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La impensable pobreza en Venezuela

Autor: Mirla Pérez Hace un poco más de 30 años, más o menos, era activista política y educadora popular. Me desempeñaba en un barrio de la zona sur de la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, un cinturón poblacional económicamente muy deprimido. El diagnóstico hecho en la comunidad donde residí y trabajé fue de pobreza. Una pobreza definida por la deficiencia de los servicios públicos: agua, luz, vías públicas de arena, salud y educación. Se trataba de un barrio en formación. En Venezuela, los barrios nacen de modo espontáneo, en su línea histórica primero se produce la organización de los pobladores, luego hacen una distribución del espacio, se levantan los ranchos, en ellos habitan madres y niños. Los hijos jóvenes y padres sólo apoyan en la construcción de la casa (cuando se trata de terrenos baldíos), una vez que se gana estabilidad comienza a hacerse mejoras en las viviendas. Lo que marca el surgimiento del barrio es el trabajo que produce los recursos económicos y el trabajo en la construcción de la vivienda, que se asocia con la estabilidad de la familia. Los materiales de las viviendas variarán, según el trabajo y recurso que se invierta en el lugar. La casa se convierte en un proyecto familiar. El sello que imprime este proceso -más que el de la pobreza- es el del esfuerzo, el proyecto familiar, trabajo y el sueño de tener, finalmente, una propiedad privada, una propiedad familia. El principio del progreso es la propiedad y, para ello, se invierte en trabajo, así se va superando la pobreza que más que una identidad es un estadio superable. El barrio gana estabilidad cuando tiene agua regular y tendido eléctrico, y los caminos comienzan a ser caminerías de concreto, escaleras o calles asfaltadas. La gente progresa y la función del Estado fue acompañar y favorecer la convivencia, facilitando la instalación de estos servicios. A diferencia de una urbanización, el barrio es primero gente y luego estructura, servicios y distribución espacial. Lo cierto es que la “pobreza” era una etapa superable en la vida de una comunidad. Lo que quiero destacar, con toda esta experiencia, es que la pobreza en la democracia es cualitativamente distinta a la pobreza en la revolución socialista. Antes, la pobreza se trataba de limitaciones en la obtención de algunos recursos, servicios públicos deficitarios, vías públicas en construcción, pero no me viene a la memoria ninguna experiencia de hambre. No hambre generalizada, sí hambre en algún núcleo familiar. Es decir, había sectores de la población con limitaciones económicas puntuales, pero teníamos colegios, una red de salud pública eficiente y muy bien extendida, etc. La democracia había sido garantía de bienestar. Razones para luchar y emprender proyectos sociales y populares había de sobra, pero en unas condiciones económicas no muy precarias. Hoy estamos en lo que podemos llamar: la impensable pobreza. Una pobreza que nos agarra desprevenidos. El bienestar se detuvo en el tiempo, el país dejó de ser pensado y proyectado, al punto que se convirtió en caldo de cultivo para que pudiera nacer un proyecto socialista totalitario, como el que hoy ha madurado entre nosotros. La pobreza no sólo comenzó a ser pensable, sino vivible, ya no es la carencia que puntualmente puede tener una persona o grupo de una comunidad, se trata de una pobreza en la que se nos viene encima todas las instituciones. Una pobreza que se exhibe en los hospitales, no sólo en sus edificaciones, sino en todos sus servicios; en la imposibilidad de conseguir medicamento no sólo por el costo, sino porque simplemente no hay, no se compró a los proveedores; no se produjo en el país porque los laboratorios cerraron, porque fueron insostenibles en un régimen que expropió todo lo que no le pertenecía. La consecuencia es que no tener medicamentos implica la muerte. No es un material suntuoso, sino necesario e indispensable para la vida. La impensable pobreza comienza a determinar la vida como nunca, pasamos por las largas colas para comprar comida, hasta llegar al punto en el que, sencillamente, no se puede comprar y, en consecuencia, no se puede comer. Ya se trata de hambre. El hambre que no puede ser combatida por la solidaridad entre convivientes, porque el déficit de alimentos nos llega a todos. Hemos entrado en la peor de las pobrezas, no es solo carencia de recursos de algunos pocos, sino la carencia que se extiende a todos. La solidaridad es cada vez más limitada. El problema más grave es vivir este estado de pobreza generalizado, inserto en un sistema totalitario, en un régimen cuyo horizonte está centrado en el poder aunque implique la muerte, la eliminación, la fragmentación territorial y su consecuente pérdida del territorio. ¿Tendrán claras las élites los grandes retos de la Venezuela comunista en la que la democracia es solo un instrumento vacío, carente de significado para los que mandan?

