Nombre del autor:Mirla Perez

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“Bajo protesta” o la relatividad del mal

«Con este rostro me quedo, con la persona que lucha, sin estar pendiente de figurar sino de reclamar lo que por derecho le pertenece». “Bajo protesta” o la relatividad del mal En el contexto de las protestas de maestros y profesores universitarios, donde se ha visto organización, una sola voz, y la fuerza de la razón que “sin resignación y con la consciencia de estar luchando por la justicia laboral en un país donde no hay garantía de derechos de ningún tipo (…) un Estado fallido que va contra el trabajador, ha anulado las garantías que favorezcan la vida y la justicia. Contra eso se protesta y se exige honrar los compromisos laborales”. Mientras, “los sistemas totalitarios se amarran a sus eslóganes y clichés”. Estamos frente a un régimen que se sostiene sobre los hombros de unos funcionarios apegados a su estructura. La mentira es la sangre que circula por sus venas, la simplicidad de la insignificancia y lo banal cruza la existencia de quienes refrenda y sostienen el mal. Se trata de un sistema, no de sujetos aislados. Hay que asegurar su perpetuidad, los que han creído y se han comprometido sin grandes convencimientos ideológicos, sin tener, siquiera, una justificación frente al mal o por el mal, simplemente reproducen las bases del sistema que están hechas sobre las prácticas que producen muerte y eliminan personas. Viene a mi memoria el juicio a Adolf Eichmann, y Hannah Arendt lo dijo de un modo muy claro: “No había signo en él de firmes convicciones ideológicas o de motivos específicos de maldad, y la única característica notable que uno podría detectar en su comportamiento pasado, así como también en su comportamiento a lo largo del examen policial y de la preparación de dicho examen, era algo enteramente negativo: no era estupidez sino falta de pensamiento”. La superficialidad más absoluta, la vacuidad, la banalidad no solo argumentativa sino del pensamiento mismo. Este es el resumen de la existencia de cualquier funcionario al servicio de los sistemas totalitarios. Pero la tragedia no se detiene ahí, porque dentro de todo sería lo esperable. Un sistema que necesita de sujetos que aseguren su perpetuidad, el hombre nuevo, hecho a su imagen y semejanza. Esta es una de las caras de la moneda. “Estamos en tiempos de lucha constante con estrategias útiles que tengan sentido para enfrentar sistemas no democráticos” La otra cara, es la que se produce desde la acción misma de un funcionario que “sin ser del régimen” actúa bajo su sombra y determinación. Un ejemplo, entre muchos, es la universidad y quienes mandan en ella. En días pasados leímos en un comunicado oficial del vicerrector administrativo encargado, la siguiente instrucción: “Informa a la comunidad universitaria de la UCV, que durante el día de hoy remitiré a MPPEU la nómina de 10 días del bono vacacional…” seguido del slogan o cliché “bajo protesta…”. Los que mandan en la Universidad Central de Venezuela (UCV) o las llamadas “autoridades” se dan el permiso de ir contra los derechos laborales y argumentan hacerlo “bajo protesta”, ¿se puede matar “bajo protesta”?, ¿alguien puede ir contra otro y justificar la acción denigrante argumentando que fue obligado y lo hizo “bajo protesta”?, ¿a quién justifica el “bajo protesta”? “Bajo protesta” es el recurso utilizado, por quienes tienen el poder sea del régimen o sea de quienes actúan bajo su sombra. Los que mandan en la UCV tienen más de 14 años haciéndolo, quienes dominan el país pasan de 20 años, ambos parecen alimentarse del mismo humus. “Bajo protesta” es el recurso utilizado por el poder decadente, que agoniza. Una afirmación desafortunada porque no puede justificar la violación flagrante de los Derechos Humanos. Puede, sí, ser la excusa para hacer el mal. “Bajo protesta” se puede matar, llegar a extremos contra la humanidad y pretender justificarlo. Los funcionarios y su poder se justifican a sí mismos, no se deben a una comunidad, no se sienten interpelados por ella, ni procuran su protección, en Eichmann, funcionario del régimen nazi, lo vemos claro y nuevamente Arendt lo coloca para nuestra consideración: “No fue atormentado por problemas de conciencia. Sus pensamientos quedaron totalmente absorbidos por la formidable tarea de organización y administración que tenía que desarrollar”. “El protagonismo es comunitario, sin cliché, pero amarrado a la enorme posibilidad de lucha que tiene el venezolano” En este escenario, nada sorprende, las narrativas básicas, elementales, banales, superfluas, se valen del eslogan que le justifique. En el juicio que nos ocupa, Arendt, lo presenta de modo enfático: “Himmler ideaba eslóganes, como el famoso lema de las SS, tomado de un discurso de Hitler dirigido a estas tropas especiales, en 1931, «Mi honor