó tal bono, anda y busca el queso. Y vivimos en ese plan. La rutina comunitaria del resuelve. Mucho movimiento, las personas salen a la calle para buscar lo de la cena, prenden el fogón porque no hay gas. El muchachito va a la iglesia que le da la comida dos o tres veces a la semana. Despoblamiento. ¿Y si me pasa algo? ¿Para dónde voy a correr si todas las casas están con las puertas cerradas? Educación. Hay una deserción bárbara de docentes. Quedaron como tres. Entonces, un docente se encarga de cada año, dando todas las asignaturas. Salud-Pandemia. Doctora, por favor, tome la temperatura. No hay termómetro, no hay tensiómetro, no hay nada. Movilidad. Hay que caminar como media hora hasta la avenida para agarrar un carro. Organizaciones en la comunidad. Aquí lo que se maneja es el CLAP. Tienes que ser cien por ciento chavista. Pero yo me disfrazo. 

    ¿Podría describir el rostro de la pobreza en Venezuela?

    Nosotros somos una cultura matricentrada y las madres venezolanas son fuertes, echadas pa’ lante. Una madre que no ha necesitado a nadie, no ha necesitado al padre, porque la estructura es exclusiva. Ella va pa’ lante con sus hijos. Esa madre, en este momento, está sufrida porque no logra resolver el problema del hambre por su cuenta. En el retrato que hemos visto, esta madre, autosuficiente en toda su historia, ha tenido que abrirse a otras madres, a otras familias, y a la comunidad. El peso de la solución, que siempre estuvo sobre sus hombros, ha tenido que encontrarse con la convivencia -el homo convivali, del que hablaba el padre Alejandro Moreno-, esa característica, que también nos define como pueblo, es la que ha logrado contener un problema que podría ser mucho peor. Entonces, las familias se han unido, pueden ser cinco familias asociadas en una sola cocina. Eso significa que todos trabajan para todos. Y eso es un rasgo de solidaridad muy importante, partiendo de la familia. Luego, partiendo de la comunidad, el rasgo vecinal. Lo vimos en Sucre, con las ollas solidarias espontáneas, con los fogones comunitarios, allí se cocina lo que la comunidad va encontrando. Ese rasgo de vecindad, que pareciera estar desdibujado, justamente, es la tabla de salvación. 

    Ollas solidarias hubo en Chile, en plena dictadura militar. Ollas solidarias organiza la Iglesia Católica en los barrios de las ciudades venezolanas. ¿Cómo es la organización espontánea de la que habla? ¿Cómo eso, de alguna manera, tiene una estructura?

    Del camino familiar se transita al camino comunitario, con la eficiencia y el límite que imponen los propios recursos. La gente está dando lo que no tiene, porque la pobreza es generalizada. Nos llamó mucho la atención una experiencia que ocurrió tanto en Zulia como en Táchira. La gente envía 20 o 30 dólares al familiar que se quedó aquí para que haga una olla solidaria. Lo hace expresamente con el propósito de contribuir con el barrio donde alguna vez vivió. Eso no va a solucionar el problema, pero funciona como un mecanismo de distribución… ¡De la pobreza! Entonces, quien no tiene nada que comer puede comer. La emergencia humanitaria compleja -y es compleja porque su origen es político- está diseñada para que el hombre, el ser humano, la persona, sea lo más vulnerable posible, para que dependa del sistema. No es una creación exclusiva de Venezuela.

    ¿A qué se refiere concretamente?

    Eso ocurre y ocurrió en todos los regímenes totalitarios. Lo puedes ver en “El libro negro del comunismo”, de Stéphane Courtois. El poder se va alimentando de la necesidad de las personas y de su vulnerabilidad. Para que el sistema se mantenga fuerte, necesita individuos débiles. Lo que hemos visto, en nuestras investigaciones, es que la estructura socio antropológica del venezolano está colocando una pared muy gruesa frente al sistema totalitario. El mundo popular se repliega en sus prácticas elementales -la convivencia, la matricentralidad, la relacionalidad- y, desde allí, va construyendo una suerte de caparazón que lo protege de aquel, consigue fuerzas en la dinámica cultural, que lo ha mantenido durante siglos. Y cuando hablo del mundo popular, lo hago haciendo hincapié en lo que decía Alejandro Moreno. Es un mundo que transversaliza las clases sociales, puede estar en la clase media como puede estar en los más pobres, en los más vulnerables. Es una estructura antropológica que tiene solidez, que tiene historia. Si bien no ha lidiado con tiranías totalitarias, sí ha lidiado con dictaduras. Diría que hasta hoy, marzo de 2022, la gente ha logrado sostenerse en lo que la identifica. Es un punto interesante y si el político lo toma, pudiera plantear algo diferente. 

    Tenemos una clase política de espaldas a las necesidades de la gente, incapaz de plantear una solución a los problemas que usted ha planteado. ¿Qué significa eso?

    Eso significa mucho: mientras entramos a un espacio, donde no haya una resonancia de la realidad en la práctica política -ya ni siquiera se trata del discurso político-, el camino de salida es y será mucho más largo. Hoy te puedo presentar esta radiografía: la gente está resistiendo, metida en su identidad, y preserva lo que realmente la fortalece frente al sistema de poder. Pero es la clase política la llamada a que esto -lo que está ocurriendo en el mundo popular, en el mundo social- pueda tener un nivel de articulación, no solo para convertirse en una estrategia de sobrevivencia, sino en una estrategia de poder. Eso es lo que puede hacer el político. ¿Quién sabe si dentro de 10 o 15 años pueda surgir un movimiento espontáneo? Pero apostarle a un movimiento espontáneo, en el sistema que tenemos, es aterrador y coloca a la clase política totalmente de espaldas a lo que está ocurriendo. Hay músculo, hay una realidad que, si se interpreta asertivamente y se realizan acciones que coincidan, de alguna manera, con lo que la gente hace desde sus formas organizativas, nos llevarían a superar esto que estamos viviendo. Pero necesitan volver la mirada al pueblo. Volver a la práctica política, comprender lo que ocurre. Un liderazgo que sepa escuchar, que no busque la reafirmación de sus posiciones, sino que pueda meterse en el mundo popular para crear las redes, los hilos, que se puedan articular en una estructura de poder. Creo que no hemos empezado a transitar por ese camino. 

    Por generación espontánea no se va a producir ningún cambio. Además, diría que el hambre no vota y la pobreza no hace revoluciones. Entonces, ¿en qué situación estamos?

    Políticamente tiene que surgir un movimiento, probablemente haciendo caída y mesa limpia, rompiendo con toda la estructura -la burocracia política-, y un liderazgo que sea capaz de mirar lo que está ocurriendo en los sectores populares y en la sociedad en general. Que pueda haber tejido y una estrategia que le dé fortaleza a un movimiento político. La misma sociedad civil está inmersa en esta realidad, pero la sociedad civil pretende ser neutral. Pero la neutralidad no es una opción. Hay que buscar la manera de entrelazar a las diversas organizaciones para que sean, insisto, una opción de poder. 

    ¿Cómo maneja las emociones, digamos, la angustia, la impotencia, quizás la rabia, frente a esta incapacidad, frente a esta realidad?