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Alexander Campos: El Gobierno interino y EEUU no conocían a qué se estaban enfrentando en Venezuela

Texto y fotos: Vanessa Davies 14 junio, 2021 “No es lo mismo unas conversaciones de transición hechas con un dictador, que hechas con una estructura criminal”, opina el investigador del Centro de Investigaciones Populares y profesor de la UCV. En el país, sostiene, hay gobernantes cuyo comportamiento es el del malandro estructural. A su juicio “no hay un espacio en el que esta sociedad esté libre de la dominación, y esa es la búsqueda de todo régimen totalitario”. Pero al mismo tiempo, afirma, la gente quiere luchar: “Lo que uno ve son ganas tremendas de la gente de organizarse, una disposición a hacer política, pero no a hacer política de tontos o políticas que le haga el juego al régimen, sino políticas desestabilizadoras del régimen, políticas que vayan dando el golpe certero y no palos de ciego”  Alexander Campos es un hombre de palabra. De palabras, mejor dicho, bien estudiadas en los libros que flanquean su escritorio. Pero también es un hombre de hechos. Cuando habla de dominación no solo es porque la ha analizado, sino porque la observa en su vida de barrio. Investigador del Centro de Investigaciones Populares, Campos mantiene que el Estado está tomado por estructuras criminales, y que por eso las negociaciones tradicionales no funcionan. “En el recorrido histórico de los estados totalitarios nunca se había dado esta particularidad que nosotros tenemos. Es una situación inédita”, afirma, y la compara con la desaparecida URSS: “El Politburó de la Unión Soviética de alguna manera tenía el dominio del asunto”. ¿Cuál es el Politburó de Venezuela? “Jajajajaja… No lo sabemos”, responde. -¿Estamos en un Estado totalitario, un régimen de terror que copa toda la vida de la gente?  -Cuando uno hace revisión de la vida cotidiana de la gente no podemos decir otra cosa. ¿Qué espacio de la vida hoy no queda bajo el control del régimen? Revisemos. Si usted necesita agua, necesita comprarles a las grandes cisternas manejadas por ellos, o usted necesita ponerse de acuerdo con alguna de las estructuras comunales que dominan eso para poder usted tener agua. Pero también si usted necesita gas, si usted necesita comida, tiene que depender de la estructura de distribución de ellos, porque resulta ser que usted no gana ni 2,8% de la cesta básica, y lo poco que te da el Estado viene por sus estructuras. Si usted necesita algo referido a la salud, aparte de las iniciativas del sector privado, las ONG o las organizaciones de apoyo humanitario, el resto depende de ellos. Es decir, aparte de la intimidad de la vida en la familia, aparte de la intimidad de la vida en la pareja, parece ser que no hay espacio en el cual ellos no pretendan intervenir. -¿Intervenir para qué? -Para colocar sus gustos, para colocar sus deseos, para orientar tus deseos, para orientar tus gustos y para que dependas de ellos. Esa es la orientación. No para generar autonomía del sujeto, no para que el sujeto se mantenga por sí mismo, sea sujeto de sus decisiones, sino para que el sujeto acople sus decisiones con las decisiones del Estado. -¿Para qué?  -Para mantenerse en el poder. No es poca cosa. Si profundizamos evidentemente el mantenimiento en el poder no es lo mismo en unos regímenes, que en otros. A mi entender, en esta estructura criminal mantenerse en el poder significa desarrollar el impulso natural del régimen, que es el impulso a la dominación. El poder para el régimen no es para lucrarse solamente, que se lucran. Al igual que el malandro estructural no busca como único impulso el lucro, el tener más, sino el someter más; de ese modo ellos han cometido ese impulso en un sistema, y hacia allá van. Por eso aquellos que pretendan encontrar en el dinero, en el lucro el último motivo y el último impulso de ellos, se van a encontrar con que, igual que el asesino estructural, eso no es lo que los mueve. -¿Tenemos gobernantes que su comportamiento es de malandro estructural?   -Y no solamente eso, sino que han hecho del régimen una estructura criminal, que es distinto de usar la estructura gubernamental, la estructura del Estado para cometer crímenes. -¿Estamos en la primera?  -Estamos en el Estado hecho estructura criminal. Lo que a mí me preocupa es que las interpretaciones de aquellos que llevan adelante las estrategias y el modo político de entendernos como nación piensan que el régimen es solamente una banda de delincuentes diseñando un Estado que les favorece sus fechorías y sus intereses. No es solamente así. Esto va más allá. Es un Estado que está pensado y está hecho estructura criminal, y hacia allá dirige toda la burocracia, toda la estructura. -¿Lo ve en zonas populares o en toda la sociedad?  -Es verdad que la señora de mi barrio que no tiene mayor defensa, y no tiene siquiera para comprar un mercado, es muy indefensa y tiene pocas herramientas para desarrollar su vida. Sin embargo, eso no significa que allí se detenga el control del régimen; solo que lo modifica. -¿Cómo es? Pareciera que se domina más al que menos posibilidades tiene.  -Se domina de otra manera. Es la misma dominación que viven los grandes terratenientes y los grandes industriales de este país cuando no pueden producir ni siquiera uno solo de sus productos sin depender totalmente del régimen. Lorenzo Mendoza, con todas sus estructuras empresariales, hoy no tiene la independencia que podía tener en otro momento para desarrollar su trabajo. -Hay espacios de autonomía.  -Individuales. El espacio de autonomía que le puede dar agarrar un avión e irse. De lo contrario, depende solo de lo que dentro de la estructura criminal se le permite. Él podrá hacer un bonche, podrá tener una fiesta a la cual invitar a su gente y podrá comer todo lo que quiere, pero no es libre de desarrollar aquello que pone en peligro al régimen. -¿Es transversal?  -Es transversal a toda la sociedad. No hay un espacio en el que esta sociedad esté libre de

