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  • Yo no nací para que me mande nadie

    Autores:

    Alexander Campo y Mirla Perez

    Carmen tiene 48 años y vive en Caucagüita, en el este de Caracas. De niña soñaba con ser parte de la Fuerza Armada, como su papá. No fue sino hasta hace cinco años cuando encontró en la Milicia Bolivariana una forma de cumplir aquel sueño. En esta historia cuenta parte de lo que se vive en las entrañas de ese componente, tal como solo puede hacerlo quien está ahí dentro.

    ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO

    Desde que era una niña siempre me gustó la carrera militar. Mi papá fue militar y me echaba los cuentos. Él era negro parquero, cuidaba el parque de armas aquí en Caracas. Me gustaba esa vida.

    Quise hacer la prueba académica, pero mi promedio era de 14 puntos, y para entrar a la Academia Militar, en ese entonces, debías tener un promedio de 19 o 20 puntos. Luego no pude por la edad o porque mi familia no tenía los recursos para eso. Cuando inventaron esto de la milicia, casi 30 años después, fue que pude cumplir ese sueño de niña

    Digamos que me llamo Carmen. Tengo 48 años y vivo en Caucagüita, en el municipio Sucre del estado Miranda. Ya tengo cinco años en la milicia. Soy bachiller y nos dijeron que los que somos bachilleres vamos para sargento. Ahora soy cabo primero. Los que son licenciados son los que pueden llegar a tenientes. Si tú eres médico, por ejemplo, y quieres entrar en el Ejército o en cualquier otro componente, entras de teniente de una vez porque eres profesional. Asimilación, así lo llaman. Si yo fuera más joven, podría entrar en la Academia Militar por ser miliciana. Muchachos jóvenes hasta los 30 años, si se inscriben en la milicia y luego quieren irse a la Academia Militar, pueden hacerlo. Los jóvenes tienen ese beneficio y les pagan un sueldo. Y no duermen en el cuartel, sino que se van para sus casas. Sirven parcialmente. Pueden ir hoy, mañana, pasado, o cuando hay una actividad, cuando los llaman. Pero no los obligan. 

    Los tenientes siempre quieren meterse con el cabo, el distinguido o el de la milicia, lo quieren estar jodiendo a uno. Mi papá me contaba que había un teniente que quería estar echándole vaina a cada ratico. Así ha sido siempre.

    Mi papá sirvió como militar, y mi hijo, de 26 años, fue guardia de honor presidencial de Hugo Chávez. Hubiese querido que mis tres hijos, incluso la hembra, fueran militares, pero solo uno tomó ese camino. Y yo ahora, que me dieron la oportunidad de ser miliciana. La milicia pasó a ser el 5to componente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, junto con la Aviación, el Ejército, la Guardia Nacional y la Marina. 

    Hacemos ejercicios, trotamos, nos enseñan karate, defensa personal. Le dedico los sábados nada más, desde las 7:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde. Y hay días que vamos varias veces porque tenemos que hacer guardia. La guardia es de un día para otro en la Comandancia del 23 de enero o puede ser ahí mismo en el cuartel. Tengo tiempo que no hago guardias de esas, porque no me pagan. Eso es trasnocharse por nada. Esta semana, por ejemplo, hubo transmisión de mando de las REDI (Regiones Estratégicas de Defensa Integral) Capital-Central, Occidental, y de Guayana. Ahí estuvimos jueves y viernes, y nos dieron una caja de alimentos el sábado. Con eso nos pagaron: con una caja de comida.

    Otros milicianos están en convenio; esos son los que emplean en las instituciones. La Milicia tiene un componente territorial y otro de combatientes. Los de Corpo-Miranda, Pdvsa, Cantv, que se ponen una franela roja con rayitas, forman parte de eso que llaman Cuerpos Combatientes. Son trabajadores de esas empresas o instituciones, que los preparan como milicianos. Son gente que está obligada a ir a las marchas, porque los buscan en una lista, para irles pagando. Se les paga un incentivo por cada marcha, por cada concentración.

    Como la milicia pasó a ser el 5to componente, van a hacer un hospital para nosotros. Mientras tanto nos atienden en el Hospital Militar Doctor Carlos Arvelo, y en el que está dentro del Fuerte Tiuna. Y vamos a tener un sueldo, porque todavía no tenemos; por ahora la milicia es voluntaria. Pero al pasar a ser el 5to componente de la Fuerza Armada es distinto. Y se irá purificando. Por ejemplo, yo estoy de acuerdo con que saquen al viejito, al cojo, a esos. Pero ellos dicen que están ahí porque son del pueblo. Los que ves sentados por ahí, o vendiendo cepillao, lo que está haciendo es labor de inteligencia. ¿Y quién va a pensar que el cojo, el que vende cepillao, ese inválido, puede estar grabando, viéndote y tiene para defenderse? Desde hace años los están formando para eso, para hacer inteligencia. Porque la milicia no tiene un día, está desde el 2002, o el 2004¹. Antes estaba la Reserva, que ahora es parte de la milicia. Todavía hay reservistas.

    Yo estoy haciendo un curso de campista y ahí hay un poco de hombres en unos salones escuchando clases de tanques, de motores, porque van a ser conductores de los tanques. A veces, yo ando así como los de las FAES (Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana), encapuchada toda, vestida de negro, como militar, en otros barrios. Hemos estado haciendo recorridos con la Guardia Nacional en varios barrios.

    El armamento que nos dan es de varios tipos. Por ejemplo, hay uno que tiene como un hierro, que se llama retráctil y se dobla. Hay otro que parece una pala con un hierro, con el que puedes golpear a una persona. Y nos entrenan para manipular fusiles automáticos livianos, como el AKM (rifle de asalto Kalashnikov) y el 108 (fusil de asalto ruso). 

    Yo por lo menos he disparado. Soy francotiradora. Hice mi curso en la Casa Militar. Ahorita estamos dándoles clases a los nuevos milicianos, somos instructores. Somos un Comando de Milicia de Acción Rápida, no somos como cualquier miliciano que anda por ahí. Estamos preparados para el combate. Por ejemplo, si vamos a algún barrio y hay una pelea, alguna cosa en la calle, si nos atacan, estamos preparados.

    En mi barrio, que somos una comunidad pequeña, hay 42 milicianos. Lo que pasa es que no tienen uniforme, porque son nuevos y los están formando. Son de la comunidad y son familia, ellos te conocen a ti. La del municipio Sucre es la Milicia 416. El único sargento de la milicia que hay aquí es de la Unidad del Poder Popular de Batalla², que es donde votamos todos los de la comunidad. Bueno, el centro electoral es en la escuela del barrio, pero la unidad es la estructura a la que pertenecemos.

    Al miliciano lo mandan a ver todo lo que pasa. Él no habla, ni te pelea, ni discute con nadie, pero sabe lo que pasa. Y cuando vienen las cajas del CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción), sabe a qué personas hay que entregárselas, porque la milicia está involucrada con el CLAP. 

    El CLAP no tiene un código, no tiene un registro, no tiene nada de eso. Solo tiene un registro de quiénes son los voceros. Unamujer, la UBCH y el Frente Francisco de Miranda están incluidos en la estructura del CLAP. La milicia hace contraloría, cuenta las cajas de alimentos, y sabe las cosas que entran en cada consejo comunal. Tiene un rol estratégico, como de policía. Sabemos quién se roba las cajas. Porque “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”, como dice el refrán. La vocería local la ejercemos los jefes de calle, y hay un jefe territorial, que es quien coordina a los 10 integrantes del CLAP. 

    El consejo comunal es otra cosa, firma y sella los trabajos que hace el CLAP, porque el consejo comunal cuenta con una ley orgánica³, en cambio el CLAP no tiene piso jurídico. Los jefes de calle son voceros y menos mal que están ahí, porque nadie quiere hacer nada en el consejo. No todos los jefes de calle pertenecen al consejo comunal. Son de la comunidad, jefes de calle, de carretera, de escalera, de callejón. Pero no todos son voceros del consejo comunal.

    Yo pertenezco al consejo comunal de mi comunidad, fundado en 2007. Hacemos gestión financiera, contraloría y la parte ejecutiva en salud, vivienda, educación, deporte, cultura, todo ese tipo de cosas. Desde el 2007 hacemos trabajo social. 

    Pero la gente ya no quiere saber nada del consejo comunal y como ya nadie tiene plata para salir, para trasladarse, no participa. Porque lo del petro no se dio. Yo tengo como 522 mil bolívares en petros y no los he podido usar porque no sé cómo hacer los movimientos. Mi hija se ha metido en la página y no da nada. Dice: “Haga este paso”, mi hija lo hace. Y nada. Cerca de Fuerte Tiuna hay un Banco de Venezuela que nunca tiene efectivo. Hace unos días fui a uno de La Hoyada y me dio 20 mil en billetes de 200 bolívares; estuve hasta las 4:00 de la tarde que fue que pude salir. Y las colas para agarrar 50 mil en el cajero son interminables. Entonces, ¿cómo uno va a tener plata?

    Por eso y otras cosas, nadie quiere postularse ni hacer elecciones en el consejo comunal. Te preguntan: “¿Tú quieres?”, y el que alce la mano, ese quedó, porque alzó la mano y listo. La gente no está de acuerdo con que sea así, porque debería ser por votación y el voto debe ser secreto, pero así está funcionando. Por eso ya no quiero participar más en el consejo comunal. 