    A uno se le va poniendo la piel gruesa, pero el encuentro con la persona ya es un aliciente, en el sentido de que tienes al otro frente a ti y puedes comunicarte, puedes tener intención para con él y por ahí encuentras una forma de drenar la rabia, la impotencia. Por otro lado, ir creando canales de diálogo con algunos políticos que quisieran escuchar esta realidad, esta palabra. Vas creando puentes de comunicación que permitan ver si esta semillita prende en alguien. Si llama la atención de alguien que pueda meterse en el entramado popular.

    Ha hecho mención a la identidad, ¿identidad con qué conceptos?

    Estoy hablando de una identidad cultural, familiar. Es una identidad matricentrada, fuerte, que le ha permitido a los venezolanos, por siglos, mantenerse vivos. La identidad está basada, precisamente, en la convivencia, en la solidaridad, en la fuerza de articulación que tiene la madre para poder resolver los problemas. Sobre la base (de esa identidad) se va generando el entramado comunitario. Pero hoy nos enfrentamos a una realidad hostil, porque ese entramado lo intenta colonizar el Estado comunal. Sin embargo, la colonización que uno ve es muy precaria, muy metida en sus propios núcleos institucionales, sin permear las maneras espontáneas de la organización comunitaria. El sentido de vecindad, por ejemplo, muy arraigado en el venezolano popular, va creando mecanismos de resistencia. Entonces, es una identidad basada en la cercanía, precisamente, en la vecindad. Eso, evidentemente, tenía una línea que lo atravesaba, que era la democracia. El venezolano no puede asumir su identidad sino a partir de la democracia. ¿Qué ocurre? La comunidad se repliega, llega el Estado comunal, trata de colonizar con las organizaciones que tiene, ¿pero qué tiene? Nomenclaturas y organizaciones que a veces se reducen a una sola persona. Pero el grueso de la comunidad no los está apoyando. El mecanismo que está funcionando es que la gente se está replegando en lo que históricamente he venido haciendo. Y resuelve los problemas del modo en que lo sabe hacer. Y ese hacerlo es, precisamente, identidad, es cultura y una manera autónoma de organizarse. 

    Sin poder no se puede cambiar la realidad. Es tan sencillo como eso.  

    El poder lo da la organización política, de ahí la demanda a los líderes políticos. Que sean capaces. Que se espabilen. Que dejen de mirarse el ombligo. De mirar sus propios partidos. Sus propias estructuras. La vida es mucho más que eso. La realidad los puede poner en un escenario distinto, aunque no lo haya previsto. Las negociaciones en México, por ejemplo, son una arista de la solución, pero ellos lo toman como la solución absoluta. Piensan la realidad, una y otra vez, en términos absolutos. No son capaces de ver otra cosa. Ese es el gran problema. ¿Qué puede surgir? No lo sé. En un escenario como el que estamos viviendo, de tanta incertidumbre, puede surgir cualquier cosa. Si el que está llamado, en términos de la política, a orientar la lucha por el poder, no lo hace, cualquier cosa puede pasar. Eso crea más angustia que ver el hambre o a la gente sufriendo. Diría que es comparable. ¿En qué sentido? Te enfrentas a los políticos como te enfrentas a una pared. No logran articularse entre ellos y menos a una realidad que les puede ser totalmente ajena. Es tremendo, ¿no?

    Sí, porque estamos visualizando un camino mucho más largo. Y, mientras no haya esa conexión, mientras no se establezca esa relación, mientras los políticos no tengan voluntad de poder, pues no habrá una respuesta como la que usted está prefigurando. La gente se cansa y, por esa vía, el sistema político que tenemos termina de consolidarse. Eso ha ocurrido en otros países, en otras sociedades, y no podemos descartar que ocurra en Venezuela.

    No lo veo así, yo creo que, desde hace dos o tres años, este sistema está muy débil, porque las estructuras que está implementando no logran encajar. No encajan. Pero así mismo diría que el Estado comunal está bien pensado y tiene una estructura que está buscando la cohesión, entre otras cosas, porque el país se ha ido fragmentando producto de la delincuencia. Pero el diseño no puede dar por hecho que el grueso de la población lo acepte. Todo lo contrario. Está en contra. El mapa geopolítico (la guerra en Ucrania), por ejemplo, le adiciona debilidad. Pero el gran problema es que la clase política no se quiere dar cuenta ni se quiere enterar. Dejarlo de manos de la población, a la intemperie, a la indeterminación, supone que surja otro liderazgo, pero eso no va a ocurrir mañana ni dentro de dos años.  

    *Directora del Centro de Investigaciones Populares. Dra. en Ciencias Sociales. Profesora invitada al doctorado en Ciencias Políticas (UCV). Profesora titular en la Escuela de Trabajo Social (UCV). Articulista y autora de varios libros sobre familia, cultura popular y violencia delincuencial. 

    Fuente: Mirla Pérez: “La neutralidad no es una opción, hay que construir una estructura de poder” – Prodavinci

  • Hello world!

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  • “Bajo protesta” o la relatividad del mal

    «Con este rostro me quedo, con la persona que lucha, sin estar pendiente de figurar sino de reclamar lo que por derecho le pertenece».

    “Bajo protesta” o la relatividad del mal

    En el contexto de las protestas de maestros y profesores universitarios, donde se ha visto organización, una sola voz, y la fuerza de la razón que “sin resignación y con la consciencia de estar luchando por la justicia laboral en un país donde no hay garantía de derechos de ningún tipo (…) un Estado fallido que va contra el trabajador, ha anulado las garantías que favorezcan la vida y la justicia. Contra eso se protesta y se exige honrar los compromisos laborales”. Mientras, “los sistemas totalitarios se amarran a sus eslóganes y clichés”.

    Estamos frente a un régimen que se sostiene sobre los hombros de unos funcionarios apegados a su estructura. La mentira es la sangre que circula por sus venas, la simplicidad de la insignificancia y lo banal cruza la existencia de quienes refrenda y sostienen el mal. Se trata de un sistema, no de sujetos aislados. Hay que asegurar su perpetuidad, los que han creído y se han comprometido sin grandes convencimientos ideológicos, sin tener, siquiera, una justificación frente al mal o por el mal, simplemente reproducen las bases del sistema que están hechas sobre las prácticas que producen muerte y eliminan personas.

    Viene a mi memoria el juicio a Adolf Eichmann, y Hannah Arendt lo dijo de un modo muy claro: “No había signo en él de firmes convicciones ideológicas o de motivos específicos de maldad, y la única característica notable que uno podría detectar en su comportamiento pasado, así como también en su comportamiento a lo largo del examen policial y de la preparación de dicho examen, era algo enteramente negativo: no era estupidez sino falta de pensamiento”. La superficialidad más absoluta, la vacuidad, la banalidad no solo argumentativa sino del pensamiento mismo.

    Este es el resumen de la existencia de cualquier funcionario al servicio de los sistemas totalitarios. Pero la tragedia no se detiene ahí, porque dentro de todo sería lo esperable. Un sistema que necesita de sujetos que aseguren su perpetuidad, el hombre nuevo, hecho a su imagen y semejanza. Esta es una de las caras de la moneda.