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El poder del «entre»

Autor: Mirla Perez El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. Para el chavismo su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. Suprimir el viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto. Hoy tenemos un país fragmentado, y lo podemos entender con las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? ¿De qué se trata? El entre lo vamos a entender aquí como el espacio de la relación, de la vida social, del mundo en el que somos y vivimos. Toda cultura produce una particular manera de vivir ese espacio público, ese lugar de encuentro, ese punto de confluencia. En Venezuela predomina la cultura de la convivencia, el “homo convivalis”, denominado, así, por Alejandro Moreno. Este convive es ya un acontecimiento fuera de la individualidad, su punto de partida es vivirse en otredad. Esa es su identidad. Ese es su punto de partida. La narrativa cotidiana nos lleva a ese encuentro, en la historia de vida de Felicia, madre popular venezolana, nos encontramos con la siguiente afirmación: “Mis hijos me tuvieron a mí, y mis hijos me tienen a mí”, pasado y presente, convivencia que se mantiene en el tiempo. De la madre emanan los hilos afectivos que van tejiendo una trama que primero es familia y luego comunidad.   “Ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal” Difícil separar lo público de lo privado o, mejor dicho, difícil pensarlo de modo separado en Venezuela. El entre habita la humanidad del venezolano porque está hecho de convivencia, la madre urde la trama y en ella está la comunidad, espacio concreto de la relación siempre abierta al otro. En la calle se produce el encuentro, pero también la política. Ni la solidaridad, ni la fraternidad, ni la convivencia son prácticas extrañas, están ahí y se manifiestan de continuo. El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. La modernidad democrática favoreció el encuentro, pero no detuvo otros tantos desencuentros. No ha sido una convivencia armónica, sin embargo, nos las arreglamos para integrarnos como país. En la pluralidad y en la diversidad convivimos. La oscuridad de un proyecto En cambio, hoy, el chavismo, proyecto totalitario, oscuro, como lo denominó Arendt, sí parte de la eliminación. Su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. Este es un sistema que no hace política, sino que somete. No parte de la pluralidad, no lidera, manda y obliga a la obediencia, por eso sus estructuras están compuestas por jefes. ¿Cómo se puede ser jefe de una comunidad? El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. La eliminación tiene los colores de la muerte en todas las estructuras: Eliminar la persona, la identidad, la cultura, la comunidad, la convivencia, la institucionalidad. Parte de la erradicación del viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto, ni acuerdo sólo se impone. “¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?” Hay una aproximación que hace Stéphane Courtois (1997), al hecho de la eliminación en los países comunistas, y lo dice de la siguiente manera: “En cada caso el objeto de los golpes (muertes) no fueron individuos sino grupos. El terror tuvo como finalidad exterminar a un grupo designado como enemigo que, ciertamente, solo constituía una fracción de la sociedad, pero que fue golpeado en cuanto tal por una lógica genocida. Así, los mecanismos de segregación y de exclusión del totalitarismo de clase se asemejan singularmente a los del totalitarismo de raza. La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la raza pura, la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa”. La revolución comunista venezolana, se bifurca en dos caminos: El colectivismo, desde lo conceptual e ideológico que implica la supresión de lo privado como concepto fundamental para la vida y para la propiedad; y el camino del “crimen de masa constituido en un verdadero sistema de gobierno”. ¿Cómo entiende la política el chavismo? Como la práctica del sometimiento y desidentificación cultural e histórica. Eliminación del mundo tal como lo hemos vivido y pensado, supresión del encuentro libre de la vecindad. Por eso ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. ¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?, ¿vemos como se metió en nuestras casas, en nuestras vidas, en nuestras comunidades? “El reto para la oposición es enorme, como lo es, también, para la sociedad y la cultura, (…) para poder identificar el momento”   El sistema eliminó la democracia, implementó la estructura comunal y ahora está legislando para dar soporte legal a lo que constituye su gran proyecto. ¿Se contradice esto con el componente criminal? No. Ya la humanidad lo ha vivido, “… todas las declaraciones en el tribunal de Núremberg insistían en una de las características mayores del crimen contra la Humanidad: El hecho de que el poder del Estado fuera puesto al servicio de una política y de una práctica criminales”, nos dice Stéphane Courtois.  El Estado Comunal sostenido territorialmente en las Zonas de Paz y en el Sistema de Organización Territorial de la Unidades Populares (SOTU), nos lleva a pensar que está al servicio del partido único y de las organizaciones criminales. Tenemos un país fragmentado, su fragmentación favorece el proyecto centrado en jefes de zonas que dominen los negocios regionales. Esta “institucionalidad” que le sirve al crimen organizado, la podemos entender bajo las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? Salidas radicales En este sentido Arendt ubica