es mi lealtad» -frases pegadizas a las que Eichmann llamaba «palabras aladas», y los jueces de Jerusalén denominaban «banalidades»-, y los difundía, tal como Eichmann recordaba, a finales de año, seguramente acompañadas de una gratificación de Navidad. Eichmann únicamente recordaba uno de estos eslóganes, y lo repetía constantemente: «Estas son batallas que las futuras generaciones no tendrán que librar». Se refería a las batallas contra las mujeres, los niños, los viejos y las bocas improductivas. ”Estas son la muerte que Eichmann produciría y que, además, habría que agradecerle. El mal fatuo en pleno ejercicio que se justifica por sí mismo. “Todo el poder para los CLAP”, “no volverán”, “patria, socialismo o muerte”, son algunos de los eslóganes en los que se funda la propaganda socialista; pero, del otro lado, hay también frases que justifican la evasión y la no confrontación: “bajo protesta” es uno de ellos, se acepta lo inaceptable y, encima, hay que agradecerles. Ahora bien, este otro lado no es homogéneo y es imposible que lo sea, la diversidad nos constituye, de modo que el “bajo protesta” que se pronuncia en connivencia con el poder establecido tiene una acera enfrente, totalmente opuesta y distinta. En los días transcurridos se han producido inusitadamente protestas reales, sin aceptación, esas que se dan porque no estamos conformes, porque no nos resignamos a vivir bajo el dominio

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Memoria de la libertad, punto de conexión entre pasado y futuro

“Solo el poder importa y se ejerce desde el sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro”. Memoria de la libertad, punto de conexión entre pasado y futuro “El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad”. La autora pone en contexto lo que ha significado estos años de “revolución” para los venezolanos. La inseguridad en todos los ámbitos que condiciona la vida de la gente para “mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho”. Mientras, para la mayoría de los venezolanos “la memoria democrática se identifica con la autonomía y la libertad, como práctica que hizo cultura, y que sigue marcando el acontecimiento popular de la resistencia diaria”. Vivir en un sistema de dominación es hacerlo desde la lucha constante, intentar a toda costa evitar ser arropado por las fuerzas que logren anularte o eliminarte como sujeto y como persona. El sometimiento es avasallante, impúdico, abrasivo, no se detiene por su cuenta, el límite no tiene lugar desde su naturaleza. El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad, se vive al modo delincuencial, fuera de toda norma, tal como lo interpretamos en el texto “Y salimos a matar gente” (Moreno, Pérez, et al.) “Respeto es, pues, no estar sometido por nadie y ejercer sometimiento sobre los demás. Esto es lo que le seduce y es el lugar social y personal en el que decide instalarse como manera de ejercer su vida. La violencia sin sometimiento a ninguna norma ni a ningún límite es el instrumento esencial, tan esencial que se convierte de alguna manera en parte constitutiva de él mismo…”. Este mecanismo propiamente delincuencial es, al mismo tiempo, político, se trata de uno de los modos que tiene el sistema para mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho. “Un presente continuo delincuencial no está en el tiempo de la vida; está en el tiempo de la delincuencia. Vive un sentido del tiempo, de su historia, concentrado en el momento presente, sin sucesión, sin períodos de tiempo discreto. Por eso, da la impresión de que va para adelante y para atrás, en que todo es vivido como presente. El momento no tiene relación orgánica con el todo. El antes y el después no importan, importa la fuerza del hecho, del acontecimiento en cuanto tal, la hazaña” (Moreno, Pérez, et al.). El tiempo, el poder, la arbitrariedad de la Revolución “bolivariana” comparte el mismo sentido de la temporalidad delincuencial, su fuerza está en el aquí y el ahora, sin pasado ni futuro, solo el acontecimiento actual es lo importante y la hazaña de mantenerse vivos, en pie, sin perder el poder. Solo el poder importa y se ejerce desde el sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro, en esa especie de presente continuo delincuencial. La dominación se ejerce al modo malandro, imponiendo mundo, prácticas y pensamiento o, por lo menos, regulación de conductas que se acoplen al modo revolucionario concebido y proyectado. “La cultura es costumbre, es repetición, es practica constante, si se nos impide estar en ese devenir la vida se torna insegura e indeterminada, a eso juegan los regímenes tiránicos, totalitarios, a bloquear toda autonomía” Citaré, a continuación, el discurso del propio sistema, propongo que lo veamos a la luz de la indeterminación delincuencial, de modo que podamos ver cómo convergen práctica, vida y