    “Estamos en tiempos de lucha constante con estrategias útiles que tengan sentido para enfrentar sistemas no democráticos”

    La otra cara, es la que se produce desde la acción misma de un funcionario que “sin ser del régimen” actúa bajo su sombra y determinación. Un ejemplo, entre muchos, es la universidad y quienes mandan en ella. En días pasados leímos en un comunicado oficial del vicerrector administrativo encargado, la siguiente instrucción: “Informa a la comunidad universitaria de la UCV, que durante el día de hoy remitiré a MPPEU la nómina de 10 días del bono vacacional…” seguido del slogan o cliché “bajo protesta…”.

    Los que mandan en la Universidad Central de Venezuela (UCV) o las llamadas “autoridades” se dan el permiso de ir contra los derechos laborales y argumentan hacerlo “bajo protesta”, ¿se puede matar “bajo protesta”?, ¿alguien puede ir contra otro y justificar la acción denigrante argumentando que fue obligado y lo hizo “bajo protesta”?, ¿a quién justifica el “bajo protesta”?

    “Bajo protesta” es el recurso utilizado, por quienes tienen el poder sea del régimen o sea de quienes actúan bajo su sombra. Los que mandan en la UCV tienen más de 14 años haciéndolo, quienes dominan el país pasan de 20 años, ambos parecen alimentarse del mismo humus. “Bajo protesta” es el recurso utilizado por el poder decadente, que agoniza. Una afirmación desafortunada porque no puede justificar la violación flagrante de los Derechos Humanos. Puede, sí, ser la excusa para hacer el mal. “Bajo protesta” se puede matar, llegar a extremos contra la humanidad y pretender justificarlo.

    Los funcionarios y su poder se justifican a sí mismos, no se deben a una comunidad, no se sienten interpelados por ella, ni procuran su protección, en Eichmann, funcionario del régimen nazi, lo vemos claro y nuevamente Arendt lo coloca para nuestra consideración: “No fue atormentado por problemas de conciencia. Sus pensamientos quedaron totalmente absorbidos por la formidable tarea de organización y administración que tenía que desarrollar”.

    “El protagonismo es comunitario, sin cliché, pero amarrado a la enorme posibilidad de lucha que tiene el venezolano”

    En este escenario, nada sorprende, las narrativas básicas, elementales, banales, superfluas, se valen del eslogan que le justifique. En el juicio que nos ocupa, Arendt, lo presenta de modo enfático: “Himmler ideaba eslóganes, como el famoso lema de las SS, tomado de un discurso de Hitler dirigido a estas tropas especiales, en 1931, «Mi honor es mi lealtad» -frases pegadizas a las que Eichmann llamaba «palabras aladas», y los jueces de Jerusalén denominaban «banalidades»-, y los difundía, tal como Eichmann recordaba, a finales de año, seguramente acompañadas de una gratificación de Navidad. Eichmann únicamente recordaba uno de estos eslóganes, y lo repetía constantemente: «Estas son batallas que las futuras generaciones no tendrán que librar». Se refería a las batallas contra las mujeres, los niños, los viejos y las bocas improductivas. ”Estas son la muerte que Eichmann produciría y que, además, habría que agradecerle. El mal fatuo en pleno ejercicio que se justifica por sí mismo.

    “Todo el poder para los CLAP”, “no volverán”, “patria, socialismo o muerte”, son algunos de los eslóganes en los que se funda la propaganda socialista; pero, del otro lado, hay también frases que justifican la evasión y la no confrontación: “bajo protesta” es uno de ellos, se acepta lo inaceptable y, encima, hay que agradecerles.

    Ahora bien, este otro lado no es homogéneo y es imposible que lo sea, la diversidad nos constituye, de modo que el “bajo protesta” que se pronuncia en connivencia con el poder establecido tiene una acera enfrente, totalmente opuesta y distinta. En los días transcurridos se han producido inusitadamente protestas reales, sin aceptación, esas que se dan porque no estamos conformes, porque no nos resignamos a vivir bajo el dominio y la tiranía del sistema que nos somete al mal vivir, a la violación sistemática de nuestros derechos humanos, laborales y con salarios de miseria.

    Los maestros y profesores universitarios hemos sido protagonistas de la rebeldía, de la insumisión, seguimos en la lucha sin resignación y con la consciencia de estar luchando por la justicia laboral en un país donde no hay garantía de derechos de ningún tipo. No actuamos bajo protesta (expresión acomodaticia), estamos en protesta, luchamos, exigimos sin resignación en la búsqueda de sobreponernos a la sobrevivencia.

    “El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ha registrado en el primer semestre del año 2022 la cantidad de 3.892 protestas que correspondieron a 22 protestas diarias”

    La protesta en la educación es ya política, no hay que politizarla, la defensa de los derechos lo es, el agente violador es el Estado. Un Estado fallido que va contra el trabajador, ha anulado las garantías que favorezcan la vida y la justicia. Contra eso se protesta y se exige honrar los compromisos laborales.

    Venezuela no ha dejado de protestar, todos los días nos llegan noticias de protestas a nivel nacional, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) han registrado en el primer semestre del año 2022 la cantidad de 3.892 protestas que correspondieron a 22 protestas diarias.

    En un país donde no hay garantías de derechos ni libertad de asociación, que se produzca una cantidad de protestas como la registrada nos lleva a reconocer la enorme valentía de este pueblo. Se protesta, se exige, no se hace lo que el sistema manda “bajo protesta”, se lucha para que las cosas cambien, para que haya justicia laboral y se garantice la vida.

    Volviendo a la protesta de los maestros y profesores universitarios, es necesario zafarnos de enfoques convencionales, de focos inútiles que reafirman al gremio e invisibilizan al agremiado. La base de la lucha es el profesor de a pie, la maestra que reconoce que vive de milagro porque tiene un hijo que envía la remesa mínima que puede desde el exterior, pero ella con dignidad sale a la calle a protestar con valentía. Con este rostro me quedo, con la persona que lucha, sin estar pendiente de figurar sino de reclamar lo que por derecho le pertenece. Tal vez, solo tal vez, si los gremios y los políticos vieran esos rostros marcados por la valía y el sufrimiento, acompañarían movimientos de protestas menos efectistas y más efectivos en el cumplimiento de los objetivos, teniendo en cuenta que estamos en una dictadura y no en democracia.

    Estamos en tiempos de lucha constante con estrategias útiles que tengan sentido para enfrentar sistemas no democráticos, donde el protagonismo es comunitario, sin cliché, pero amarrado a la enorme posibilidad de lucha que tiene el venezolano.

    Los sistemas totalitarios se amarran a sus eslóganes y clichés, pero puede ser que estos se produzcan en el marco de su propio entierro, como le ocurrió a Eichmann: “Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! Nunca las olvidaré». Incluso ante la muerte, Eichmann encontró el cliché propio de la oratoria fúnebre. En el patíbulo, su memoria le jugó una última mala pasada; Eichmann se sintió «estimulado», y olvidó que se trataba de su propio entierro”.

    Fuente: La Gran Aldea

  • Memoria de la libertad, punto de conexión entre pasado y futuro

    “Solo el poder importa y se ejerce desde el sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro”.