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El vacío

El dolor se ve en el rostro de los vecinos de La Cañada, estado Zulia. Son innumerables las historias que se cruzan en nuestro camino, voces del vacío que van quedando en la vida de cada madre que se le arrebata un hijo. En el vacío de un pueblo cuyas calles viven de la soledad. Migración, extorsión, sicariato, ajusticiamientos, expresiones que suenan duro cuando vemos el cuerpo caer o vemos los pies sangrantes del caminante. Me detengo, brevemente, en el relato de Carla, cañadera y testigo del sufrimiento forzoso de un pueblo que tiene que huir de la muerte. “Cambió la comunidad. Cambió muchísimo la comunidad, una comunidad muy alegre, se convirtió en una comunidad muy sufrida, muy dolida. Quedamos muchas mujeres sin hijos y sin esposos. Prácticamente La Cañada ha quedado muy sola, luchando sola por la vida y por lo que le queda del resto de familia. Agradecida como mujer, porque conservan la vida de la mujer, respetan al menos eso. Pero no les importa la edad, no les importa religión, no les importa ¡nada! He quedado sin vecinos, prácticamente, los vecinos del frente, a las mujeres les han matado sus hermanos, sus esposos, sus hijos”… Yo lo llamo efecto bélico. ¿De qué guerra se trata? ¿En qué consiste esta ocupación? Somos una sociedad en conflicto de una naturaleza muy particular: político-delincuencial, con guiones, para expresarlo, en una palabra, en una experiencia, en un acontecimiento vital. Esto es para Carla: vacío, soledad, dolor. Muchos pueblos, en el interior del país, están quedando vacíos. Este es el caso de La Cañada. El Observatorio de Violencia registró 239 muertes violentas el año 2020, sobre una población de 110.000 habitante, fue el tercer municipio más violento del país. Acá presentamos número y relato. Los números retratan una realidad, el relato lo ubica en la vida. Estos números tienen rostros, tienen familia, hay una historia detrás de cada uno. Carla es parte de esta historia y nos la cuenta. El vacío de La Cañada lo produce la muerte y el desplazamiento forzoso. No es poca la cantidad de muertes violentas y los efectos colaterales de estas muertes. Las casas solas, la soledad de las abuelas con los nietos, la gran cantidad de familias que han tenido que huir a otros lugares del país y fuera de él, el miedo permanente a ser eliminados ha ocupado la vida. ¡Ocupación! Parece ser la palabra que más encaja, la que logra explicar lo que sucede. Territorio ocupado por la violencia organizada sin presencia de un Estado Social de Protección. Las fuerzas policiales están al servicio de la dominación “Comunal” y en alianza abierta con la delincuencia. La migración se nos va presentando por distintas razones y a los más diversos lugares. En el artículo pasado nos acompañó en ese camino doloroso Yonma, quien atendió el parto de una caminante. Niños que nacen en la calle, sin patria, sin identidad. Desplazados por el hambre y la violencia. El rostro trashumante, continuidad o prolongación de lo que ocurre en La Cañada, somos el producto de la ocupación y la pobreza extrema. ¿Podemos, como sociedad, superar estas condiciones? Solo sí empezamos a llamar las cosas por su nombre y nos convertimos en irreverentes frente a la mentira. Lo que parece indestructible se resquebraja cuando somos capaces de desobedecer. El ímpetu de la insumisión es el legado de las comunidades humanas que desintegra el poder de quien “domina”. Sin sumisión no hay sometimiento. La gran pregunta, ¿cómo liberarnos en un territorio ocupado? Este desafío se lo dejo a los políticos, las comunidades buscan salidas, aunque implique prácticas poco convencionales. *** Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores. De la misma autora: Caminos de dolor: historia de una joven desplazada