    ¡Ah, y claro! Tienes que ser del partido. Por allá por 2007 decían que yo era escuálida y que tenía puros escuálidos en el consejo comunal. Siempre me llaman escuálida, pero a mí no me importa porque yo nací en el barrio y me crie aquí, en el cerro. Llegué aquí en 1999, o antes de 1999. Y trabajé al lado de José Vicente (Rangel Avalos) cuando fue alcalde, aunque nunca voté por Chávez. Por eso me llamaban adeca. A veces no voto porque ya no quiero votar por ninguno. Antes me quedaba calladita, pero como ahora estoy en la milicia me da miedo no votar; no sea que se sepa todo. Arrecho es que tú tienes que ser de un partido así no te guste, o tienes que estar obligado. Yo no nací para que me mande nadie

    Por lo menos ya no me nombran. Pero sé todo lo que pasa en el CLAP porque soy miliciana. No estoy ahí, ni participo en reuniones ni nada, ni me llaman, pero lo sé todo.

    NOTAS

    ¹ Este cuerpo fue creado por el presidente Hugo Chávez en 2005 como el Comando General de la Reserva Nacional y Movilización Nacional. En el año 2009, se le cambió el nombre a Milicia Bolivariana.

    ² Se refiere a las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCH), también conocidas como Unidades de Batalla Bolívar Chávez, fundadas con fines electorales para “la defensa de la revolución”, según los estatutos del Partido Socialista Unido de Venezuela.​

    ³ La Ley Orgánica de los Consejos Comunales (LOCC) fue promulgada en 2009.

    La identidad de la protagonista de esta historia fue cambiada por motivos de seguridad.

    Esta historia forma parte de la serie Estado comunal o dominación, producida en alianza con el Centro de Investigaciones Populares, a partir de su investigación “Estado comunal y post-democracia”, desarrollada a lo largo de un año, a partir de 25 entrevistas y 18 relatos en varios estados de Venezuela.

  • Carla solo quiere estar resguardada un día más

    Autores:

    Alexander Campo y Mirla Perez

    En La Cañada de Urdaneta, en el estado Zulia, los vecinos acostumbraban salir al frente de las casas a celebrar, a conversar. Las pintaban cada diciembre. Pero hoy aguardan sigilosos esperando la extorsión o la muerte de maridos y de hijos, en manos de los delincuentes o los policías por igual. Carla, una de las vecinas, lo cuenta en esta historia.

    ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO

     

    Algo parece haberse movido en la calle. O quizá no. El viento arrastra una página de una vieja revista, ¿o será una bolsa vacía?, que va trompicando entre el polvo. Debe haber confundido el siseo del papel al rozar la carretera con unos pasos disimulados. Carla se aparta de la ventana solo para volver a ella minutos después. En la casa de enfrente una sombra se mueve tras la cortina. Es como si fuera su espejo. Carla y su vecina se mueven a la vez, como guiadas por la coreografía del sigilo.

    Carla contiene la respiración. Ha llegado a confundir su propio resuello con el de alguien que se hubiera colado en su casa y estuviera a sus espaldas. Se obliga a quedarse inmóvil para oír mejor y ver que el bulto en la casa de enfrente se ha paralizado también. Aunque las manos le tiemblan, se ríe en un suspiro. Más que la simultaneidad de los movimientos, le hace gracia la coincidencia de las cortinas. Son idénticas: lo suficientemente tupidas para que no se vea para adentro, pero bastante traslúcidas como para atisbar la calle.

    El ruido de las papas al batirse contra las paredes de la olla donde las ha puesto a hervir la saca de su atalaya. Al notar que ella se ha separado de la ventana, la vecina parece confirmar que de momento no hay nada que temer y también se retira.

    No tardarán en regresar.

    Desde hace como cinco años, desde 2015, no hemos tenido descanso. Mejora un poco, pero no hasta el punto de que podamos descansar o salir un rato por allí, a conversar con los vecinos. Ni siquiera en diciembre, cuando acostumbrábamos salir al frente de las casas a celebrar. Eso es lo que más nos ha pesado, que no podamos compartir con quienes viven pared de por medio y han sido nuestra familia por generaciones. 

    No es siempre igual. Puede haber días, incluso un par de semanas, en que el acoso amaina, pero luego regresa. La gente sale a comprar la comida que pueda conseguir y regresa a su encierro. No hay quien los defienda. La policía no solo está rebasada por la delincuencia sino aliada a esta.

    En estos años, La Cañada cambió muchísimo. Podría decirse que desapareció y solo queda este montón de casas donde las mujeres rondamos por las ventanas con la esperanza de adelantarnos al zarpazo que puede venirnos de cualquier lado. La Cañada se convirtió en una comunidad sufrida. Muy dolida. Quedamos muchas mujeres sin maridos y sin hijos. Seguimos aquí porque, al menos hasta ahora, respetan la vida de las mujeres. Pero no les importa la edad de los muchachos, ni que sean estudiantes, sanos o trabajadores. No les importa nada. He quedado casi sin vecinos. A las vecinas del frente les han matado a sus hermanos, sus esposos y sus hijos. 

    Estamos indefensos frente a las bandas y las policías. Están, como siempre han estado, Poli Urdaneta, Poli Regional y la Guardia Nacional, que no nos defienden y muchas veces actúan en complicidad con las bandas; y luego, hay tres cuerpos nuevos: FAES, DIM y Sebin. Las ejecuciones las hacen las bandas, las FAES y la DIM.

    Una de las vecinas ha atravesado la calle para venir a casa de Carla. Pone sobre la mesa dos plátanos que Carla le agradece apretándole una mano. No dice “gracias” porque teme que las antiguas palabras hagan más patente la desaparición de un mundo, un mundo amable, donde había risas e intercambio de platicos por encima del bahareque. Los plátanos, de todas formas, son lo que en el Zulia llaman “rebusco”, pequeños, escuchimizados, de piel reseca. Nada que ver con los antiguos plátanos de La Cañada de Urdaneta, en la costa oeste del lago de Maracaibo, donde bastaban dos de aquellos portentos para alimentar a una familia.

    Hablan en cuchicheo. Quién iba a decirlo, de muchachas se hablaban de una ventana a otra, mientras en el interior de sus casas sonaban varios aparatos de radio, una licuadora, alguien llamando a los perros a comer y el bisbiseo de una sartén donde no faltaban trozos de yuca o arepas con huequito. A viva voz se convidaban a juntarse para arreglarse las uñas, intercambiaban tazas de azúcar o se preguntaban si asistirían a la fiestecita del sábado. Así, a grito limpio.

    Pero, claro, eso era antes.

    Sentadas a la mesa, Carla le ofrece un café aguado en cuyo fondo se lee una fortuna esquiva. Hablan tan bajito que si alguien las escuchara desde la habitación contigua apenas captaría retazos. Que si Los Gutiérrez… Los García… El Chamito… El Becky… los nombres de las bandas criminales han sustituido los de los personajes de las telenovelas. Son ellos quienes extorsionan y llegan, incluso, a lanzar granadas a las casas de quienes se niegan a pagar.

    Las bandas se pelean el territorio. La vecina alisa el mantel y comenta que los Gutiérrez pagan a las FAES (Fuerzas de Acciones Especiales), y a la Policía Nacional Bolivariana, para que maten a los rivales de otra banda. Nada que Carla no sepa. El propio Chamito denunció a las FAES, asegurando que aceptan dinero de las otras bandas. Y las muertes no cesan porque hay varios frentes de batallala zona pesquera, la petrolera, la agrícola y la comercial.

    Hace como dos años, recuerda Carla mientras enjuaga la taza con un poquito de agua recogida en un recipiente plástico, llegaron dos motos a esa calle y abrieron fuego. Mataron a Juan porque no había cedido a la extorsión. Así mismo mataron a otro señor, cuyo nombre se esfuerza en vano por recordar, mientras seca la taza y la pone en el anaquel. No era a él a quien iban a ejecutar, pero lo confundieron. Eran primos. Tenían la misma estatura y ese día andaban vestidos de rojo los dos. El que debía morir salió y en su lugar mataron al primo. Un par de días después, los de la banda se disculparon en Instagram. El sobreviviente salió del país con su familia. A toda prisa. Caminando por la frontera.

    Al principio me daba vergüenza el frente de mi casa. Quién iba a decirme que yo viviría en una ruina que hasta sucia se ve. Hasta hace unos años, pintábamos cada diciembre. La Cañada era presumida, tenía esa fama. Siempre estaba limpia y acomodaíta. Ahora, ni se nos ocurre pintar el frente, mucho menos comprar un carro, aunque sea viejo. Si alguien lo hace, las bandas paran la oreja: ese tiene cobres. Aquí un galón de pintura no es fácil de conseguir y cuesta caro. Si pintaste tu casa, si compraste un carrito, tenéis. Podéis pagar la extorsión. Tenéis que pagar la extorsión, si no… ya sabéis… estáis muerto. Se han dejado de hacer fiestas por lo mismo. La hija de un vecino se iba a casar. Su familia está en el extranjero y le mandaron dinero para que hiciera su buena fiesta. No llegó a hacerla. De una vez la extorsionaron.

    La Cañada es un pueblo pequeño, casi todos somos vecinos. Si alguien hace una fiesta, todo el mundo se entera y si estáis pintando tu casa, te ven haciéndolo. Y ahí mismo te llega el mensaje… (la extorsión). Por eso, la gente joven que todavía queda arregla el matrimonio casi en secreto y, si vamos a pintar, porque no todos pueden, lo hacemos nada más adentro.