    Memoria de la libertad, punto de conexión entre pasado y futuro

    “El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad”. La autora pone en contexto lo que ha significado estos años de “revolución” para los venezolanos. La inseguridad en todos los ámbitos que condiciona la vida de la gente para “mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho”. Mientras, para la mayoría de los venezolanos “la memoria democrática se identifica con la autonomía y la libertad, como práctica que hizo cultura, y que sigue marcando el acontecimiento popular de la resistencia diaria”.

    Vivir en un sistema de dominación es hacerlo desde la lucha constante, intentar a toda costa evitar ser arropado por las fuerzas que logren anularte o eliminarte como sujeto y como persona. El sometimiento es avasallante, impúdico, abrasivo, no se detiene por su cuenta, el límite no tiene lugar desde su naturaleza. El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad, se vive al modo delincuencial, fuera de toda norma, tal como lo interpretamos en el texto “Y salimos a matar gente” (Moreno, Pérez, et al.)

    “Respeto es, pues, no estar sometido por nadie y ejercer sometimiento sobre los demás. Esto es lo que le seduce y es el lugar social y personal en el que decide instalarse como manera de ejercer su vida. La violencia sin sometimiento a ninguna norma ni a ningún límite es el instrumento esencial, tan esencial que se convierte de alguna manera en parte constitutiva de él mismo…”.

    Este mecanismo propiamente delincuencial es, al mismo tiempo, político, se trata de uno de los modos que tiene el sistema para mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho.

    “Un presente continuo delincuencial no está en el tiempo de la vida; está en el tiempo de la delincuencia. Vive un sentido del tiempo, de su historia, concentrado en el momento presente, sin sucesión, sin períodos de tiempo discreto. Por eso, da la impresión de que va para adelante y para atrás, en que todo es vivido como presente. El momento no tiene relación orgánica con el todo. El antes y el después no importan, importa la fuerza del hecho, del acontecimiento en cuanto tal, la hazaña” (Moreno, Pérez, et al.).

    El tiempo, el poder, la arbitrariedad de la Revolución “bolivariana” comparte el mismo sentido de la temporalidad delincuencial, su fuerza está en el aquí y el ahora, sin pasado ni futuro, solo el acontecimiento actual es lo importante y la hazaña de mantenerse vivos, en pie, sin perder el poder. Solo el poder importa y se ejerce desde el sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro, en esa especie de presente continuo delincuencial. La dominación se ejerce al modo malandro, imponiendo mundo, prácticas y pensamiento o, por lo menos, regulación de conductas que se acoplen al modo revolucionario concebido y proyectado.

    “La cultura es costumbre, es repetición, es practica constante, si se nos impide estar en ese devenir la vida se torna insegura e indeterminada, a eso juegan los regímenes tiránicos, totalitarios, a bloquear toda autonomía”

    Citaré, a continuación, el discurso del propio sistema, propongo que lo veamos a la luz de la indeterminación delincuencial, de modo que podamos ver cómo convergen práctica, vida y discurso: “No somos el ejercicio de una gestión de gobierno. Somos un proceso revolucionario. En ello la transformación del Estado… no es simplemente un problema de “gestión”. Es la reconfiguración popular del Estado, haciendo del gobierno de calle, en sus distintas escalas sistémicas, un proceso constituyente para edificar el nuevo Estado popular, comunal, soberano”. Destaco dos ideas centrales que presenta este documento, plan de la patria 2019-2025, el reconocimiento de estar fuera de toda norma, en un proceso claramente subversivo, en el sentido que se niegan como Gobierno y se identifican como proceso constituyente. Ambas concepciones están fuera de los acuerdos, de la ley y el orden constitucional, lo verdaderamente importante es la fuerza de los hechos que le sostienen en el poder. Un poder fáctico, no consensuado, sostenido en la fuerza y en la determinación de constituir un Estado paralelo que va sustituyendo lentamente el orden establecido. Eso es el Estado comunal (https://www.lagranaldea.com/2021/08/05/estado[1]comunal-un-diseno-totalitario/).

    Al igual que la forma-de-vida delincuencial, este sistema se sostiene en una lógica. Su lógica disruptiva del orden y la norma, del derecho y las garantías. De modo que nos es muy útil echar mano de esta noción que nos ayudará a comprender la naturaleza del proyecto al que nos enfrentamos o, mejor, el que ejerce dominio sobre nosotros, así pues, lo cito en extenso:

    “La forma-de-vida, por tanto, constituye una totalidad práxica, vivencial, conceptual, incluso semántica en cuanto que es una manera de dar significado al mundo que viven los sujetos, un modo de existencia, un estilo vital, un sistema concreto de condiciones de vida, una forma de interactuar en la sociedad, una manera de hacer, una actualidad y posibilidad de ser, el discurrir de un proceso en el tiempo. No es un accidente en una vida sino una estructura que forma totalmente una vida. Hemos encontrado, pues, que la violencia delincuencial no es un conjunto inarmónico ni una sucesión inconexa de conductas y acciones sino toda una forma-de-vida que se desarrolla y se despliega en el tiempo como historia, como la historia-de-vida de los delincuentes violentos” (Moreno, Pérez, et al.).

    Se trata de un grupo cerrado ejerciendo dominación sobre la sociedad, notemos que se trata de una totalidad con estructura propia, con poderes internos, con fuerzas que dominan bajo una lógica, práctica, pensamiento, ideología, razón. No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer.

    “Quienes vivimos en este tipo de sistema sabemos que no podemos estar seguros nunca, no hay rutina, los lugares que frecuentamos son efímeros”

    La lógica de la revolución soviética va por ese camino, quiero que resuene la palabra revolución sea soviética, bolivariana o cubana.

    “El poder de los soviets ha actuado como tendrían que haber actuado todas las revoluciones proletarias: ha destrozado claramente la justicia burguesa, instrumento de las clases dominantes. Los soldados y los obreros deben comprender que nadie los ayudará si no se ayudan a sí mismos. Si las masas no se levantan espontáneamente, no llegaremos a nada. (…) ¡A menos que apliquemos el terror a los especuladores -una bala en la cabeza en el momento no llegaremos a nada!”, cita de Lenin hecha por Stephane Courtois en El libro negro del comunismo.

    Un sistema que va contra toda norma, lo que persigue es la destrucción, consecuente con la idea revolucionaria y, al mismo tiempo, delincuencial. Toda referencia organizacional, institucional, cultural debe dar paso al nuevo hombre, a la nueva clase, a la nueva estructura. Quienes vivimos en este tipo de sistema sabemos que no podemos estar seguros nunca, no hay rutina, los lugares que frecuentamos son efímeros, los productos que compramos pueden escasear, los lugares donde los compramos pueden desaparecer, quiebras y rotación de negocios con gran facilidad porque estamos en medio de una economía inestable.

    La cultura es costumbre, es repetición, es practica constante, si se nos impide estar en ese devenir la vida se torna insegura e indeterminada, a eso juegan los regímenes tiránicos, totalitarios, a bloquear toda autonomía.