discurso: “No somos el ejercicio de una gestión de gobierno. Somos un proceso revolucionario. En ello la transformación del Estado… no es simplemente un problema de “gestión”. Es la reconfiguración popular del Estado, haciendo del gobierno de calle, en sus distintas escalas sistémicas, un proceso constituyente para edificar el nuevo Estado popular, comunal, soberano”. Destaco dos ideas centrales que presenta este documento, plan de la patria 2019-2025, el reconocimiento de estar fuera de toda norma, en un proceso claramente subversivo, en el sentido que se niegan como Gobierno y se identifican como proceso constituyente. Ambas concepciones están fuera de los acuerdos, de la ley y el orden constitucional, lo verdaderamente importante es la fuerza de los hechos que le sostienen en el poder. Un poder fáctico, no consensuado, sostenido en la fuerza y en la determinación de constituir un Estado paralelo que va sustituyendo lentamente el orden establecido. Eso es el Estado comunal (https://www.lagranaldea.com/2021/08/05/estado[1]comunal-un-diseno-totalitario/). Al igual que la forma-de-vida delincuencial, este sistema se sostiene en una lógica. Su lógica disruptiva del orden y la norma, del derecho y las garantías. De modo que nos es muy útil echar mano de esta noción que nos ayudará a comprender la naturaleza del proyecto al que nos enfrentamos o, mejor, el que ejerce dominio sobre nosotros, así pues, lo cito en extenso: “La forma-de-vida, por tanto, constituye una totalidad práxica, vivencial, conceptual, incluso semántica en cuanto que es una manera de dar significado al mundo que viven los sujetos, un modo de existencia, un estilo vital, un sistema concreto de condiciones de vida, una forma de interactuar en la sociedad, una manera de hacer, una actualidad y posibilidad de ser, el discurrir de un proceso en el tiempo. No es un accidente en una vida sino una estructura que forma totalmente una vida. Hemos encontrado, pues, que la violencia delincuencial no es un conjunto inarmónico ni una sucesión inconexa de conductas y acciones sino toda una forma-de-vida que se desarrolla y se despliega en el tiempo como historia, como la historia-de-vida de los delincuentes violentos” (Moreno, Pérez, et al.). Se trata de un grupo cerrado ejerciendo dominación sobre la sociedad, notemos que se trata de una totalidad con estructura propia, con poderes internos, con fuerzas que dominan bajo una lógica, práctica, pensamiento, ideología, razón. No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer. “Quienes vivimos en este tipo

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Reconexión o debilidad, signos de un sistema que no logra obediencia

«En el fondo late la culpabilidad popular tanto de la desconexión socialista como de la imposibilidad de un proyecto de liberación». Reconexión o debilidad, signos de un sistema que no logra obediencia “La élite socialista amarrada al sistema de opresión que domina y la élite opositora acomodada que cohabita”. La autora pone en contexto, con referentes ineludibles, la raíz del por qué después de 23 años de chavismo Venezuela continúa sumida en una desconexión entre la realidad de la gente y la realidad política. Y sentencia: “El chavismo no tiene gente comprometida, no tiene militantes, no tiene aliados al proyecto. Tiene funcionarios pagados, estructuras comunales vacías con cuadros utilitarios, su proyecto discurre en la coacción, en el dominio, en el sometimiento, más no en la política”. Y cierra con esta cita: “No se puede liderar lo que se desprecia”. Vivir en Venezuela es hacerlo desde la inquietud de no saber cuándo llegaremos al fondo. Resuena en mí aquella sentencia aguda, sincera y pronunciada desde una razón que busca la comprensión a detalle: Venezuela “un país sin élite”. Una afirmación, sin la dubitación de la pregunta, se instala en la verdad del acontecimiento. Ramón Piñango, en aquel lejano 1996, escribió un agudo, claro y desafiante artículo que nos recuerda que parte de la salida a la luz cuando se está en un tiempo de oscuridad es reconocernos en  nuestras responsabilidades, aquellas que no hemos sido capaces de honrar. La afirmación de Piñango resuena en mí como pregunta, Venezuela ¿”un país sin élite”? Me cuestiono porque no puedo creer que 26 años después esta afirmación esté vigente e increíblemente me doy cuenta de que no solo está vigente, sino que contiene parte de la explicación de lo que nos ha ocurrido como país. “Un país sin élite”, es un artículo capaz de ubicar un problema y proyectar sus consecuencias. No fue una afirmación retórica, fue un enunciado profético. Ramón comprendió el momento, el hombre y las circunstancias. Comprender en el sentido de Hans-Georg Gadamer, “llegar al punto en el que la vida piensa y el pensamiento vive”, de modo que cito en extenso el final de este interesante artículo: “Si los privilegiados