    Las bandas reclutan adolescentes para que observen y reporten todo lo que pasa en el pueblo. Desde las ventanas los vemos. Pasan. Echan ojo. Y si no son los malandros, son los de las FAES. En estos días agarraron a un vecino, un cuñado de mi prima y le dijeron: “Vértale, pero píchanos a alguien”. Querían que este hombre les entregara a alguien de las bandas (de las bandas que no trabajan con ellos). Si no lo hacen, las FAES los retienen y los golpean; y si lo hacen, las bandas los matan. Por eso, los muchachos en La Cañada viven asustados, porque si no los agarra una banda, los agarra la policía, local o nacional.

    Hace un año estaban cuatro muchachos conversando. Llegaron los funcionarios y los ejecutaron. A todos. Sin preguntar. Entre ellos estaba uno que trabajaba en la alcaldía. No sé si era el que llevaba la contabilidad, pero era alguien más o menos de rango en la alcaldía de La Cañada. 

    Lo de Santiago fue peor. Solo hubo un muerto, él, Santiago, pero el ensañamiento fue terrible.

    Santiago es… era… el yerno de Tony. Tenía 22 años. Había salido rumbo a Mérida con Camila, su esposa, los dos hijos de ambos (un niño de 7 años y una bebé de 6 meses) y una amiga, otra jovencita. En algún punto del camino los detuvo la policía regional. Por nada, para pedirles los papeles de la camioneta. Entonces llegaron las FAES. Se lo quitaron a la policía regional y se lo llevaron. Por nada. Se lo llevaron a empujones. A la esposa, a los niños y a la amiga los mandaron para Maracaibo y allí los tuvieron tres días detenidos. Mientras, a Santiago se lo llevaron para El Carmelo, a una playa. Allá lo ejecutaron. Luego dijeron que Santiago era “pirata del mar” y que lo habían matado en un enfrentamiento. De paso, la viuda perdió el vehículo y les robaron el equipaje, todo lo que llevaban.

    Piratas del Mar. Parece el título de una película. Pero no. Son las bandas criminales que actúan en el lago de Maracaibo. Asaltan las lanchas pesqueras, las despojan de la carga y de los motores, y matan a los pescadores. En tierra son el azote de las camaroneras, establecidas desde la punta de la Ensenada hasta Curarire, en la orilla del lago. A las camaroneras las culpan de haber contribuido al calentamiento de esa zona, porque arrasaron con los árboles para construir sus galpones. No hubo autoridades ambientales que regularan la tala ni impusieran la siembra de reemplazo. Ahora los empresarios tampoco cuentan con autoridades que los protejan de las bandas extorsionadoras. Tienen que pagar para que los dejen tranquilos.

    Cuando se da la coincidencia de que tiene electricidad y conexión a Internet, Carla chatea con una antigua vecina que ahora vive en Miami. Como emigró hace casi una década, no capta el matiz de diferencia entre vacuna y pago de extorsión.

    Vacuna es que vos me pagáis y yo te cuido. Si te roban, la vacuna te garantiza que te van a devolver lo robado. La extorsión es que tenéis que pagar. Punto. Si no quereís que te maten, tenéis que pagar. Y puede ser que te extorsione la banda de los López y luego venga otra y te diga: “Vos le pagaste a ellos, tenéis que pagarnos a nosotros también”. ¿Te acordáis de Giovanni? Bueno, Giovanni tuvo que cerrar la panadería, porque no tenía cómo pagarles a dos bandas, que pronto serían tres y así. Si a los de hoy les diste mil, a los de mañana les vas a tener que dar 1 mil 500. Usan niños de 12 o 13 años para hacer llegar el mensaje y para cobrar. Se afincan con los abastos y carnicerías. Al dueño de la carnicería que queda por donde la prima mía, por donde abuela, a ese le tirotearon el local porque no pagó la extorsión. Los comerciantes han optado por cubrir las fachadas con ladrillos, para que no las traspase el plomo.

    En mitad de la noche, Carla abre los ojos. Como si la hubieran llamado o algo se hubiera caído en la cocina con estrépito. Pero los ruidos no están fuera de su cabeza, están dentro. A veces se queda muy quieta en la cama hasta estar segura de que no la ha despertado un ruido. Pero es el curso de sus pensamientos, que no cesa, lo que interrumpe su descanso. Simón, un vecino, vendió su carro. Ellos no tienen teléfono, ni Simón ni la esposa ni los hijos. Desde hace tiempo quedaron sin teléfono para que no los molesten. En fin, es una estrategia como cualquiera. Entonces, los de la banda ubicaron los teléfonos del vecino, de una hermana y de un tío. Los mensajes le llegaron a Simón por varias vías. Un familiar de Simón tuvo que llevar el dinero de la extorsión. Y en el caso de Julia y Diego, usaron a una sobrina.

    El agua del aclarado de los platos va para las matas, pero a veces Carla aparta un poco para lavarse los pies. Detesta ir a la cama con los pies sucios. Está repartiendo la mingoña de agua entre las matas cuando suena su celular. Carla no puede creer que esté sonando. Bueno, en realidad es una especie de ronroneo agónico. “Ey, está pasando alguien por frente de tu casa y está mirando tu carro”, le dicen y cuelgan. El carro ni es de ella ni funciona. Alguien lo dejó en su garaje con la esperanza de que algún día podría venderlo por pedazos, como repuesto.

    Qué más podrían hacerles. Mataron a Jorge. Mataron a dos hermanos de la vecina de este lado. La del otro lado ya lleva tres hermanos muertos. Un poco más allá está Adela, a quien le mataron a su hijo y a dos nietos. A los Martínez ya les mataron a casi todos los nietos. Y así. Si te vas hacia los de los fondos o hacia los del frente, es lo mismo. Los han asesinado por equivocación, porque no pagaron la extorsión, porque las FAES los sacaron a rastras de sus casas…

    Venezuela se ha vaciado por la emigración, pero La Cañada está casi vacía por la extorsión y los asesinatos.

    Carla suelta una risa amarga. Le ha venido a la mente el comentario de su prima, la de Miami: “Pero, cómo se aguantan todo eso”. Carla y unas amigas se organizaron hace un par de años para protestar. Pedían que las dejaran respirar. No a la agresión, no a la delincuencia, decían las dos pancartas que lograron pintarrajear. Nada más asomar, la policía les cayó a palos.

    Si nos negamos a aguantar, matan a nuestros hijos, les caen a plomo a nuestros negocios, obligan a huir a los jóvenes o nos caen a palos. 

    La parte buena de no tener carro es no tener que pagar la gasolina en dólares. Muchos han abandonado sus empleos, bueno, si a eso se le puede llamar empleos, para dedicarse a revender la gasolina. Suena fácil, pero no lo es. De hecho, es dificilísimo. Lo que sí es que es rentable. Pero fácil no. Hay que fajarse con la policía, Poli Regional, Poli Urdaneta, y con la Guardia, que se agarran las gasolineras. Claro, hasta que llegan las FAES, y entonces el negocio es para ellos. Los policías se van en silencio. No protestan. Saben que en cualquier momento regresarán y la fiesta seguirá. En menos de un mes, apoderados de las gasolineras, cada policía tiene para comprarse un carro.

    Los milicianos protestan con voz casi inaudible, como por un último hálito revolucionario. No tienen vida. Son demasiado viejos. No cuentan. Además, la gasolina está bajo control de los uniformados y el CLAP (los alimentos subsidiados del Comité Local de Abastecimiento y Producción) lo manejaba el gobernador Omar Prieto. Una vez nos reunimos los cañaderos y fuimos a la alcaldía. No nos atendieron. Algunos se enfurecieron y se fueron contra la sede de la alcaldía. Resultó que ahí tenían el CLAP de varios meses, en un depósito. Algunas cajas tenían ratones, según cuentan los cañaderos a quienes les tocaron algunas de las cajas que tenían escondidas allí. Los paquetes de arroz tenían huequitos, de tanto tiempo ahí almacenado. No reparten la comida. Algunos funcionarios la usan para pagar sus gastos personales. Uno mandó a pintar su carro y pagó con cajas del CLAP. Las secretarias van a la peluquería y pagan con dos cajas del CLAP. Con razón el año pasado no nos dieron cajas CLAP a nosotros ni una vez. 

    Cuando mataron a la muchacha que era policía, vino el gobernador Omar Prieto, llamó a una reunión y dijo: “Yo quiero que ustedes me digan quiénes son las bandas…”. Se hizo un silencio como el de las noches. Alguien se dio un manotazo en una pierna fingiendo que tenía un zancudo. Varios carraspearon. Carla dejó caer el bolso y lo recogió dos veces.

    —Quién iba a hablar —le dijo a su vecina al día siguiente, con voz muy baja—… Si los cuerpos policiales están aliados con las bandas.

    Las dos mujeres recordaron el caso del hombre cuyo hijo había estado en una banda y quiso salirse. El hombre llevó al muchacho a entregarse a la policía. “Llevátelo de una vez, no lo dejes”, le respondieron los funcionarios. Le hicieron un favor. Si lo hubiera dejado, lo habrían matado en segundos. Tuvo que irse a Chile. Toda su familia está amenazada. Su madre tiene trastornos mentales. Estuvo una temporada allá con él y no mejora. Se la volvieron a traer y al final tuvo que irse toda la familia.