    Saliendo de la revolución nos centramos en la cultura raíz de la memoria

    Hace algún tiempo, en el 2009, ya Hugo Chávez tenía varios años en el poder, tomé la historia de estas dos personas, Andrés Pérez, quien nació el año 1928 (todavía vive) y a Mario Pérez que nació el año 1936 (ya murió); por separado ambos contaron su historia, hoy citaré un fragmento de cada historia que nos permite reencontrarnos con la memoria y la historia de quienes han vivido este país desde lo ordinario y lo común de la cultura.

    “… yo nací en 1928 vengo desde Gómez, ¿no? Y desde Gómez para acá, he transitao… he visto transitar, este… uno, dos, tres, cuatro… diez gobiernos más o menos. Bueno…, comenzando por Gómez, un desastre ¿no? Después te vino López Contreras, ahí fue donde comenzó la democracia ¿no?, la democracia ¿no?; por eso es que yo digo: estoy en la democracia, porque yo no he dicho nunca  Chávez Frías, pero… un embustero pues, para mí es un embustero porque no cumple lo que dice, él tiene ocho años mandando ¿qué le falta a él para igualar a Pérez Jiménez? Te pregunto yo” (Andrés Pérez).

    Ya en tiempo de Chávez, este señor supo diferenciar entre la democracia y la mentira del autócrata, lo hizo a partir de lo vivido. Andrés no estudió, apenas sabe leer, pero ha vivido una larga historia en la que se ha producido, también, una consistente memoria. La memoria, las convicciones, prácticas y creencias fueron el punto de partida del juicio y la valoración del pasado y el presente.

    “Los productos que compramos pueden escasear, los lugares donde los compramos pueden desaparecer, quiebras y rotación de negocios con gran facilidad porque estamos en medio de una economía inestable”

    Situados en la memoria precisemos unos años después de Eleazar López Contreras, con Rómulo Betancourt, tal como lo dice Mario Pérez, quien con precisión ubica el acontecimiento, pasadas ya varias décadas:

    “Cerró la campaña de Betancourt y fundaron el partido, el PDN ¿no? Que después se llamó Acción Democrática y yo recuerdo que… yo leí unos libros que le daban a uno, o sea, de lo que era la tesis del PDN, Acción Democrática, que era una bella, esto… una bella… mejor dicho, una filosofía muy bonita, los llamaban el partido de los alpargatúos, o sea, el partido del pueblo, el partido de los alpargatúos, el partido de los coticeros, eso era lo que se decía cuando Betancourt… y a mí no se me olvida eso ¿no? Que uno tenía centrao la atención en Betancourt, a… a…, claro, haber tumbao una dictadura porque Acción Democrática contribuyó con eso…”.

    Dos interpretaciones del mundo, el venezolano popular siempre ha estado centrado en la interpretación de su mundo, los acontecimientos políticos y sus significados han sido siempre interpretados por las comunidades y su gente, una impronta que las élites, al parecer, no se han dado por enteradas porque los prejuicios han tenido más valor que las múltiples prácticas y comprensión de los que no tienen poder.

    “No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer”

    Destaco la importancia de la memoria, pasado, y las posibilidades de proyectar el futuro. ¿Qué hay en el pasado?, ¿dónde se ancla la memoria de nuestras comunidades? En las prácticas de la democracia, en el liderazgo que con éxito o sin él, produjo vías de comunicación. La memoria democrática se identifica con la autonomía y la libertad, como práctica que hizo cultura, y que sigue marcando el acontecimiento popular de la resistencia diaria. En un estudio reciente hemos encontrado que el 94% de la población prefiere resolver la alimentación por su cuenta, de modo autónomo, sin depender de los CLAP.

    Esto lo hemos encontrado en un nuevo estudio que elaboramos en el Centro de Investigaciones Populares a nivel nacional, en el marco de un Observatorio de las Dinámicas Socio-comunitarias que pondremos a la disposición de la opinión pública, organizaciones comunitarias, ONG, etc. La cifra es muy alentadora, a pesar de la propaganda y de los distintos mecanismos de dominación; nuestra gente, nuestras “No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer”  comunidades, siguen centradas en la libre determinación y en la autonomía que les permite el desarrollo de la vida a partir de sus propias condiciones y no bajo la dependencia. El futuro podrá ser escrito porque tenemos memoria.

    Fuente: La Gran Aldea El futuro puede ser escrito en dictadura si el pueblo conserva su memoria histórica – La Gran Aldea

  • Reconexión o debilidad, signos de un sistema que no logra obediencia

    «En el fondo late la culpabilidad popular tanto de la desconexión socialista como de la imposibilidad de un proyecto de liberación».

    Reconexión o debilidad, signos de un sistema que no logra obediencia

    “La élite socialista amarrada al sistema de opresión que domina y la élite opositora acomodada que cohabita”. La autora pone en contexto, con referentes ineludibles, la raíz del por qué después de 23 años de chavismo Venezuela continúa sumida en una desconexión entre la realidad de la gente y la realidad política. Y sentencia: “El chavismo no tiene gente comprometida, no tiene militantes, no tiene aliados al proyecto. Tiene funcionarios pagados, estructuras comunales vacías con cuadros utilitarios, su proyecto discurre en la coacción, en el dominio, en el sometimiento, más no en la política”. Y cierra con esta cita: “No se puede liderar lo que se desprecia”.

    Vivir en Venezuela es hacerlo desde la inquietud de no saber cuándo llegaremos al fondo. Resuena en mí aquella sentencia aguda, sincera y pronunciada desde una razón que busca la comprensión a detalle: Venezuela “un país sin élite”. Una afirmación, sin la dubitación de la pregunta, se instala en la verdad del acontecimiento. Ramón Piñango, en aquel lejano 1996, escribió un agudo, claro y desafiante artículo que nos recuerda que parte de la salida a la luz cuando se está en un tiempo de oscuridad es reconocernos en  nuestras responsabilidades, aquellas que no hemos sido capaces de honrar.

    La afirmación de Piñango resuena en mí como pregunta, Venezuela ¿”un país sin élite”? Me cuestiono porque no puedo creer que 26 años después esta afirmación esté vigente e increíblemente me doy cuenta de que no solo está vigente, sino que contiene parte de la explicación de lo que nos ha ocurrido como país. “Un país sin élite”, es un artículo capaz de ubicar un problema y proyectar sus consecuencias. No fue una afirmación retórica, fue un enunciado profético. Ramón comprendió el momento, el hombre y las circunstancias. Comprender en el sentido de Hans-Georg Gadamer, “llegar al punto en el que la vida piensa y el pensamiento vive”, de modo que cito en extenso el final de este interesante artículo:

    Si los privilegiados del país aceptamos asumir la responsabilidad de ser élite, tenemos que cambiar la manera como nos relacionamos con el resto de la población. No podemos seguir acusando a los pobres de ser unos infelices hijos del rentismo que desprecian el trabajo y cuya cultura no les permite participar con éxito en el juego de la competitividad. Sin una actitud de respeto y aprecio hacia los habitantes del país, no es posible ejercer una función de liderazgo legítima. Es desafortunado que hayamos llegado a la difícil situación de estos días, sin privilegiados que vean más allá de sus privilegios y se comporten como una élite”.