del país aceptamos asumir la responsabilidad de ser élite, tenemos que cambiar la manera como nos relacionamos con el resto de la población. No podemos seguir acusando a los pobres de ser unos infelices hijos del rentismo que desprecian el trabajo y cuya cultura no les permite participar con éxito en el juego de la competitividad. Sin una actitud de respeto y aprecio hacia los habitantes del país, no es posible ejercer una función de liderazgo legítima. Es desafortunado que hayamos llegado a la difícil situación de estos días, sin privilegiados que vean más allá de sus privilegios y se comporten como una élite”. Leer este artículo de Ramón, es hacerlo teniendo en el frente un grupo con rostro. Se trata de una interpretación desde dentro, desde la pertenencia, y eso tiene mucho valor. Solo desde la implicación podemos llegar a una comprensión real y situada, nos acerca a la noción de pluralidad y distinción. Elite y pueblo, dos vocablos marcados por la superioridad-inferioridad. “Esta desconexión nos ubica en un sistema débil, en cuanto a la credibilidad, obediencia o compromiso de la gente, se trata de un proyecto que camina solo con el poder de la coacción” El infortunio denunciado por nuestro autor tiene dos grandes problemas teniendo como sujeto a las élites: el desprecio al pueblo y no poder ver más allá de los privilegios que tienen como clase. Mirarse a sí mismos y al mismo tiempo estar imposibilitados de ver al otro. ¿La misma desafortunada situación que rompe la brecha temporal de 26 años? Las élites de ayer conservan el mismo hábito del desprecio, solo que hoy están diversificadas, con proyectos de país distintos, élite socialista amarrada al sistema de opresión que domina y la élite opositora acomodada que cohabita, para ambas el pueblo es un instrumento necesario pero prescindible, manipulable e “infelices hijos del rentismo”. En el fondo late la culpabilidad popular tanto de la desconexión socialista como de la imposibilidad de un proyecto de liberación. Para las élites de cualquier signo, nosotros, el pueblo, estamos en medio de lo insoluble. Entretanto, en el mundo popular, seguimos actuando coherentemente, desde nuestra cultura, desde nuestros valores, desde nuestras prácticas. Nos reafirmamos en nuestra identidad, convivencia, relacionalidad que nos constituye y hace, al mismo tiempo, desobedientes e insubordinados. Tenemos una cultura popular fuerte pero muy golpeada, los sistemas totalitarios van contra la fortaleza para hacerla débil, maleable, manipulable, dominable. Es por ello por lo que después de 23 años de socialismo chavista, Nicolás Maduro sea capaz de plantear una cosa tan inútil como el “1×10 del buen gobierno”. ¡Buen gobierno! ¿Gobierno? Este es parte del proyecto electoral y, al mismo tiempo, su propuesta en una alocución reciente. El dato es que no hay conexión entre el partido de Gobierno (PSUV) y el pueblo. El chavismo no tiene gente comprometida, no tiene militantes, no tiene aliados al proyecto. Tiene funcionarios pagados, estructuras comunales vacías con cuadros utilitarios, su proyecto discurre en la coacción, en el dominio, en el sometimiento, más no en la política. “Tenemos una cultura popular fuerte pero muy golpeada, los sistemas totalitarios van contra la fortaleza para hacerla débil, maleable, manipulable, dominable” El discurso oficial se sostiene en seis líneas estratégicas que le dan soporte a la mentira. A la vida en la mentira que es el ámbito de la manipulación para ganar tiempo, ¿hay algún signo real que sea la comprobación del discurso que proclaman? De este modo enumeramos estos principios: -La recuperación económica, un discurso que intenta posesionar dentro y fuera del país. -Garantizar los planes de desarrollo humano gratificante, palabras sin significado para la gente, ¿qué pueden garantizar después de 23 años de destrucción? -Garantizar el derecho al ambiente, a la ciudad y a los servicios públicos, en un país que sobrevive. -Promover la participación popular para el buen gobierno, obligando a la gente a formar parte de la nomenclatura

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La lógica totalitaria, bajo el terror y la narrativa de progreso