    Carla suelta la cortina y se recuesta en la pared. Solo quiere estar resguardada un día más. Y otro y otro. Hasta que esto cambie, dice, que el sistema cambie. Que todo cambie. Que cambie el gobierno.

    Todos los nombres que aparecen en esta historia fueron cambiados por motivos de seguridad.

     

     

    Esta historia forma parte de la serie Estado comunal o dominación, producida en alianza con el Centro de Investigaciones Populares, a partir de su investigación “Estado comunal y post-democracia”, desarrollada a lo largo de un año, a partir de 25 entrevistas y 18 relatos en varios estados de Venezuela.

  • El vacío

    El dolor se ve en el rostro de los vecinos de La Cañada, estado Zulia. Son innumerables las historias que se cruzan en nuestro camino, voces del vacío que van quedando en la vida de cada madre que se le arrebata un hijo. En el vacío de un pueblo cuyas calles viven de la soledad. Migración, extorsión, sicariato, ajusticiamientos, expresiones que suenan duro cuando vemos el cuerpo caer o vemos los pies sangrantes del caminante. 

    Me detengo, brevemente, en el relato de Carla, cañadera y testigo del sufrimiento forzoso de un pueblo que tiene que huir de la muerte. “Cambió la comunidad. Cambió muchísimo la comunidad, una comunidad muy alegre, se convirtió en una comunidad muy sufrida, muy dolida. Quedamos muchas mujeres sin hijos y sin esposos. Prácticamente La Cañada ha quedado muy sola, luchando sola por la vida y por lo que le queda del resto de familia. Agradecida como mujer, porque conservan la vida de la mujer, respetan al menos eso. Pero no les importa la edad, no les importa religión, no les importa ¡nada! He quedado sin vecinos, prácticamente, los vecinos del frente, a las mujeres les han matado sus hermanos, sus esposos, sus hijos”…

     

    Yo lo llamo efecto bélico. ¿De qué guerra se trata? ¿En qué consiste esta ocupación? Somos una sociedad en conflicto de una naturaleza muy particular: político-delincuencial, con guiones, para expresarlo, en una palabra, en una experiencia, en un acontecimiento vital. Esto es para Carla: vacío, soledad, dolor. 

    Muchos pueblos, en el interior del país, están quedando vacíos. Este es el caso de La Cañada. El Observatorio de Violencia registró 239 muertes violentas el año 2020, sobre una población de 110.000 habitante, fue el tercer municipio más violento del país. Acá presentamos número y relato. Los números retratan una realidad, el relato lo ubica en la vida. Estos números tienen rostros, tienen familia, hay una historia detrás de cada uno. Carla es parte de esta historia y nos la cuenta. 

    El vacío de La Cañada lo produce la muerte y el desplazamiento forzoso. No es poca la cantidad de muertes violentas y los efectos colaterales de estas muertes. Las casas solas, la soledad de las abuelas con los nietos, la gran cantidad de familias que han tenido que huir a otros lugares del país y fuera de él, el miedo permanente a ser eliminados ha ocupado la vida. 

     

    ¡Ocupación! Parece ser la palabra que más encaja, la que logra explicar lo que sucede. Territorio ocupado por la violencia organizada sin presencia de un Estado Social de Protección. Las fuerzas policiales están al servicio de la dominación “Comunal” y en alianza abierta con la delincuencia.  

    La migración se nos va presentando por distintas razones y a los más diversos lugares. En el artículo pasado nos acompañó en ese camino doloroso Yonma, quien atendió el parto de una caminante. Niños que nacen en la calle, sin patria, sin identidad. Desplazados por el hambre y la violencia. El rostro trashumante, continuidad o prolongación de lo que ocurre en La Cañada, somos el producto de la ocupación y la pobreza extrema. 

    ¿Podemos, como sociedad, superar estas condiciones? Solo sí empezamos a llamar las cosas por su nombre y nos convertimos en irreverentes frente a la mentira. Lo que parece indestructible se resquebraja cuando somos capaces de desobedecer. El ímpetu de la insumisión es el legado de las comunidades humanas que desintegra el poder de quien “domina”. Sin sumisión no hay sometimiento.

     

    La gran pregunta, ¿cómo liberarnos en un territorio ocupado? Este desafío se lo dejo a los políticos, las comunidades buscan salidas, aunque implique prácticas poco convencionales.

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    Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.

    De la misma autora: Caminos de dolor: historia de una joven desplazada

  • Estado comunal o dominación

    MIRLA PÉREZ Y ALEXANDER CAMPOS

    FEB 22, 2021

     

     

    ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO

     

    Esta serie está hecha de voces que nos cuentan historias, vivencias que discurren en el conflicto, en comunidades que son llevadas apresuradas a experimentar lo que no pudo ser imaginado hace unas décadas. Historias que se cruzan, se encuentran, se sobreponen y hacen caminos en una Venezuela en la que se lucha por la libertad.

    En el Centro de Investigaciones Populares venimos estudiando, desde 2019, un tema que nos ha permitido comprender y dimensionar el conflicto: el Estado Comunal y su sistema de dominación. Un régimen que rompió las ataduras de la democracia para poder someter sin límites. En nuestro estudio, lo fuimos denominando postdemocrático, con rasgos totalitarios. 

    En la medida que la investigación fue avanzando, los primeros rasgos se fueron convirtiendo en características más definidas sin llegar a conclusiones. Y para no quedar atrapados en las viejas categorías del análisis político sobre el poder que nos inhabilita, para poder comprender el particular modo del ejercicio de la dominación que se practica hoy en Venezuela, hemos asumido una posición epistemológica centrada en la novedad. Estamos haciendo la historia y, en ella, documentando “El Capítulo Venezuela” de los denominados totalitarismos.

    Como toda historia es vivida por hombres y mujeres, esta serie la contarán dos mujeres: Carla y Carmen. Voces maternas, vivencias femeninas del conflicto. Carla es la cara del dominio y Carmen el sello de la dominación, juntas simbolizan la cara y el sello de la moneda del totalitarismo venezolano. 

    Carla es cañadera, vive en un pueblo del estado Zulia que se originó en tiempos de la Colonia, son 237 años de historia compartida. Fue un pueblo tranquilo, próspero, que vivió de la pesca, del petróleo y la agropecuaria. Hoy está amenazado con desaparecer por la violencia y la migración. 

    La soledad y el miedo se respiran en sus calles. Dos son las principales razones de este éxodo sin precedente: la económica (hambre, falta de trabajo, cierre de comercios y producción) y la violencia (extorsión, sicariato y ajusticiamientos). Esto es, desplazamiento forzoso por hambre y violencia en el marco de un régimen que desmontó todo atisbo de protección del Estado y se instaló en la dominación comunal. 

    A través de la historia de Carmen, una mujer de la comunidad de Caucagüita, en el estado Miranda, nos adentramos en la más engañosa de las instituciones de esta estructura de dominación: la Milicia Bolivariana. En el imaginario de la opinión pública nacional, la milicia es representada a través de esas ridículas figuras de ebrios que, vestidos con su particular uniforme marrón, se quedan dormidos en cualquier acera pasando la borrachera que han cogido en alguna de las innumerables marchas a las que están obligados a asistir. Esa es la imagen que el régimen quiere que nos hagamos: que banalicemos este mecanismo porque así no se le presta la atención que se debe tener a uno de los instrumentos más peligrosos de sometimiento, porque es aquel que usa el régimen para estar más cerca de las comunidades, para ser sus ojos y sus oídos en las comunidades. Es lo más cerca de las comunidades que el poder ha podido llegar, hasta ahora, en su proceso de dominación.

    Con Carmen nos damos cuenta de que se trata de toda una estructura a la que han dedicado mucho esfuerzo desde hace ya bastante tiempo. Una estructura con códigos, símbolos, normas de comportamiento y fines, destinados a formar sujetos en lo que para el venezolano es lo más rastrero del sometimiento: el sapeo, la delación. El régimen ha intentado varias veces, desde sus primeros años en el poder, instaurar esta figura. No había tenido buenos resultados porque, al hacerlo de forma abierta, se tropezó con el rechazo generalizado de la población. Sin embargo, a tropezones, ha ido consolidando esta figura del miliciano, mimetizándola con el ridículo. Ha sido muy exitoso con esta estrategia en muchos otros campos y momentos.

    Estas historias de Carmen y Carla que hoy presentamos son una recreación de las historias de vida que, como herramientas de investigación, nos han servido de soporte en el trabajo más amplio de comprensión de esta estructura de dominación llamada Estado Comunal.

    Con base en los testimonios recogidos por nosotros, La Vida de Nos, en alianza con el Centro de Investigaciones Populares, encomendó a las periodistas y narradoras Milagros Socorro y Albor Rodríguez la confección de las historias que aquí presentamos como una forma de honrar a nuestro fundador, Alejandro Moreno, quien nació un día como hoy, 22 de febrero.

    Carla solo quiere estar resguardada un día más

    Yo no nací para que me mande nadie

     

  • Caminando con los Desplazados

    La migración puede verse desde distintos puntos de vista, elegimos verla desde la persona que decide migrar. Esta decisión nos lleva a ubicarnos en el joven y desde él vemos los desafíos de un país en conflicto.

    Mirar la migración desde los ojos de quienes se desplazan, es un tarea reveladora y muy conmovedora. Desde el Centro de Investigaciones Populares hemos decidido comprenderla e interpretarla desde la persona y sus vivencias.