    Leer este artículo de Ramón, es hacerlo teniendo en el frente un grupo con rostro. Se trata de una interpretación desde dentro, desde la pertenencia, y eso tiene mucho valor. Solo desde la implicación podemos llegar a una comprensión real y situada, nos acerca a la noción de pluralidad y distinción. Elite y pueblo, dos vocablos marcados por la superioridad-inferioridad.

    “Esta desconexión nos ubica en un sistema débil, en cuanto a la credibilidad, obediencia o compromiso de la gente, se trata de un proyecto que camina solo con el poder de la coacción”

    El infortunio denunciado por nuestro autor tiene dos grandes problemas teniendo como sujeto a las élites: el desprecio al pueblo y no poder ver más allá de los privilegios que tienen como clase. Mirarse a sí mismos y al mismo tiempo estar imposibilitados de ver al otro. ¿La misma desafortunada situación que rompe la brecha temporal de 26 años? Las élites de ayer conservan el mismo hábito del desprecio, solo que hoy están diversificadas, con proyectos de país distintos, élite socialista amarrada al sistema de opresión que domina y la élite opositora acomodada que cohabita, para ambas el pueblo es un instrumento necesario pero prescindible, manipulable e “infelices hijos del rentismo”.

    En el fondo late la culpabilidad popular tanto de la desconexión socialista como de la imposibilidad de un proyecto de liberación. Para las élites de cualquier signo, nosotros, el pueblo, estamos en medio de lo insoluble. Entretanto, en el mundo popular, seguimos actuando coherentemente, desde nuestra cultura, desde nuestros valores, desde nuestras prácticas. Nos reafirmamos en nuestra identidad, convivencia, relacionalidad que nos constituye y hace, al mismo tiempo, desobedientes e insubordinados. Tenemos una cultura popular fuerte pero muy golpeada, los sistemas totalitarios van contra la fortaleza para hacerla débil, maleable, manipulable, dominable. Es por ello por lo que después de 23 años de socialismo chavista, Nicolás Maduro sea capaz de plantear una cosa tan inútil como el “1×10 del buen gobierno”. ¡Buen gobierno! ¿Gobierno? Este es parte del proyecto electoral y, al mismo tiempo, su propuesta en una alocución reciente.

    El dato es que no hay conexión entre el partido de Gobierno (PSUV) y el pueblo. El chavismo no tiene gente comprometida, no tiene militantes, no tiene aliados al proyecto. Tiene funcionarios pagados, estructuras comunales vacías con cuadros utilitarios, su proyecto discurre en la coacción, en el dominio, en el sometimiento, más no en la política.

    “Tenemos una cultura popular fuerte pero muy golpeada, los sistemas totalitarios van contra la fortaleza para hacerla débil, maleable, manipulable, dominable”

    El discurso oficial se sostiene en seis líneas estratégicas que le dan soporte a la mentira. A la vida en la mentira que es el ámbito de la manipulación para ganar tiempo, ¿hay algún signo real que sea la comprobación del discurso que proclaman? De este modo enumeramos estos principios:

    -La recuperación económica, un discurso que intenta posesionar dentro y fuera del país.

    -Garantizar los planes de desarrollo humano gratificante, palabras sin significado para la gente, ¿qué pueden garantizar después de 23 años de destrucción?

    -Garantizar el derecho al ambiente, a la ciudad y a los servicios públicos, en un país que sobrevive.

    -Promover la participación popular para el buen gobierno, obligando a la gente a formar parte de la nomenclatura del partido sin compromiso ni adhesión por convicción.

    -Defender la soberanía, la paz y afianzar el papel de Venezuela en la geopolítica mundial, se trata de un nacionalismo que no resuena.

    -Apuntalar un nuevo sistema de justicia donde el foco serán los llamados “cuadrantes de paz”, nuevo-viejo mecanismo comunal y miliciano.

    Estas líneas estratégicas nos colocan en la ausencia de novedad y empatía del discurso oficial con la gente. Esta desconexión nos ubica en un sistema débil, en cuanto a la credibilidad, obediencia o compromiso de la gente, se trata de un proyecto que camina solo con el poder de la coacción. No hay democracia, irá a elecciones siempre que tenga la garantía de ganar siendo minoría, por eso no habrá condiciones. La reconexión es solo una excusa para hablar, el desprecio hacia lo popular es tan profundo que ya ni siquiera se plantea con seriedad algunos argumentos, basta ver las seis líneas estratégicas para toparnos con el vacío más absoluto. Ganarán siendo minoría, esa es la gran tragedia.

    “El discurso oficial se sostiene en seis líneas estratégicas que le dan soporte a la mentira. A la vida en la mentira que es el ámbito de la manipulación para ganar tiempo, ¿hay algún signo real que sea la comprobación del discurso que proclaman?”

    La mirada internacional de un terror atenuado es vital para estos regímenes, por eso es fundamental posicionar el discurso según el cual Venezuela mejoró. Stéphane Courtois, en El Libro Negro del Comunismo, tiene un acercamiento muy interesante:

    La historia de los regímenes y de los partidos comunistas, de su política, de sus relaciones con sus sociedades nacionales y con la comunidad internacional, no se resumen en esa dimensión criminal, ni incluso en una dimensión de terror y de represión. En la URSS y en las «democracias populares» después de la muerte de Stalin, en China después de la de Mao, el terror se atenuó, la sociedad comenzó a recuperar su tendencia y la «coexistencia pacífica»; incluso si se trataba de «una continuación de la lucha de clases bajo otras formas» se convirtió en un dato permanente de la vida internacional. No obstante, los archivos y los abundantes testimonios muestran que el terror fue desde sus orígenes una de las dimensiones fundamentales del comunismo moderno”. El terror tiene que ser dosificado.

    Hay que entender muy bien la tensión entre debilidad y dominio. El sistema no es indestructible, puede serlo solo si se comprende a fondo la naturaleza de su agotamiento. Para eso se requiere de una élite opositora capaz de pasar por encima de sus privilegios, connivencia o cohabitación. “Sin una actitud de respeto y aprecio hacia los habitantes del país, no es posible ejercer una función de liderazgo legítima…” tal como lo dijo Piñango y lo sigue diciendo cuando repite hasta el cansancio: “No se puede liderar lo que se desprecia”.

    Fuente: La desconexión entre el chavismo y el pueblo solo se sostiene por estructuras tarifadas y no políticas – La Gran Aldea

     

  • La comunitariedad

    La comunitariedad

    La separación de la familia por la migración forzosa en las comunidades venezolanas deja desprotegidos a muchos que se quedan en condiciones de vulnerabilidad, la familia como el primer lugar de resguardo y protección queda desprovista de jóvenes y madres. La madre es el centro de la familia, el sentido vital, el nudo del vínculo afectivo y sostén del hogar. Por lo tanto, la familia se abre a la comunitariedad: “Y gracias a Dios, allí el tiempo que tenemos nos hemos hecho como una familia”.