El régimen está claro, todo lo demás puede ser negociado menos el poder. La autora va y viene en la historia con ejemplos desgarradores mientras desnuda la situación país. Confronta la realidad de los más vulnerables frente al contraste de prosperidad; visto en estos días con la devolución del Sambil La Candelaria y los bodegones que mantienen la fantasía de mejora económica. “El proyecto se ejecuta desde el terror y coqueteando con el ‘progreso’ que no implica ni libertad ni democracia”. Momentos para descifrar. Es importante no dejarnos sorprender por las circunstancias ni los eventos, aunque sean avasallantes. La propaganda del régimen chavista, en los últimos días, ha estado centrada en un discurso de progreso según el cual Venezuela “se arregló”. ¿Qué significa tal afirmación?, ¿en qué consiste el arreglo?, ¿se puede mencionar como “arreglo” el hecho de bancarizar los dólares que circulan en el mercado nacional? No olvidemos que el proyecto será siempre la consolidación del Estado comunal como expresión organizativa de la revolución, como lo dicen clara y continuamente: “Se trata de un proceso de construcción de hegemonía cultural para la superación de la sociedad capitalista”, fragmento tomado del proyecto de Ley de Universidades y que se repite en cualquier documento oficial. El proyecto está claro, todo lo demás puede ser negociado menos el poder. Como país vivimos una debacle en todas las materias desde las institucionales, económicas, pasando por la violación sistemática de los derechos y la libertad, ¿cómo se repara eso?, ¿puede haber una reparación gradual que no ponga en peligro el poder ni el proyecto? A eso apuestan. Estamos frente a una torpe bancarización del dólar, instrumentalizada a través de una cuenta custodia, bajos las normas del régimen, sin dar curso legal a las dos monedas: bolívares y dólares. Crearon un mecanismo de depósito que se alimenta del efectivo que se produce en el país cuyo origen es indeterminado, pueden ser negocios lícitos e ilícitos. “Los pueblos son más grandes que sus tragedias, entre más oprimidos mayor resiliencia, si no veamos la historia de Ucrania en el siglo XX” El concepto de propiedad privada no existe, el banco es receptor de los dólares, pero no garantiza al depositante su propiedad. El banco dejó de ser una entidad financiera y se convirtió en una institución que resguarda; no es más que una caja chica. ¿Esta bancarización del dólar se puede llamar apertura económica?, ¿el aumento del salario mínimo a 40 dólares mensuales se puede llamar progreso?, ¿devolver un edificio como el Sambil La Candelaria destruido en medio de una economía sin liquidez se puede llamar libertad de inversión?, ¿bodegones que nacen pero que no logran mantenerse son muestras de mejoría? ¿De qué apertura se trata?, ¿es algo como el Holodomor ucraniano, exterminio por diseño, que pudo ser escondido gracias a la hábil propaganda del socialismo soviético? Murieron más de 7 millones de personas en un año, pero el mundo no se enteró, solo los que sobrevivieron o fueron parte de la tragedia. La mentira hacia afuera, la verdad de la muerte hacia dentro. En este sentido “el Holodomor fue silenciado en muchos países gracias al eficiente aparato de propaganda del Komintern (Internacional Comunista), que logró desviar la atención del problema y vender una buena imagen de la URSS a nivel internacional. El antiguo primer ministro de Francia y líder del Partido Radical, Édouard Herriot, viajó a Ucrania en 1933 para conocer de primera mano la situación, pero lógicamente las autoridades soviéticas le hicieron visitar granjas donde había comida en abundancia y los campesinos parecían felices. Sorprendido por el resultado de la visita, sus palabras fueron: ‘¡Pues bien, afirmo que he visto al país como un jardín a pleno rendimiento!’”. Lo leemos en un fragmento de la historia del Holodomor en National Geographic. Toda comparación es chocante, por tanto, no comparo, tomo referencias históricas similares y las de hoy en Venezuela son cercanas a las de los oscuros años ‘30 stalinistas, en la URSS, que constituye uno de los momentos de la consolidación del sistema. Por diseño se exterminó la población, pero en el discurso y en la propaganda para el mundo fue el momento del progreso soviético. El hambre y el trabajo forzoso fueron, también, estrategias de sometimiento. “Más de dos millones de campesinos deportados, de los cuales un millón ochocientos mil lo fue en 1930-1931, seis millones de muertos a causa del hambre, centenares de miles de muertos en la deportación: estas cifras dan la medida de la tragedia humana que fue ese gran «asalto» contra el campesinado. Lejos de reducirse al invierno de 1929-1930, esta guerra duró al menos hasta mediados los años treinta, culminando en el curso de los años 1932-1933, marcados por una terrible hambre deliberadamente provocada por las autoridades para quebrantar la resistencia del campesinado. La violencia ejercida contra los campesinos permitió experimentar métodos aplicados a continuación a otros grupos sociales. En este sentido, constituye una etapa decisiva en el desarrollo del terror stalinista”. Stéphane Courtois, 1997. Exportaron cereales cultivados con la sangre del pueblo. En este sentido, interesa que nos quedemos con la noción del hambre como mecanismos de coacción, dominación y quiebre de la voluntad. El dato más duro en la Venezuela de hoy es el desplazamiento forzoso de cerca de siete millones de venezolanos. Un enorme destierro, más grande que el soviético, en ese período