    Nuestra mirada hoy se hará una, con la mirada del joven que decide huir de unas condiciones de vida y conflicto que le exponen al límite permanente entre la vida y la muerte. Esto implica la migración para el venezolano hoy, no saber qué pasará mañana, no tener puerto de llegada, dejarse sorprender por la novedad que encuentra, sea buena o mala.

    Esta historia del caminante venezolano por América la contaremos desde 10 historias de jóvenes y una adulta, que decidieron huir por su familia, por la vida, por la posibilidad de poder comer, huyendo a la violencia y en la búsqueda de poder ayudar a quienes quedaron en Venezuela. Haremos el camino con Yonma, Braun, Joly, Marck, Ender, Daniela, Yorvys, Cristine, la Valenciana y Carla, diez historias escogidas entre varias que fuimos registrando a lo largo de esta investigación cualitativa con Grupos Focales y Relatos de vida.

    Hoy se proyecta un futuro no muy alentador en materia migratoria y de desplazamiento forzado de venezolanos. Para final del año 2021, Naciones Unida proyecta más de 7millones de migrantes y refugiados. Es un número alarmante que requiere ser atendido por organismos nacionales e internacionales y grupos de investigación que puedan dimensionar el problema. Los efectos son múltiples, hacia dentro y hacia afuera del país.

    En el país los grupos vulnerables van en crecimiento, muchos abuelos solos, familias de niños sin adultos que los cuiden y jóvenes a quienes les queda la violencia delincuencial como única vía de sobrevivencia y mantenimiento de la familia. Frente a grandes problemas sociales surgen duros desafíos.

    Veamos esta historia contada por jóvenes, mujeres, niños y abuelas, en plena travesía. Acompáñanos a revivir estas experiencias.

    Centro de Investigaciones Populares

    Mirla Pérez y Alexander Campos

  • Informe Retorno de Migrantes 2020

    Sesenta y seis años. Nos vinimos caminando, poco a poco, una señora mayor, había que llevarla poco a poco. El frío nos estaba matando. Llegaba las seis de la tarde y buscábamos un techito, y ahí tirábamos la cobijita, ella se acostaba, yo miraba, o si estábamos todo el grupo completo, uno dormía, nos turnábamos para poder descansar. Y a las cinco de la mañana otra vez volvíamos a agarrar camino. Volvíamos a agarrar camino para llegar al otro pueblo. A pie nos costó mucho, mucho… pasar los páramos. Los páramos no son nada fácil, yo pensé que yo en el tercero me iba a morir.

  • Caminos de dolor: historia de una joven desplazada

    Mirla Pérez

    @mirlamargarita

     

    La migración puede verse desde distintos puntos de vista, desde el conceptual pasando por la recepción de los distintos países hasta ubicarnos en la vivencia del desplazado. Verla desde el joven en un país en conflicto es un desafío. Mirarla desde los ojos de quienes se desplazan, es un tarea reveladora y muy conmovedora. Desde el Centro de Investigaciones Populares hemos decidido comprenderla e interpretarla desde la persona y sus vivencias.

    Nuestra mirada hoy se hará una, con la mirada del joven que decide huir de unas condiciones de vida y conflicto que le exponen al límite permanente entre la vida y la muerte. Esto implica la migración para el venezolano hoy, no saber qué pasará mañana, no tener puerto de llegada, dejarse sorprender por la novedad que encuentra, sea buena o mala.

    Me centraré en un fragmento de esta historia del caminante venezolano por América, la veremos desde una joven decidió huir por su familia, por la vida, por la posibilidad de poder comer, huyendo a la violencia y en la búsqueda de poder ayudar a quienes quedaron en Venezuela. En esta ocasión acompañaremos a Yonma, una historia escogida entre varias que hemos registrado a lo largo de nuestras investigaciones.

    Hoy se vislumbra un futuro no muy alentador en materia migratoria y de desplazamiento forzado de venezolanos, para final del año 2021, la Organización de Naciones Unidas proyecta más de 7 millones de migrantes y refugiados. Es un número alarmante que requiere ser atendido por organismos nacionales e internacionales y grupos de investigación que puedan dimensionar el problema. Los efectos son múltiples, hacia dentro y hacia afuera del país.

    En el país los grupos vulnerables van en crecimiento, muchos abuelos solos, familias de niños sin adultos que los cuiden y jóvenes a quienes les queda la violencia delincuencial como única vía de sobrevivencia y mantenimiento de la familia. Frente a grandes problemas sociales surgen duros desafíos.

    Veamos esta historia contada por esta joven en plena travesía:

    Acompañaremos a Yonma, una joven de 21 años con una niña pequeña que decide llevarla consigo en esta travesía desafiante, dos vidas, joven e infantes que sueñan superar el hambre vivida y la imposibilidad de tener libertad en Venezuela.

    Nos centraremos, brevemente, en el reto que ha implicado para ella y lo que sus vivencias registran en este trayecto desafiante como la migración. Para nosotros tiene un valor incalculable la palabra de quien narra y nos ubica en el contexto. Yonma sale de Venezuela porque queda sin opciones laborales, ella se desempeña como comerciante exitosa, pero de repente queda sin nada y se ve obligada a migrar.

    En su paso migratorio serán muchas las vivencias, destacamos aquí su experiencia como partera de otra venezolana joven que se ve forzada a parir en la calle. En este acto Yonma muestra valentía, coraje, disposición y entrega, de su relato total tomamos este fragmento que hemos titulado: Parir en la oscuridad.

    “Y ese día la muchacha pare… cuando nosotros nos acostamos como a las nueve, diez de la noche, nos acostamos a dormir. La muchacha a las doce de la noche me para… y ella me decía: “Catira, me estoy orinando, me estoy orinando”. Yo me paro y le digo: “¿Cómo que te estás orinando?”. Le están alumbrando con un teléfono y cuando veo que eso era agua y agua, y no “no estás orinando, este es el líquido que estás botando, vas a parir”.

    Y esa mujer se puso mal, los dolores de parir pues. Y parando carros, los hombres se pararon en la carretera parando carro, los carros no se paraban, decían que iban a llamar la ambulancia y nunca llegó la ambulancia, nunca llegó policía, nunca llegó nada, yo tuve que partearla.

    El niño nació, todo bien, gracias a Dios. El niño nació a las 2:15 de la madrugada. Nosotros nos acostamos a dormir y a descansar, ya había parido, que más íbamos a hacer, nos acostamos a dormir. A las cinco de la mañana nos levantamos porque necesitamos que a ella la viera un médico, yo no soy ginecóloga ni nada de eso, y bueno, Dios me dio la fuerza para realmente hacer eso, y yo lo único que le pedía a Dios era que todo estuviera bien, que ella llegara a un médico y la pudieran examinar.

    A las cinco de la mañana no se nos querían parar carros, y yo les dije a ellos: “Vamos a poner piedras en la vía, de alguna manera se nos tienen que parar, porque es una emergencia, una muchacha recién paría”. Entonces, llegó la policía, que nos iban a meter presos, que yo no sé qué, y yo le dije: “Métanme presa, pero yo no estoy haciendo nada malo, aquí hay una muchacha recién parida, con un niño que no sabemos si está bien o si está mal, no sabemos si ella está bien, si ella está mal, porque yo no soy médico, me tocó hacerlo porque aquí ninguno se pudo parar a llevarla para el médico, nos decían que iban a llamar a la policía, la ambulancia y nunca llegó”.

    Este episodio es sociológicamente interesante, por un lado, nos muestra la disposición a ayudar y resolver de parte del migrante venezolano y las relaciones interhumanas que se establecen en la travesía y, por el otro, la poca disposición a la asistencia de parte de los organismos del otro país al auxilio del migrante en condiciones límites de la vida.

    Desde la mirada de joven la Yonma, la vemos a ella, pero también nos ubica en un grupo de jóvenes que comparten su misma situación, la mujer parturienta es también una joven de 19 años, su marido y los acompañantes de camino. Toda una generación en desplazamiento forzoso.

    Una nueva realidad, el niño que nace en la calle sin nacionalidad y a la intemperie.

     

     

  • El Sentido en la Politica en el Venezolano

    EL BARRIO SE “FUE HACIENDO PASITO A PASITO”

         El trabajo recoge una investigación de un año, sobre las ideas y prácticas políticas de los venezolanos tanto de las élites como del pueblo.

     

    EL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN

    Política y democracia desde las élites y los partidos

         El problema de investigación surgió de una preocupación de años de trabajo del CIP. Partimos de una hipótesis: en Venezuela cohabitan dos modelos de democracia, dos modos de hacer política relacionado con dos estructuras socio-culturales distintas.

         Los dos modelos, hasta ahora, podían existir independientes. Quienes lo sostienen son élite y pueblo, dos historias y culturas distintas. Para decirlo en términos de Moreno: modernidad y pueblo. El primero, basado en el individuo, la razón, el pacto, la norma. El segundo, se produce en el marco de una relación. No es pacto sino trama. O sea, cómo se va estableciendo el vínculo que entretejido va formando una manera de vivir la política; que va más allá de la asociación de individuos.

         Como ambas estructuras ocupan un mismo espacio es preciso ver y comprender los puentes, las relaciones posibles, encontrarnos con el sentido más de fondo de la política venezolana, no el modelo, sino el acontecer histórico.

         De modo que en la raíz encontramos dos modelos. Hay un modelo moderno que funda una democracia —cualesquiera sean sus calificativos— y hay un sector popular que piensa la política de otra manera completamente distinta. La investigación nos va a conducir a encontrarnos con ambos modelos.