     

    La comunitariedad se va viviendo desde lo familiar, la solidaridad y el reconocimiento del más necesitado entre ellos, el vecino se asume para poder permanecer vivo: “Nos ayudamos mutuamente. O… ¿qué vas a hacer vos?, o… ¨¿qué voy a hacer yo?, y nos compartimos… porque ¡ajá!, ¿con quién vives el día a día y todo el día? Si a ti te pasa algo, ¿quién te puede ayudar? Un vecino, porque mientras que llegan los familiares ya, o te consiguen muerto o…”

     

    La relación de vecino se establece, ya no como relación del próximo, sino como relación que es capaz de sostener la vida, el velar por la vida del otro, lo poco se comparte. La comunitariedad pone en las comunidades constantemente la experiencia del sancocho como cotidianidad. En la tradición popular el sancocho es el alimento en el que todos participan con lo que tienen en sus hogares, pero no solo alimenta, reúne y une a todos, la solidaridad se vuelve fraternidad.

  • Pensar la comunidad desde la trama

    Pensar la comunidad desde la trama

    Alejandro Moreno en su obra: El aro y la trama, sienta las bases para comprender el mundo-de-vida popular desde la trama que se produce en la práctica del vivir, en este caso, del vivir en comunidad.

    La vida comunitaria es entramado y convivencia. El entramado de las prácticas del vivir es el interés del Observatorio de Dinámicas Comunitarias, porque en las tramas se puede comprender el sentido y significado de la experiencia hecha voz, narrada en su acontecer más original.

    La investigación cualitativa a partir de la historia-de-vida nos coloca en el reconocimiento de la dignidad y humanidad del que comparte su vida a través de la palabra. La trama, entendida como esos hilos (prácticas) que se cruzan unos entre otros hasta formar el tejido de lo social y la cultura, se van develando en la narrativa viva de las personas. El dato cuantificable no es el objeto de la investigación sino la práctica que se vuelve entramado y que se vuelve modo de vivir de grupos dentro de la comunidad o de la comunidad misma.

    Entender las dinámicas que se producen en las comunidades venezolanas es acercarse a las tramas que la constituyen como acontecimiento, realidad y modos-de-vida en un contexto histórico. En este sentido, las tramas se cruzan: las externas a la comunidad y las que se originan en ella. La trama popular se va distinguiendo por dos prácticas fundamentales: la convivialidad y la solidaridad; en cambio, la trama totalitaria se funda en la práctica de la dominación y la delincuencial.

    La invitación es a pensar la trama de la comunidad como entramado de prácticas del vivir y habitar el mundo del venezolano, sus rupturas, sus permanencias, su resistencia a desaparecer como cultura y mundo-de-vida.

  • La solidaridad comunitaria en época de pandemia

    La solidaridad comunitaria en época de pandemia

    Los efectos de la pandemia en la población venezolana en el contexto de emergencia humanitaria compleja, sin duda, agravó las condiciones de vida de todos los habitantes, en especial, de aquellos que viven en las zonas populares.

    Los testimonios van describiendo la situación como un abismo, un desastre que acortó las esperanzas ante la lucha diaria de sobrevivencia: “La pandemia nos puso a todos con la cabeza pa’ abajo”.


    Las pocas fuentes de trabajo escasamente remuneradas para sostener la vida fueron cerrando sus puertas o reduciendo el personal: “En mayo nos sacaron a todos de la empresa, a todos nos sacaron, ahí vino los cambios, porque ya el pago no era igual, ya la cosa tenía que estar la gente buscando la manera de resguardarse porque ya la cosa estaba más…. Se estaba intensificando más todo esto”.

    Por otro lado, el sistema de salud en constante colapso o inexistente en muchas regiones, trajo el reto más duro: sobrevivir sin medicamentos a un virus mundialmente con cifras altas de fallecimientos por covid-19. La vida va quedando en manos de la fe y la suerte: “Pero, entonces, en ese entonces, lo tenían ahí, el niño no podía ya ni respirar, y ni siquiera le hicieron la prueba, ni siquiera le tomaron nada, todo el tiempo que perdieron allí porque no había atención, todo estaba ocupado…”

    La superación de la pandemia para las comunidades no se vislumbra o piensa en la acción del gobierno, se acude a lo que hasta ahora les ha permitido seguir viviendo: la comunitariedad, las relaciones vecinales solidarias: “Ellos han… o sea, vecinos se ayudan con otros vecinos, pa’ poder salir adelante”, “No podemos enfrentar la pandemia solos, necesitamos de otros.”

    Es la solidaridad que constituye la vida de la comunidad la que deja el temor de contagiarse de lado y asume la vida del otro a su cuidado, los porque los recursos y medicamentos para la atención de la gravedad de la enfermedad se convierte en un trabajo de todos: “Yo no puedo trabajar… aparte de eso, mi profesión es en los hospitales, en las cuestiones, y por problemas del covid, yo tuve covid al principio de la pandemia, nosotros no supimos que era un medicamento, solamente que si toronjil, que si acetaminofén en ramas y esas cosas, y así, a mí me dio más fuerte que mi esposo, me estaba asfixiando y todo, y con eso fue que nos levantamos nosotros, con las ramas, y un vecino que otro: ─aquí tenéis una aspirina, un acetaminofén.”

    La posibilidades de mantenerse vivo no se produce en la capacidad de la individualidad, sino en la trama de la convivencia, en la relación afectiva que asume al otro fraternamente, es decir, lo hace familia.

  • La lógica totalitaria, bajo el terror y la narrativa de progreso

    El régimen está claro, todo lo demás puede ser negociado menos el poder. La autora va y viene en la historia con ejemplos desgarradores mientras desnuda la situación país. Confronta la realidad de los más vulnerables frente al contraste de prosperidad; visto en estos días con la devolución del Sambil La Candelaria y los bodegones que mantienen la fantasía de mejora económica. “El proyecto se ejecuta desde el terror y coqueteando con el ‘progreso’ que no implica ni libertad ni democracia”.

    Momentos para descifrar. Es importante no dejarnos sorprender por las circunstancias ni los eventos, aunque sean avasallantes. La propaganda del régimen chavista, en los últimos días, ha estado centrada en un discurso de progreso según el cual Venezuela “se arregló”. ¿Qué significa tal afirmación?, ¿en qué consiste el arreglo?, ¿se puede mencionar como “arreglo” el hecho de bancarizar los dólares que circulan en el mercado nacional?

    No olvidemos que el proyecto será siempre la consolidación del Estado comunal como expresión organizativa de la revolución, como lo dicen clara y continuamente: “Se trata de un proceso de construcción de hegemonía cultural para la superación de la sociedad capitalista”, fragmento tomado del proyecto de Ley de Universidades y que se repite en cualquier documento oficial. El proyecto está claro, todo lo demás puede ser negociado menos el poder. Como país vivimos una debacle en todas las materias desde las institucionales, económicas, pasando por la violación sistemática de los derechos y la libertad, ¿cómo se repara eso?, ¿puede haber una reparación gradual que no ponga en peligro el poder ni el proyecto?

    A eso apuestan. Estamos frente a una torpe bancarización del dólar, instrumentalizada a través de una cuenta custodia, bajos las normas del régimen, sin dar curso legal a las dos monedas: bolívares y dólares. Crearon un mecanismo de depósito que se alimenta del efectivo que se produce en el país cuyo origen es indeterminado, pueden ser negocios lícitos e ilícitos.