histórico, el exterminio masivo se lo ahorró el chavismo con la deportación y las muertes asociadas a ellas. “La ‘rectificación’ solo es posible mientras el poder no se ponga en peligro” Pero antes de la consolidación del sistema, el proyecto estaba claro, mantenerse en el poder a partir del terror de masa. La troika dictatorial era clara, ¿cuántos muertos hemos tenido en Venezuela?, ¿será que cuentan tanto lo de las protestas como los muertos en reclusión y los exterminios que hemos tenido en los barrios y los ajusticiamientos por razones políticas o simplemente arbitrarias e injustas? “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial, implantar el terror de masas, fusilar o deportar… Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente vea,

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Mirla Pérez: “La neutralidad no es una opción, hay que construir una estructura de poder”

Por: Hugo Prieto A finales del año pasado, el Centro de Investigaciones Populares concluyó el trabajo de campo que, entre otros objetivos, le pone un rostro a la pobreza que arroja el estudio Encovi de la Universidad Católica Andrés Bello (94 por ciento de la población). De acuerdo con Mirla Pérez*, ese rostro refleja el hambre, la precariedad y el sufrimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos. Pero dejemos que sean las personas que ofrecieron sus relatos de vida y participaron en los grupos focales, en nueve estados del país, las que hablen de su propia realidad. Hambre. En la noche piensas en lo que vas a comer mañana. Pero tienes que hacer el proceso de adaptación. Primero el desayuno, después el almuerzo y luego la cena. Usted puede ver a la gente cargando chatarra, metal, la vende para poder comer, pero ya nadie come tres veces al día. Medios de sobrevivencia. Solidaridad vecinal. Vivo con mi mamá, dos hermanas y dos sobrinas. Ahí metemos un sancocho. Ah, ¿que si me pagaron?, vamos a comprar verdura. Cayó tal bono, anda y busca el queso. Y vivimos en ese plan. La rutina comunitaria del resuelve. Mucho movimiento, las personas salen a la calle para buscar lo de la cena, prenden el fogón porque no hay gas. El muchachito va a la iglesia que le da la comida dos o tres veces a la semana. Despoblamiento. ¿Y si me pasa algo? ¿Para dónde voy a correr si todas las casas están con las puertas cerradas? Educación. Hay una deserción bárbara de docentes. Quedaron como tres. Entonces, un docente se encarga de cada año, dando todas las asignaturas. Salud-Pandemia. Doctora, por favor, tome la temperatura. No hay termómetro, no hay tensiómetro, no hay nada. Movilidad. Hay que caminar como media hora hasta la avenida para agarrar un carro. Organizaciones en la comunidad. Aquí lo que se maneja es el CLAP. Tienes que ser cien por ciento chavista. Pero yo me disfrazo. ¿Podría describir el rostro de la pobreza en Venezuela? Nosotros somos una cultura matricentrada y las madres venezolanas son fuertes, echadas pa’ lante. Una madre que no ha necesitado a nadie, no ha necesitado al padre, porque la estructura es exclusiva. Ella va pa’ lante con sus hijos. Esa madre, en este momento, está sufrida porque no logra resolver el problema del hambre por su cuenta. En el retrato que hemos visto, esta madre, autosuficiente en toda su historia, ha tenido que abrirse a otras madres, a otras familias, y a la comunidad. El peso de la solución, que siempre estuvo sobre sus hombros, ha tenido que encontrarse con la convivencia -el homo convivali, del que hablaba el padre Alejandro Moreno-, esa característica, que también nos define como pueblo, es la que ha logrado contener un problema que podría ser mucho peor. Entonces, las familias se han unido, pueden ser cinco familias asociadas en una sola cocina. Eso significa que todos trabajan para todos. Y eso es un rasgo de solidaridad muy importante, partiendo de la familia. Luego, partiendo de la comunidad, el rasgo vecinal. Lo vimos en Sucre, con las ollas solidarias espontáneas, con los fogones comunitarios, allí se cocina lo que la comunidad va encontrando. Ese rasgo de vecindad, que pareciera estar desdibujado, justamente, es la tabla de salvación. Ollas solidarias hubo en Chile, en plena dictadura militar. Ollas solidarias organiza la Iglesia Católica en los barrios de las ciudades venezolanas. ¿Cómo es la organización espontánea de la que habla? ¿Cómo eso, de alguna manera, tiene una estructura? Del camino familiar se transita al camino comunitario, con la eficiencia y el límite que imponen los propios recursos. La gente está dando lo que no tiene, porque la pobreza es generalizada. Nos llamó mucho la atención una experiencia que ocurrió tanto en Zulia como en Táchira. La gente envía 20 o 30 dólares al familiar que se quedó aquí para que haga una olla solidaria. Lo hace expresamente con el propósito de contribuir con el barrio donde alguna vez