         Las siguientes preguntas nos acercan a los dos sujetos: el popular y las élites ¿qué es lo que hay realmente en el sector popular?, ¿cómo vive la política?, ¿cómo la hace?, ¿cómo la proyecta? ¿cómo la piensa?

         “Los individuos modernos –razón y libertad autonomizada y en sí– tienen, para convivir, que resolver un problema típicamente moderno: el conflicto entre libertad y dependencia” (Moreno, 2017). Esto es lo que se va a resolver en las distintas tradiciones políticas. Tratando de entender por qué llega allí. “Lo resuelven renunciando al mínimo posible de libertad y aceptando el mínimo posible de dependencia”. En ese sentido la democracia sería el mejor pacto para que el individuo renuncie al mínimo de libertad. Es decir, cada uno es un individuo que para poder relacionarse con el otro tiene que negociar, conceder la menor cantidad de libertad y ceder la menor cantidad de dependencia.

         El gran problema es que no hay pactos fundacionales entre las dos culturas. Se han establecido pocos puentes, se han dado dos modos irrelatos de hacer política y diseñar un sistema como el democrático. Se ha dado un sistema democrático diferenciado en cada estructura cultural pero no se han establecido los puentes entre las dos democracias. Los dos sistemas culturales.

    La política espacio de encuentro y convivencia/ Más allá de la familia

     

    Distinciones

    • Individuo moderno: estar con el otro es un estar frente al otro, el otro es un sujeto autónomo que está allá bien diferenciado. Para que se produzca la convivencia yo tengo que forzarla, a través de la razón que va a ordenar esa convivencia en el pacto.
    • Venezolano popular: El estar del hombre, el ser del hombre, no es un ser autónomo. Lo que facilitamos es esto que somos. Lo político en lo popular está en la relación. Es decir, es allí donde la cultura regula el hecho político.

    El venezolano popular

    “Está, pues, dotado de convivencialidad que se sustenta sobre una relacionalidad de sentido materno…” (Moreno, 2017). Esta facilitación y este impulso va a tener una dirección de origen materno. “Si se quiere, la familia matricentrada sería el espacio micro de la relación, la micromatrirrelación. Desde ahí puede pensarse la macrorrelación, la expansión de la relación a ámbitos cada vez más amplios hasta cubrir todo el ámbito nacional, para limitarnos a Venezuela” (Moreno, 2017).

         Lo político propiamente venezolano no tiene institucionalidad, tiene potencialidad, mecanismos de funcionamiento, pero no tiene instituciones que potencien ese mecanismo: no tiene un Estado.

    No obstante, hubo experiencias de encuentro:

         Una de las políticas públicas en las que se dio una integración exitosa entre prácticas comunitarias y estado fueron los multihogares del Ministerio de la Familia y las juntas de vecinos.

         “Cuando se dice que el venezolano no ha logrado ni siquiera formar comunidad, se está haciendo una afirmación totalmente falsa. Comunidad, como se entiende en términos modernos, ciertamente no, pero comunidad como entramado de relaciones de vecindad convivial, es un hecho indudable para cualquiera que se sumerja en el pueblo y desde él la viva. No una comunidad de instituciones comunales, sino una comunidad de relaciones conviviales que produce sus propias formas de convivencia las cuales no pueden recibir el nombre moderno de instituciones porque pertenecen a otro mundo-de-vida. La mentalidad moderna, a lo que no puede nombrar desde sí misma, lo declara inexistente, pues las condiciones de existencia las pone su lenguaje”. (Moreno, 2017)

         El problema de investigación va situándose en la distinción fundamental entre los dos mundos; entre élite y pueblo; entre relación y razón; entre individuos y convives. No son opuestos, son distintos, la investigación nos lleva a documentar esta distinción.

         En el material inicial sobre el método queda la tarea de sistematizar y dar cuerpo a la propuesta que iba surgiendo sobre la metódica. La confluencia entre las distintas metodologías que hemos trabajo como centro de investigación   En este trabajo esa confluencia que hicimos entre el grupo focal, la historia oral y las historias-de-vida. No nos quedamos en la percepción o la construcción de la idea de la política en la gente, sino que fuimos más a fondo, en la que aparece la historia-de-vida de las comunidades. Eso da una diferencia clara con los grupos focales, que parten de la elección de un tema y una guía de preguntas, en cambio aquí fuimos construyendo las preguntas en la medida que avanzaba la conversación con la comunidad. En la historia oral superamos el hecho de la ubicación geográfico-temporal, que estaba en la narración, pero no era el centro.

    Hacia una Metodología

    Dialógica, Comunitaria,

    Narrativa e Histórica

    Punto de partida:

         “Este es en el fondo el desencuentro estructural que atraviesa de parte a parte toda la realidad venezolana: el desencuentro entre el proyecto de sociedad y el proyecto relacional del pueblo. Este último no es un proyecto elaborado en términos de razón, sino un proyecto constitutivo del mundo-de-vida popular, intrínseco a la vida que el pueblo vive. Este desencuentro puede llegar a convertirse en encontronazo”  Alejandro Moreno.

    Encontronazo

         ¿Con qué? Con el mundo de vida moderno.  ¿Cómo se encuentran los espacios donde se dan estos encontronazos? Que se dan en el barrio, pero no son propiamente en el barrio. Se da en el barrio cuando el mundo-de-vida moderno va al barrio. Pero también se da cuando el mundo-de-vida popular sale del barrio y se encuentra con las instituciones modernas.  Entonces, nosotros deberíamos tratar de encontrar cómo se ha dado este encontronazo tanto a lo interno de la comunidad y lo externo de la comunidad cuando te encuentras con las instituciones modernas.

         Una metodología que reconstruyera esas prácticas comunitarias. Reconstruir la práctica de convivencia que se da en la comunidad, en el entendido que la vivencia de lo político en el venezolano no se da como una instancia segunda —en lo fundamental— a la convivencia.

         Entonces, en ese sentido el método no tiene que ir dirigido a la experiencia del sujeto —que en la modernidad sería una instancia de lo político que es fundamentalmente lo institucional—  sino que la metodología reconstruya la vivencia de la convivencia.

         Por lo tanto, la dinámica de la metodología tiene que ser una dinámica no de la memoria sino de la convivencia. Es decir, una dinámica en la cual el sujeto no necesariamente reconstruya los datos conceptuales, sino que reconstruya la práctica de su vivencia comunitaria como comunidad no como sujeto. Esa es la distinción con las historias de vida. La narración es desde la propia comunidad y no desde el sujeto en convivencia.

         En una sola historia de vida está la comunidad, la sociedad completa, pero está vivida como sujeto. En un grupo focal intentamos que el foco sea la comunidad, al intercambiar reconstruyes la vivencia de la comunidad, la trama de esa comunidad.

         El hecho de que se haga la narración en grupo favorece que cada una de las personas que participa también pueda ser activador de la narrativa. El asunto es que cuando a esa persona la pones en conjunto con otras personas, se van creando condiciones en el grupo que activen vivencias que probablemente no se den si la narración es de un sujeto solo. La dinámica de la convivencia y la dinámica del grupo es la que está colocando una novedad.

    Lo que queremos encontrar son las vivencias de lo social.

         En esta comunidad. ¿Cómo se practica la sociabilidad en esta comunidad? Lo que hay que tratar es de inducir a narrar esa sociabilidad, en ese sentido no serían preguntas dirigidas hacia lo conceptual, sino que sería la estimulación a narrar ¿cómo ha transcurrido la vida en esta comunidad? Más que pregunta es incitar a narrar la vida en comunidad.

         Cuidando que no se nos quede en lo local. Pudiéramos encontrar la construcción del sentido de lo social y comunitario, pero también la historia de lo que ellos traen de su proveniencia con otras comunidades. En esta comunidad debe converger la historia de otras comunidades que ellos han convivido. Vamos a tener un vivido en un solo cause que habla de lo vivido anteriormente y lo que se vive ahora en esta comunidad.

    Historia de familia

         En este trabajo lo que pretendemos es develar los puntos de encuentro y desencuentro, y cómo, en todo caso, se han significado la democracia, desde una práctica totalmente distinta a la moderna. Por eso, teníamos que diseñar un instrumento de investigación que contará con las características de los grupos focales, tales como: (a) que sean grupos, (b) no solo la narrativa de un sujeto, aunque en un sujeto esté la comunidad como sentido.

         El punto de partida es cómo se construye sociedad. La metodología debe encontrar la dinámica que lleva a la construcción de la sociedad venezolana.

    La pregunta es: ¿dónde se encuentra esa dinámica que construye sociedad? ¿Dónde está?

    ¿Cómo develarla a través de un instrumento? Es la pregunta metodológica.

         El grupo focal centra a los sujetos alrededor de un hecho, de una idea, una opinión. Lo que aquí nos toca investigar no es el individuo en sociedad o ante la sociedad, sino que estaríamos hablando de la familia ante la sociedad. Estaríamos hablando de historias de familias dentro de una comunidad.

         ¿Cómo ha sido tu experiencia de familia en esta comunidad? El punto de partida sería la familia en la comunidad pero sin quedarnos en la familia. ¿Cómo ha sido el devenir de la vida de esta familia en esta comunidad. En la narración de ese devenir, de practicar la convivencia, trataríamos de encontrar la dinámica del barrio.