    “Los pueblos son más grandes que sus tragedias, entre más oprimidos mayor resiliencia, si no veamos la historia de Ucrania en el siglo XX”

    El concepto de propiedad privada no existe, el banco es receptor de los dólares, pero no garantiza al depositante su propiedad. El banco dejó de ser una entidad financiera y se convirtió en una institución que resguarda; no es más que una caja chica. ¿Esta bancarización del dólar se puede llamar apertura económica?, ¿el aumento del salario mínimo a 40 dólares mensuales se puede llamar progreso?, ¿devolver un edificio como el Sambil La Candelaria destruido en medio de una economía sin liquidez se puede llamar libertad de inversión?, ¿bodegones que nacen pero que no logran mantenerse son muestras de mejoría?

    ¿De qué apertura se trata?, ¿es algo como el Holodomor ucraniano, exterminio por diseño, que pudo ser escondido gracias a la hábil propaganda del socialismo soviético? Murieron más de 7 millones de personas en un año, pero el mundo no se enteró, solo los que sobrevivieron o fueron parte de la tragedia. La mentira hacia afuera, la verdad de la muerte hacia dentro.

    En este sentido “el Holodomor fue silenciado en muchos países gracias al eficiente aparato de propaganda del Komintern (Internacional Comunista), que logró desviar la atención del problema y vender una buena imagen de la URSS a nivel internacional. El antiguo primer ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia y los campesinos parecían felices. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: ‘¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!’”. Lo leemos en un fragmento de la historia del Holodomor en National Geographic.

    Toda comparación es chocante, por tanto, no comparo, tomo referencias históricas similares y las de hoy en Venezuela son cercanas a las de los oscuros años ‘30 stalinistas, en la URSS, que constituye uno de los momentos de la consolidación del sistema. Por diseño se exterminó la población, pero en el discurso y en la propaganda para el mundo fue el momento del progreso soviético. El hambre y el trabajo forzoso fueron, también, estrategias de sometimiento.

    Más de dos millones de campesinos deportados, de los cuales un millón ochocientos mil lo fue en 1930-1931, seis millones de muertos a causa del hambre, centenares de miles de muertos en la deportación: estas cifras dan la medida de la tragedia humana que fue ese gran «asalto» contra el campesinado. Lejos de reducirse al invierno de 1929-1930, esta guerra duró al menos hasta mediados los años treinta, culminando en el curso de los años 1932-1933, marcados por una terrible hambre deliberadamente provocada por las autoridades para quebrantar la resistencia del campesinado. La violencia ejercida contra los campesinos permitió experimentar métodos aplicados a continuación a otros grupos sociales. En este sentido, constituye una etapa decisiva en el desarrollo del terror stalinista”. Stéphane Courtois, 1997.

    Exportaron cereales cultivados con la sangre del pueblo. En este sentido, interesa que nos quedemos con la noción del hambre como mecanismos de coacción, dominación y quiebre de la voluntad. El dato más duro en la Venezuela de hoy es el desplazamiento forzoso de cerca de siete millones de venezolanos. Un enorme destierro, más grande que el soviético, en ese período histórico, el exterminio masivo se lo ahorró el chavismo con la deportación y las muertes asociadas a ellas.

    “La ‘rectificación’ solo es posible mientras el poder no se ponga en peligro”

    Pero antes de la consolidación del sistema, el proyecto estaba claro, mantenerse en el poder a partir del terror de masa. La troika dictatorial era clara, ¿cuántos muertos hemos tenido en Venezuela?, ¿será que cuentan tanto lo de las protestas como los muertos en reclusión y los exterminios que hemos tenido en los barrios y los ajusticiamientos por razones políticas o simplemente arbitrarias e injustas?

    Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial, implantar el terror de masas, fusilar o deportar… Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente vea, tiemble, sepa y se diga: matan y continuarán matando a los kulaks sedientos de sangre. Telegrafiad que habéis recibido y ejecutado esas instrucciones. Vuestro, Lenin”. Stéphane Courtois, 1997.

    La carta “afectuosa” de Lenin al comité del soviet. La guerra, el terror, el exterminio aderezado de “progreso” son las grandes contribuciones de Lenin y Stalin, quienes no fueron errores ni se equivocaron en la implementación del proyecto. El proyecto se ejecuta desde el terror y coqueteando con el “progreso” que no implica ni libertad ni democracia. Para que el socialismo se consolide tiene que escalar el dominio. Del totalitarismo no surgen sociedades idiotas ni dañadas sino dominadas, deportadas, doblegadas en su voluntad. Sociedades con una enorme impotencia, dolor y rabia, lo más lejos de la sumisión. El problema es que esto no lo han sabido interpretar la clase política, porque es más fácil culpar a la víctima.

    Los soviéticos lo tuvieron muy claro, también lo tienen muy claro los que dominan el aquí y el ahora venezolano. Saben que pueden manipular. Saben que diciendo la verdad los otros (parte de la oposición) piensan que mienten o creen que pueden rectificar. La “rectificación” solo es posible mientras el poder no se ponga en peligro.

    “Del totalitarismo no surgen sociedades idiotas ni dañadas sino dominadas, deportadas, doblegadas en su voluntad”

    De modo que estamos en medio de una doble jugada: dulces para la oposición, para los empresarios, para las universidades, para los trabajadores y purga en las filas del poder, Lenin lo tuvo siempre muy claro: “… poner fin a toda esta blandura y a este sentimentalismo. Todos los socialistas revolucionarios de derechas deben de ser inmediatamente detenidos. Hay que capturar un número considerable de rehenes entre la burguesía y los oficiales. A la menor resistencia, hay que recurrir a ejecuciones masivas… Ninguna debilidad, ninguna duda puede ser tolerada en la realización del terror de masa”.

    El país está obligado a contraerse, el sistema socialista tiene que achicar a la población por el exterminio o por la deportación-expulsión. ¿Cuántos mató el régimen soviético? Una cifra aproximada nos acerca a 20 millones de muertos sin contar los deportados o sometidos a trabajos forzosos que es otra manera de exterminar.

    Debemos atraer a nuestro lado digamos a 90 de los 100 millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados”. Los aniquilados fueron muchos más, territorios ocupados, deportados, campesinos sometidos al terror rojo, tal como lo declaró el propio Lenin.

    La apertura totalitaria es solo propaganda. Por favor, si insisten en comparar el chavismo con la revolución soviética, háganlo ubicando el momento histórico en la consolidación socialista con Stalin, en la década de los ‘30 y no en los ‘80 con la perestroika. Estamos de entrada, no de salida.

    Los invito a pensar el momento, no estamos de salida y la responsabilidad no es de la víctima. Los pueblos son más grandes que sus tragedias, entre más oprimidos mayor resiliencia, si no veamos la historia de Ucrania en el siglo XX, para irnos al momento corto. La libertad no se gana ni es un regalo, se lucha por ella, se conquista. ¡Momentos decisivos! ¿Tendremos el coraje de reconocer las equivocaciones?

     

    *La publicación original en La Gran Aldea/opinión: ¿En Venezuela el aumento del salario mínimo a 40 dólares mensuales se puede llamar progreso? – La Gran Aldea

  • Todo cambio pasa por descubrir la mentira, la verdad nos hace libres