vivió. Eso no va a solucionar el problema, pero funciona como un mecanismo de distribución… ¡De la pobreza! Entonces, quien no tiene nada que comer puede comer. La emergencia humanitaria compleja -y es compleja porque su origen es político- está diseñada para que el hombre, el ser humano, la persona, sea lo más vulnerable posible, para que dependa del sistema. No es una creación exclusiva de Venezuela. ¿A qué se refiere concretamente? Eso ocurre y ocurrió en todos los regímenes totalitarios. Lo puedes ver en “El libro negro del comunismo”, de Stéphane Courtois. El poder se va alimentando de la necesidad de las personas y de su vulnerabilidad. Para que el sistema se mantenga fuerte, necesita individuos débiles. Lo que hemos visto, en nuestras investigaciones, es que la estructura socio antropológica del venezolano está colocando una pared muy gruesa frente al sistema totalitario. El mundo popular se repliega en sus prácticas elementales -la convivencia, la matricentralidad, la relacionalidad- y, desde allí, va construyendo una suerte de caparazón que lo protege de aquel, consigue fuerzas en la dinámica cultural, que lo ha mantenido durante siglos. Y cuando hablo del mundo popular, lo hago haciendo hincapié en lo que decía Alejandro Moreno. Es un mundo que transversaliza las clases sociales, puede estar en la clase media como puede estar en los más pobres, en los más vulnerables. Es una estructura antropológica que tiene solidez, que tiene historia. Si bien no ha lidiado con tiranías totalitarias, sí ha lidiado con dictaduras. Diría que hasta hoy, marzo de 2022, la gente ha logrado sostenerse en lo que la identifica. Es un punto interesante y si el político lo toma, pudiera plantear algo diferente. Tenemos una clase política de espaldas a las necesidades de la gente, incapaz de plantear una solución a los problemas que usted ha planteado. ¿Qué significa eso? Eso significa mucho: mientras entramos a un espacio, donde no haya una resonancia de la realidad en la práctica política -ya ni siquiera se trata del discurso político-, el camino de salida es y será mucho más largo.

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Todo cambio pasa por descubrir la mentira, la verdad nos hace libres

“Estamos en el reino de la mentira, para librarnos de ella es necesario jugar otro juego, salirnos del guion”. ¿Qué hace posible la mentira? El poder. El bodegón existe, eso es verdad, está ahí. Dudamos que sea un signo de crecimiento económico. No es verdad ni el bienestar ni el progreso que se anuncia. La economía de bodegones le sirve a la autora de excusa para hablar de la mentira que se vive en el país. Mientras, en las zonas populares, “ya no hay líderes comunitarios sino jefes que vigilan y entregan cajas CLAP para mitigar el hambre que produjeron”. Vivir en la mentira produce una realidad ficcional. El artífice elabora constructos seudoreales que seducen a quienes desprevenidos transitan esa “realidad”. Veamos de cerca estas construcciones. Me centraré en un elemento que viene ganando relevancia: la economía de bodegones. El boom generado en Venezuela por esta práctica económica es una ficción, pero quienes tienen el poder están interesados en dar notoriedad a esta mentira porque les permite la manipulación de la ilusión. Los datos reales no dan para sostener a estos regímenes, si se recurre a la verdad tendrían que reconocer la profunda crisis que atravesamos como país y dimitir. La pregunta sobre ¿qué hace posible la mentira?, va teniendo una respuesta rápida: el poder. Si la base del sistema es la mentira, ¿por qué la verdad es la gran amenaza? No solo porque es su contrario, sino porque implica la vida vivida de hombres y mujeres reales, en circunstancias igualmente reales. Porque implica reconocer que lo que ocurre corresponde con la percepción de lo vivido, roza nuestra piel, lo escuchamos, lo vemos, lo sentimos, lo padecemos. La verdad está ahí. El hambre se vive, duele, debilita, mata. Nuestra gente lo ha venido sintiendo por años. “Ante el ‘progreso de los bodegones’ de Maduro, los venezolanos se preguntan a diario: ‘¿Cómo se puede pensar en progreso cuando no hay luz?’” El bodegón existe, eso es verdad, está ahí. Dudamos que sea un signo de crecimiento económico. Ante la afirmación: “El país da señal de mejoría económica, hay más dólares, hay más comercio, la gente come mejor…”. No es verdad ni el bienestar ni el progreso que se anuncia o declara. ¿De qué país estamos hablando?, ¿en quién piensan como el sujeto de esa riqueza? La economía de bodegones me sirve de excusa para hablar de la mentira. El poder de los que mandan en Venezuela empieza desde el momento en que sus ficciones son creídas. Es ahí donde toman importancia los temas, los tópicos, las prácticas comunes, sean estas económicas, culturales, sociales, educativas, de servicio, etc. Cuando logran esclavizar en nombre