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Estado comunal o dominación

MIRLA PÉREZ Y ALEXANDER CAMPOS FEB 22, 2021     ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO Esta serie está hecha de voces que nos cuentan historias, vivencias que discurren en el conflicto, en comunidades que son llevadas apresuradas a experimentar lo que no pudo ser imaginado hace unas décadas. Historias que se cruzan, se encuentran, se sobreponen y hacen caminos en una Venezuela en la que se lucha por la libertad. En el Centro de Investigaciones Populares venimos estudiando, desde 2019, un tema que nos ha permitido comprender y dimensionar el conflicto: el Estado Comunal y su sistema de dominación. Un régimen que rompió las ataduras de la democracia para poder someter sin límites. En nuestro estudio, lo fuimos denominando postdemocrático, con rasgos totalitarios.  En la medida que la investigación fue avanzando, los primeros rasgos se fueron convirtiendo en características más definidas sin llegar a conclusiones. Y para no quedar atrapados en las viejas categorías del análisis político sobre el poder que nos inhabilita, para poder comprender el particular modo del ejercicio de la dominación que se practica hoy en Venezuela, hemos asumido una posición epistemológica centrada en la novedad. Estamos haciendo la historia y, en ella, documentando “El Capítulo Venezuela” de los denominados totalitarismos. Como toda historia es vivida por hombres y mujeres, esta serie la contarán dos mujeres: Carla y Carmen. Voces maternas, vivencias femeninas del conflicto. Carla es la cara del dominio y Carmen el sello de la dominación, juntas simbolizan la cara y el sello de la moneda del totalitarismo venezolano.  Carla es cañadera, vive en un pueblo del estado Zulia que se originó en tiempos de la Colonia, son 237 años de historia compartida. Fue un pueblo tranquilo, próspero, que vivió de la pesca, del petróleo y la agropecuaria. Hoy está amenazado con desaparecer por la violencia y la migración.  La soledad y el miedo se respiran en sus calles. Dos son las principales razones de este éxodo sin precedente: la económica (hambre, falta de trabajo, cierre de comercios y producción) y la violencia (extorsión, sicariato y ajusticiamientos). Esto es, desplazamiento forzoso por hambre y violencia en el marco de un régimen que desmontó todo atisbo de protección del Estado y se instaló en la dominación comunal.  A través de la historia de Carmen, una mujer de la comunidad de Caucagüita, en el estado Miranda, nos adentramos en la más engañosa de las instituciones de esta estructura de dominación: la Milicia Bolivariana. En el imaginario de la opinión pública nacional, la milicia es representada a través de esas ridículas figuras de ebrios que, vestidos con su particular uniforme marrón, se quedan dormidos en cualquier acera pasando la borrachera que han cogido en alguna de las innumerables marchas a las que están obligados a asistir. Esa es la imagen que el régimen quiere que nos hagamos: que banalicemos este mecanismo porque así no se le presta la atención que se debe tener a uno de los instrumentos más peligrosos de sometimiento, porque es aquel que usa el régimen para estar más cerca de las comunidades, para ser sus ojos y sus oídos en las comunidades. Es lo más cerca de las comunidades que el poder ha podido llegar, hasta ahora, en su proceso de dominación. Con Carmen nos damos cuenta de que se trata de toda una estructura a la que han dedicado mucho esfuerzo desde hace ya bastante tiempo. Una estructura con códigos, símbolos, normas de comportamiento y fines, destinados a formar sujetos en lo que para el venezolano es lo más rastrero del sometimiento: el sapeo, la delación. El régimen ha intentado varias veces, desde sus primeros años en el poder, instaurar esta figura. No había tenido buenos resultados porque, al hacerlo de forma abierta, se tropezó con el rechazo generalizado de la población. Sin embargo, a tropezones, ha ido consolidando esta figura del miliciano, mimetizándola con el ridículo. Ha sido muy exitoso con esta estrategia en muchos otros campos y momentos. Estas historias de Carmen y Carla que hoy presentamos son una recreación de las historias de vida que, como herramientas de investigación, nos han servido de soporte en el trabajo más amplio de comprensión de esta estructura de dominación llamada Estado Comunal. Con base en los testimonios recogidos por nosotros, La Vida de Nos, en alianza con el Centro de Investigaciones Populares, encomendó a las periodistas y narradoras Milagros Socorro y Albor Rodríguez la confección de las historias que aquí presentamos como una forma de honrar a nuestro fundador, Alejandro Moreno, quien nació un día como hoy, 22 de febrero. Carla solo quiere estar resguardada un día más Yo no nací para que me mande nadie

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¿Elecciones? Otra vez…

Frente al Estado Comunal, ¿podemos hablar de debilidad, límite o fisura? Las tres categorías pueden servir para mostrar que el chavismo es una estructura en movimiento, sin protección antisísmica, pero planificada, diseñada, programada.

