El saber frente al dominio: De vuelta a la universidad (III Parte)
Los sistemas totalitarios se sostienen en la mentira, permiten la adecuación y manipulación, puntales importantes para permanecer en el poder. Por ejemplo, al normalizar y justificar el arreglo del patrimonio de la UCV, pero ¿a quién se le debe su destrucción? La autora plantea de manera clara y determinante la importancia de la vida académica-universitaria frente al “poder” del poder, que discurre sin límites obviando los condicionamientos democráticos de los cuales carece. Ya sea tanto en el mundo político como el académico, ¿toca discernir cuáles son “nuestros espacios” para obligarlos a que estos sean reconocidos? Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará… Los hilos del poder son imperceptibles, son tensados por estructuras difíciles de constatar, porque su impulso no está en la superficie, sino en el fondo oculto. Su fuerza es esquiva, engañosa, especialmente si el poder discurre sin límites, el caso que nos ocupa es el poder totalitario, que no tiene condicionamientos democráticos, ni demarcaciones externas ni internas. Poder absoluto. Un poder como este pone en peligro la vida misma, salvarla requiere desafíos más allá de lo convencional. Seguimos pensando la universidad, colocamos en diálogo la vida académica-universitaria, nuestras vidas en ella, añadiendo el aporte foucaultiano respecto a la relación entre los intelectuales y el poder. Estamos en un camino tremendamente desafiante en el descubrimiento de la verdad y el poder. Continúo aquí la interpretación centrada en la universidad. La verdad del dominio y la mentira de la impostura Los sistemas totalitarios se sostienen en la mentira. Su naturaleza es velada, oculta, bajo la sombra ejercen el sometimiento junto a la eliminación. La impostura es la línea que conduce la acción. No hay verdad, sin esta se construye una narrativa favorable para mantenerse, permite la adecuación y manipulación, puntales importantes para permanecer en el poder. Quienes trabajamos con la verdad, con el acontecimiento, con la vida, no es fácil tragarnos la mentira. Un investigador, un intelectual hurga en la apariencia hasta develar su esencia. Hasta encontrarnos con la verdad de su estructura, eso hacemos en la casa que vence la sombra, que vence la mentira y la impostura. El papel del intelectual es vital en la búsqueda de los hilos que sostiene la trama de un determinado poder. ¿Qué nos pasó?, ¿dónde dejamos el impulso que nos lleva a la verdad? La vida en la verdad parece hoy un proyecto por conquistar. “El poder real está en la persona, en las redes, en los nudos relacionales, en las comunidades, no en las estructuras ni en los aparatos de gobierno” Mientras la mentira domine, mientras el rey circule desnudo inadvertido, naturalizado, mientras el régimen acomode las fachadas destruidas de la universidad y no se produzcan las voces que develen la verdad que lo sostiene, no somos peligrosos, somos sujetos de un campo fértil para el sometimiento. Lo que digo tiene la fuerza de la vivencia, la verdad del acontecimiento y la práctica, no constituimos peligro para el régimen cuando nuestros pasos van por el camino que marca el poder establecido; en este sentido veo muy oportuna la interpretación foucaultiana: “El intelectual era rechazado, perseguido en el momento mismo en que las «cosas» aparecían en su «verdad», en el momento en que no era preciso decir que el rey estaba desnudo”.Lo coloco en futuro: El intelectual será rechazado, perseguido… cuando sea capaz de decir y actuar según la verdad. En la verdad se devela la debilidad del otro, la debilidad del sistema, sus manos de hierro y sus pies de barro, pega duro, pero sin soporte. Una pregunta se levanta firme: ¿En dónde radica su poder? “El intelectual decía lo verdadero a quienes aún no lo veían y en nombre de aquellos que no podían decirlo: conciencia y elocuencia”. Pregunto en presente, ¿cumplimos hoy este papel los intelectuales?, ¿son nuestras universidades el recinto de la verdad y actuamos en consecuencia?, ¿argumentamos desde la incómoda y riesgosa verdad o resistimos solo como mecanismo de sobrevivencia sin que implique que nuestra acción y pensamiento sea un peligro para el statu quo? El dominio es la verdad, pero el discurso que lo sostiene es falso, el ropaje débil parece fuerte, tiene una apariencia indestructible, cuando dejamos de creer en su dureza vemos como cae a pedazos; elemental, no le creímos, no le validamos, eso suma, aunque sea en pequeñas acciones. Las grandes mentiras caen cuando no son creídas en sus pequeñas realidades, verbigracia, las elecciones. “Buscan la homogeneidad y nosotros la diversidad, dos caminos irreconciliables, opuestos, que atentan contra el sometimiento diseñado en el poder establecido” Hay prácticas funcionales al sistema, en la universidad la idea gremial encierra la lucha, pone a los factores internos a pelear, se queda en lo justo o injusto de los hechos acontecidos intramuros. Se cierra la posibilidad de ver el mal radical que está fuera de los factores de poder interno, aunque a lo interno lo reproduzcan. Son estas las redes de poder que son más fuertes que el régimen mismo, son, en últimas instancias, las que lo sostienen. Contra las formas de poder ¿Desde dónde nos planteamos la lucha contra el poder? Para la universidad, universitarios e intelectuales es una pregunta esencial. “Existe un sistema de poder que obstaculiza, que prohíbe, que invalida ese discurso y ese saber”. Continúa argumentando Michel Foucault, lo invalida desde dentro, es una impostura que se hace postura en ciertas capas de la sociedad. Al parecer nosotros, académicos e intelectuales damos cuerpo a esa capa. Lo que diré a continuación, lo destaco porque es una verdad entendida pero no asumida, no terminamos de creer la potencia del mal, en su contra evidencia, en su soterrada y sutil redes de poder: El “poder que no está solamente en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad”. De los grupos, de las instituciones, de las instancias académicas. El control se hace uno con las estructuras preexistente, las doblega, hace normal lo que en absoluto lo