         Eso se asemeja mucho a la historia oral. La historia oral te ubica en un espacio territorial, y en el espacio territorial construyes la historia local. Nosotros no queremos la historia local. Nosotros vamos a partir de los mismos sujetos buscando otra cosa, no nos interesa el transcurrir de los hechos, sino la dinámica que hace posible esos hechos. Pero esa dinámica está siempre en una historia, no está en un concepto. Lo que queremos es que nos narren su historia en esta comunidad.

         Conducir a la gente que nos narre la convivencia y la convivencia siempre va a ser familiar, de familias. En lo familiar está la comunidad. Recuperar la comunidad que no es localidad, y recuperar la familia en ellos.

         Una narrativa de gente que esté en un mismo sitio, que esté conviviendo en un mismo sitio donde se ponga a dialogar a las familias.

         En el sujeto está el sentido total, completo, pero no la dinámica como tal. Aquí estamos tratando de encontrar como ese sujeto prácticó su sociabilidad.

         La historia centrada en la familia permite ver todo el cruce de las tramas.

    Muestra:

         Entonces, no puede ser cualquier grupo familiar.

         Tienen que ser familias bien antiguas de la comunidad, vinculadas entre ellas y distintos miembros de esa familia.

         No tienen que ser todas familias fundadoras de la comunidad. No, familias antiguas en la comunidad.

    Diseño:

         Historias de familias o grupos focales familiares:

         9 grupos, en nueve comunidades distintas, tanto de Caracas, como de Los Teques: Ojo de Agua, La Dolorita, Luz de Petróleo, Las Minitas, El Calvario, Pajarito, La Cruz, Caña Larga y La línea.

         Doce historias de vida de doce políticos de casi todas las tendencias: PJ, AD, COPEI, VP.

    Hallazgos

    Una mirada a la relación modernidad-pueblo desde las organizaciones políticas y comunitarias (Síntesis de una interpretación).

    Organizaciones Autónomas

         Entendiendo que en el barrio hay un modo de organización autónomo, la pregunta que no acompaña sería: ¿cuál es la relación entre la vida cotidiana del barrio y las instituciones externas o cualquier modo de organización propia de la modernidad? Hasta ahora han presentado una relación con las estructuras externas del Estado, no desde las instituciones sino desde la persona.

         La comunidad es muy autónoma. Muy autodeterminadas. No requieren del auxilio del Estado, de la dádiva del Estado. Lo hacen por su cuenta. Hay un desarrollo propio. La gente desarrolla la comunidad desde su propio recurso.

         Lo que narran estás comunidades es el puro esfuerzo personal. El agua, por ejemplo, tardó mucho para llegar. Duró casi 40 años. Tardó bastante. Claro, ellos buscaron soluciones intermedias.

    Mitos que caen…

    Relación Estado-Comunidad/Las mediciones

         La democracia produce mediaciones. En la revolución hubo eliminación. Desde aquí se caen dos interpretaciones de la política venezolana. Una que es la del populismo como forma, y la otra que, es la del personalismo.

         El partido político: La afiliación partidista: No tiene de punto de partida lo ideológico sino lo relacional, tanto en la élite política como en el activista de base.

    Ocho hitos en la interpretación popular de la política

    1. encontronazo

         Modernidad y pueblo se viven como dos externalidades y más que encuentros producen encontronazos, choques, incomunicación. ¿Cómo se encuentran los espacios donde se dan estos encontronazos?

         Tensión, aunque la gente reconoce que el embauamiento de la quebrada fue algo positivo, la comunidad perdió un punto de encuentro entre miembros de ella y visitantes externos a la comunidad.

         “Cuando nosotros cogíamos y nos metíamos debajo del puente y mira, allí había un chorro matriz que mira…. ¡eso es divino!. Ahora no podemos porque Irene Sáez embauló todo eso. Síi, aquí se fue formando, había una señora que tenía un restaurant ahí, que vendían arepas andinas y venía gente de afuera a comer ahí”.

         Hay encontronazo con el dueño de las tierras, pero el estado democrático y la Iglesia fueron importantes para mediar en el conflicto e influir en que el dueño cediera.

         D: Y… se asientan aquí, pero por ejemplo, ajá, estas tierras tenían un dueño, ¿él lo permite… cómo es la relación ahí?

    H1: No. Nunca lo permitió,  inclusive… eh… mandaba la guardia nacional ¿no?, pero igualito la gente aquí afrontaba la cosa y bueno… él fue como… a medida que fue pasando el tiempo fue como cediendo, fue como cediendo y también… y también que  por…  ya con los años… este… creo  que la misma… el mismo gobierno le propuso para que… para bajar impuesto que…

    El poder del gobernante y el estado muy lejano

    • María: ¿No se acuerda abuela? Cuando denunciaron a mi abuelo, con la broma que se había robado unos reales no sé quMarcolina: ¡No!
    • Aurea: ¿Caldera? ¿Carlos Andrés?
    • María: ¿Caldera? ¿Carlos Andrés?
    • Co-historiador: Y la señora no recuerda ¿De qué partido era su abuelo?
    • María: Y ¿De qué partido era mi abuelo?
    • La Morocha: Yo creo que él era de Jóvito Villalba, é, no sé qué más, más o menos ¿Quién era el Presidente de la Republica? ¿No se acuerda?
    • Marcolina: Coño, él era como, eso que llaman oportunista.
    1. Coligar o principio de la relación

         En la política del mundo-de-vida popular venezolano la pregunta sería ¿qué coliga?

         A veces las comunidades se conforman en conveniencia con los dueños de las tierras o un grupo económico vecino.

         “Aquí se vinieron un poco de personas, se metieron en sectores porque se los permitió Luis Roche, pues prácticamente Luis Roche es el dueño de la urbanización y vinieron andinos a trabajar y, ¿a dónde iban a vivir?”

         La familia es el principal elemento integrador, es común que la gente vaya poblando las comunidades por invitación de un familiar que pertenece a la comunidad:

    MUJER 1: Si, los hijos de…, los hijos, los nietos, ¿ve? Se va formando la familia y ya casi el sector estáaaa, está full ya”

         Aquí sí es verdad es que todos nos conocemos, sabemos la familia, que venga, ¡mira el venga que, yo soy de Pajarito! Hasta en la misma cola de los supermercados. Tú de dónde eres, ¿de Pajarito?, ¿vienes tú a decir?, nosotros allá nos conocemos, cada quien y sabemos familia, hijos nietos y todo.

    El compartir en los ratos de ocio, se hace en comunidad:

    HOMBRE: Y ningún tipo de división, por decirte algo, en la primera casa entrando al sector ahí vivía el señor Aurón, él tenía una mesita redondita, sí… Aurión Vásquez, ¿verdad?

    MUJER: Sí.

    HOMBRE 1: Trabajaba en cauchos General o estaba jubilao, allí ellos se reunían, por lo menos el papa de Mary, Homero, ahí se reunían ahí a jugá dominó, si no jugaban dominó, jugaban baraja.

    El baile, la fiesta del fin de semana

    MUJER: ¡Aaaay, no! ¡Eran felices!

    HOMBRE 1: Esta es la vieja metía ahí en esa casa, tomando… esa fue de ahí ¿no? Yo creo que sí, taba con su llavecita en la mano tomándose su cervecita.

    MUJER: ¡Eran felices!, tomando, bailaban. Lo que era viernes, sábado y domingo, bailaban, y después…

    Va llegando y rotando gente

    D: ¿Y fue creciendo, o sea,  naturalmente, o digamos, hubo en algún un momento que llegó un gentío así de golpe o fue poco a poco?

    H1: No, vamos a decir que por los 80 sí, por los 80-90…

    S: Fue creciendo, sí.

    La fiesta como integración

    D: Este… eso más o menos en el 64. ¿Usted cómo recuerda que fuera la vida aquí en, a qué edad llega usted cuando llega acá?

    H1: eran ya los 10… a los 17 años,   a los 18.

    D: ¡Ah! Okey, o sea,  ya podía tener bastante memoria… ¿Cómo recuerda usted cómo era la vida, la convivencia entre la gente?

         Elsy: Sí mi papá iba recorriendo toda Baruta, vivíamos en Santa Fe, vivíamos en Santa Cruz, en Santa Cruz se hizo una casa y vino la quebrada, la corriente se llevó la casa ‘e Tachuela y se llevó la casa de mi papá. Entonces quedamos damnificados, pero ellos nunca quisieron agarrar casa del gobierno, no, entonces seguimos viviendo en Santa Cruz y Tachuela se muda para las minas. Entonces nos volvémos nosotros a mudar para Las Minas, Tachuela vivía en una parte de Las Minas y nosotros en otra. Ellos eran amigos, ¡eran muy amigos! Entonces cuando mi tío Virgilio que era el que sí vivía aquí le dice a mi papá: “mira viene una invasión vengan a agarrá terreno” Sí, mi tío trabajaba en Begoña y vivía en Begoña: “vamos a agarrá el terreno, vamos a buscar terreno” y mi papá se vino, eso fueron varios días y el mismo día que se montó Carlos Andrés Pérez hizo él un rancho de puro zinc.

    LA CONVIVIALIDAD

         Cirila: Yo no sé, pero “Muerto El Toro, esta noche vamos a invadir un pedacito para hacerle una casa”, por decir decir a Magda, pues, y Muerto El Toro buscaba la chícora, el tobo y vamos abrir el hueco y vamos a poner…

    Nanda: Yo llegue en el año 75, yo llegué aquí en el 75, el 27 de octubre de 1975, me acuerdo la fecha clarito, con la barriga de mi hijo y yo, a mí me dijeron fue los Palacios, Dominga Palacios y Florencia que viven para allá, ellos me dijeron: “mira pero deja de estar pagando tanto alquiler, vamos que allá nosotros tenemos”. Entonces yo vengo y me vengo con esa barrigota, agarré terreno al frente de la señora Vila, cuando eso llega la señora Emilia, la colombiana, ella llegó también con 6 muchachitos. Entonces ella agarró de este lado y yo de aquél, pero cuando yo veo veía ese cerro decía ¡Ay Dios mío!