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Poemas de Alejandro Oliveros

Frente al Estado Comunal, ¿podemos hablar de debilidad, límite o fisura? Las tres categorías pueden servir para mostrar que el chavismo es una estructura en movimiento, sin protección antisísmica, pero planificada, diseñada, programada.

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¿Autodeterminación de los pueblos?

Idea hasta ahora más abstracta que otra cosa aunque se proclama como principio de valor internacional (y así debería ser), si bien nunca ha sido incluida oficialmente en la lista plenamente aceptada de la “Declaración de los derechos humanos”, supuestamente universales. Quizás, precisamente, porque sería un derecho social o de todo un pueblo y no individual. Los derechos sociales están todavía muy por debajo en importancia y aceptación de los individuales. Ahora bien, este sustantivo (autodeterminación) debiera ser precedido por el calificativo “libre”, pero, aunque normalmente se sobreentiende, no forma parte de su uso explícito más frecuente. Esto es muy importante porque si se supone que es el derecho que tiene un pueblo de decidir sus propias formas de gobierno, la libertad está implicada necesariamente en el verbo “decidir”, pues si no se puede hacer eso en libertad, ¿de qué decisión de un pueblo puede tratarse? Si la libertad no está clara, plena y compartida por los que componen ese pueblo, la decisión no será suya sino de otro. El derecho de autodeterminación se ha aplicado sobre todo a la descolonización, con mejor o peor fortuna, y aparece con mucha frecuencia en los tratados de derecho internacional, así como en las declaraciones de muy diverso tipo de la ONU; pero ¿hasta dónde se puede hablar de autodeterminación de un pueblo dentro de la propia nación y del propio Estado? La historia, sobre todo la reciente, y la más inmediata experiencia nos enseña que bajo dicha expresión, de hecho demasiadas veces, el sujeto del supuesto derecho de autodeterminación no es el pueblo mismo, como se proclama, sino el gobierno que está mandando en el país en cuestión, sea lícita, en Estados democráticos, o ilícitamente como en nuestro estado actual. La licitud o la ilicitud de la asunción o la permanencia en el poder de un gobierno no es difícil de constatar a pesar de las caretas, trampas y demás mecanismos de los que este se sirva para ocultar el hecho cuando de la ilicitud se trata. Para eso están todos los instrumentos que la democracia pone a disposición de cada pueblo, hoy ampliamente conocidos. Este asunto de la autodeterminación está indisolublemente ligado con otro que en particular a nosotros los venezolanos de hoy nos toca viva y trágicamente: la licitud o ilicitud, ya en el plano internacional, de la intervención de un Estado extranjero en los asuntos de gobierno de otro. Aquí ahora la pregunta crucial es por el derecho que tiene un pueblo de ser protegido por un Estado que no es el suyo cuando se halla sometido a la fuerza por una forma de gobierno tiránica y comprobadamente injusta, de la cual no está en condiciones ni posibilidades de liberarse por su propia cuenta. Mucho y bien se está hablando de ese derecho de protección, sobre todo cuando lícitamente ese pueblo lo solicita. ¿Qué nos falta a nosotros para poder recurrir lícitamente a esta solicitud de protección? Tenemos la instancia política que lo puede hacer, la Asamblea Nacional elegida según todas las reglas que el sistema democrático exige; tenemos el estado de necesidad extrema del pueblo que ya no puede sobrevivir por obra de la tiranía criminal a la que está sometido y tenemos la voluntad clara de este pueblo, expresada en todas las encuestas de opinión, en la calle y en cualquier otro medio a nuestra disposición. La licitud de esa demanda está hoy fuera de toda discusión. Sobre esto no puede haber duda alguna. Sí es importante que esa deseada intervención sea eficaz, pacífica y humanitaria, esto es, excluyendo los riesgos de dominación que pudieran estar encubiertos.

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