    1. La norma

         Tensión, aunque la gente reconoce que el embaulamiento de la quebrada fue algo positivo, la comunidad perdió un punto de encuentro entre miembros de ella y visitantes externos a la comunidad.

         “Cuando nosotros cogíamos y nos metíanos debajo del puente y mira, allí había un chorro matriz que mira…. ¡eso es divino!. Ahora no podemos porque Irene Sáez embauló todo eso. Síi, aquí se fue formando, había una señora que tenía un restaurant ahí, que vendían arepas andinas y venía gente de afuera a comer ahí”.

    El partido

         Hay un cambio, donde coinciden ambos relatos, ambos mundos, un quiebre de mentalidad. Hay algo interesante que se da en ambos mundos.

         Es bueno cuando terminemos explorar con Elina y Juanita, porque en ellas no sale el conflicto entre lo que ellas quieren hacer y el partido, en cambio, en Vladimir sí. Una es copeyana y la otra adeca, pero en ningún momento sale algo que las conflictúe con lo que ellas hacen en la comunidad. Ellas acentúan que lo primero es su comunidad. Pero, en ningún momento sale que el partido les impuso una línea.

         El multipartidismo en Venezuela nunca fue un problema. Podían tener ideas distintas pero la persona era la persona. El partido no les imponía líneas, entonces, ¿cómo vivían su militancia? ¿Qué sentido tenía fueran adecas o copeyanas?

    El municipio como poder autónomo

         Se da una redistribución político-territorial. Surgen después los municipios como surgieron. Pero, también, hay que replantearse y repensar una política-territorial. El municipio Sucre es un país.

         Catia sola debería ser un municipio.

         En la teoría del municipalismo estaríamos hablando de casi 15 o 20 municipios. Ahora, si queremos ajustar el relato de Vladimir con lo que ellas van narrando, esa renovación no se ve en nada en lo que ellas están narrando.

         Porque el municipalismo europeo lo que dice es que es la cercanía tanto física como personal lo que acerca el Estado a la persona

    El partido: penetración social

    El voto ¿mediación?

         Pero también hay la incorporación de un elemento, que es el elemento del voto. Ahí, hay una reingeniería, una reestructuración de la democracia. Cuando empiezas a meter la idea del voto en la comunidad estás planteando una reforma mucho más profunda. De eso habla Vladimir y de eso hablan estas mujeres. Ahí hay un cambio. Tal vez con una visión muy externa. Porque el sentido de la asociación termina siendo muy externa, pero sí va a plantear una modificación que coincide con Vladimir. A lo mejor, en Vladimir, los políticos no entendieron el sentido más profundo de la política que las comunidades podrían estar viviendo en ese momento, y le impusieron un modelo que le era ajeno. No se dieron la libertad de pensar que había una manera distinta y, que a lo mejor potenciando esa manera propia de la comunidad, también hubiesen dado un sentido distinto a la democracia, que era muy importante en ese momento.  No lo hicieron y no supieron hacer la lectura. Pero, si hay una modificación en ambos, en ambas estructuras de vida.

         El voto los coloca en una racionalidad que está, incluso, en su forma de organizarse. ¿Por qué? Porque los ubica en hacer distinciones y plantearse a las personas de otra manera, que no era como hasta ahora se habían organizado. Por ejemplo, decidir quién estaba a cargo.

         La descentralización y la uninominalidad: Posibilidad truncada de renovación de la democracia.

    Primeras manifestaciones de la “antipolítica”

         En el año 1988 la antipolítica estaba comenzando, tú podías ver que había gente que por iniciativa propia ponía en jaque a los partidos. Al día de hoy todo el sistema que elaboró Chávez tendía a la partidización, de ellos y de la oposición. De tal manera que las iniciativas propias fueran cercenadas. Yo los invito a que ustedes vean y me consigan un alcalde, un concejal, un diputado elegido por iniciativa propia, por iniciativa propia. (Petit, p.1)

         Los militares, punto de inflexión en la democracia. “La agenda ciudadana era diametralmente distinta a la agenda del partido”

    Clientelismo político

         El movimiento no es de participación con las comunidades. El movimiento es de ir “yo iba a las comunidades”. La política no es recoger un trabajo de construcción junto a las comunidades. La política es, sí estar con el más necesitado. Ese es el papel del político, estar allí. Pero el ciudadano no tiene que ser sujeto de la política.

    El desencuentro:

    • El partido al dejar de ser mediación y pasar a ser objetivo y centro de la política, se desencuentra con el pueblo.
    • La mediación del partido y del dirigente político al no pasar a ser representación de su electorado, sino solo bisagra entre dos mundos-de-vida, también deriva en desencuentro, que termina en la fractura de la democracia.

    El Alejamiento-distancia física.

         Que Ojo de Agua, formaba parte de la alcaldía de Petare es interesante. La estructura política estaba pensada para alejarte, la dinámica política personal los acercaba.

    Algunos modelos de liderazgo

  • El electrón libre, ¿límite del Poder Comunal?

    Mirla Pérez

    .ugb-7739578 .ugb-image-box__item1 .ugb-image-box__image{background-image:url(https://centrodeinvestigacionespopulares.org/wp-content/uploads/2020/11/pedestrians-918471_1920-1024×683.jpg)}

    @mirlamargarita

    Frente al Estado Comunal, ¿podemos hablar de debilidad, límite o fisura? Las tres categorías pueden servir para mostrar que el chavismo es una estructura en movimiento, sin protección antisísmica, pero planificada, diseñada, programada.

    Este reconocimiento no lo hace ni más fuerte ni más débil, simplemente es la constatación de que existe, está ahí, con su naturaleza y su historia. Negarlo u omitirlo no lo hace ni inexistente ni frágil. En nuestro trabajo de campo, tenemos el relato de un militar retirado, hoy perteneciente a la milicia, él hace la siguiente afirmación: “ganar¡…es un trabajo!, lo que pasa es que la gente cree que estos son unos bates quebrados, que ganan elecciones porque Chávez tenía una varita mágica, y no. ¡Esto es un rolo’etrabajón! Pero como los opositores no le paran bola a eso, ¡esto para ellos no existe!” y continúa diciendo: “La oposición ha subestimado siempre a Chávez y lo subestima…”

    Este es parte del problema, no reconocer la realidad que tenemos en frente. El régimen y sus seguidores lo advierten, lo saben y, en medio de la debilidad, esta incredulidad los hace fuerte porque en el fondo hay la creencia de que son incapaces.

    Mientras escribo estas líneas, llega a mis manos el último artículo de Monseñor Mario Moronta, quien llega tarde a la ubicación e interpretación del Estado Comunal; él lo piensa como proyecto, nosotros, en el Centro de Investigaciones Populares,lo hemos encontrado en nuestros estudios, en pleno ejercicio y consolidación. Destaco que coincidamos, por lo menos, en su existencia.

    De todo el artículo titulado: “De cara a lo que nos viene…” con sus puntos suspensivos, me detengo en este párrafo: “De esto no hablan los sabios politólogos venezolanos, acostumbrados a estudiar lo que según ellos son las raíces y las consecuencias, los movimientos de la política, etc… Pero todo esto lo obviaron: o porque no les interesaba, o porque no le dieron mayor importancia, o porque no entendieron cuáles eran las intencionalidades del régimen (y creo que hay mucho de esto).”

    Junto a las palabras de Moronta, resalto dos calificativos que hace el militar retirado: no existimos, nos subestimas…Esto me lleva a la necesidad de reconocer que estas estructuras existen, no se puede pelear contra un fantasma, la debilidad del Estado Comunal y del chavismo pasa por la comprensión de su naturaleza y el reconocimiento que el mal que llevan por dentro no es un accidente sino su esencia.

    Me sirvo de una pregunta de monseñor, fundamental a mi entender: “¿Por qué los politólogos, si de verdad sintonizaban con la sociedad venezolana no se dieron cuenta de ello?” El problema es que siguen pensando desde fuera, no nos reconocemos en nuestra historia y particularidad. El mal es impensable, pero a 20 años de su puesta en marcha estamos obligados a entenderlo, eso sí.

    ¿Seremos capaces de hacer epojé e interpretar lo que sucede en el aquí y el ahora del venezolano dominado por un sistema que ha sido diseñado para el sometimiento y la eliminación?

    Con toda claridad lo dice el miliciano: “… yo tengo mi Jefe; yo me subordino al Municipal y el Municipal se subordina al estadal y el estatal se le subordina así y así, hasta el Presidente de la República. Tú no puedes andar como un electrón libre. Esta vaina es militar, esto es una estructura militar.”

    Estructuras claras, marcada por la razón militar.Ni el hambre,ni la tragedia humanitaria, ni la eliminación del valor del trabajo son atribuibles a la incapacidad e ineficiencia. No. Se trata de una revolución y del establecimiento de un nuevo orden. La obediencia es su sangre, ya no hay líderes comunales sino jefes, pero, como lo dice el miliciano, el electrón libre existe, ¿será su debilidad?

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