de la libertad, ¿de qué está hecha esa ficción? Si no dudamos de la “verdad” del régimen, estaremos presos en sus mentiras. Solo la verdad nos libera. Cuando seamos capaces de transitar un camino completamente fuera del señalado por ellos, podremos empezar a ganar la libertad. Cuando seamos disonantes y desobedientes, le habremos gritado en su cara que no le creemos. “Ni para los negocios domésticos dan los servicios públicos, ni bodegones, ni bodegas, ni ventas de hielo. ¿Desde dónde se puede pensar el bienestar o desarrollo? La mentira se convierte, así, en la fortaleza del tirano” Les propongo que leamos atentamente la interpretación que sobre la mentira hace Václav Havel, va a fondo, aunque lo ha escrito en condiciones distintas a las nuestras, se cruza con nuestra realidad, o mejor, las dos realidades comparten una misma naturaleza. Václav habla de postotalitarismo, prefiero hablar de totalitarismo como ejercicio pleno del sometimiento, dominación en plena ejecución, colonización de todos los aspectos de la vida del sujeto. Leamos atentamente: “El sistema postotalitario con sus pretensiones toca al individuo casi a cada paso. Obviamente lo toca con los guantes de la ideología. De ahí que en él la vida esté atravesada de una red de hipocresías y de mentiras: al poder de la burocracia se le llama poder del pueblo; a la clase obrera se la esclaviza en nombre de la clase obrera; la humillación total del hombre se contrabandea como su definitiva liberación; al aislamiento de las informaciones se le llama divulgación; a la manipulación autoritaria se la llama control público del poder y a la arbitrariedad, aplicación del orden jurídico; a la asfixia de la cultura se la llama desarrollo; a la práctica cada vez más difundida de la política imperialista se la difunde como la forma más alta de democracia; a la prohibición de un pensamiento independiente, como la concepción más científica del mundo; a la ocupación como ayuda fraterna. El poder es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades”. (Tomado de El poder de los que no tienen poder). No hay, ni puede haber, un tópico que se escape a la dominación. La mano invisible de la ideología es un guante de terciopelo, sutil e implacable. Lanza la idea, le da estructura, recorre todos los ámbitos de la vida, no es necesario ser creída ni seguida, está ahí. En distintos momentos, tocando a todas las personas y estructuras. La ideología se declara, se libera como objeto punzante que tendrá una mano que lo hinque, habrá un aparato que lo haga viable. Pensemos en el “poder popular”, la gran consigna, institución que abre cauce a la nomenclatura, da relevancia a la burocracia, quita poder real a la fuente de poder: el pueblo. Lo desnaturaliza y lo hace instrumento para desplazarlo y eliminarlo. Se necesita un hombre “nuevo”, un pueblo de hombres “nuevos”, de hombres ideologizados, obedientes, ciegos, sin cultura sin identidad. Se lo han propuesto, no significa que lo hayan logrado ni aquí ni allá. “La mentira es la norma, no solo es contenido, es el sentido de cuanto se piensa y se practica (…) ¿se consultó, en algún momento, la pertinencia del aparato comunal?” La relación imperial es vital para estos regímenes, es realmente su fuente de poder, el pueblo ha sido desplazado por el imperio; en el caso venezolano, el imperio cubano, fundamentalmente, pero eso

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El daño antropológico o el poder de los sin poder (y II Parte)

¿En quién piensan cuando juzgan de daño antropológico? Daño antropológico nos lleva a un sujeto inservible o deteriorado, ¿quién es el dañado?, ¿el mundo popular?, ¿la clase media?, ¿los profesionales y el mundo de la sociedad civil?, ¿los políticos? Podemos decir que no se ha producido el quiebre, aunque sí se ha golpeado duro sus cimientos. El dilema no está en el sujeto popular, entre el daño y la ausencia de poder, está en el sector político que debe ser una vía de articulación de ese enorme tejido socio-comunitario que se niega a morir. No hay dilema, porque son dos enunciados externos uno al otro. Como lo conversamos en la entrega pasada, es discutible hablar de daños a la condición humana, a eso se refiere cuando se habla de lo antropológico como el lugar del deterioro propiciado por el sistema de dominación. Golpes externos, fuertes, que van quedando, por lo pronto, en las esferas más superficiales de la vida de hombres y mujeres: en lo político y en lo económico. Como Centro de Investigaciones Populares, nos preocupa mucho, las afirmaciones que nos colocan en el terreno de lo insoluble. En los determinismos socio-culturales y en las respuestas superfluas que suelen desprenderse luego de adelantar este grave diagnóstico. De los teóricos cubanos, tomamos tres “daños” esenciales: Servilismo, miedo a la represión y al cambio; y ausencia de alternativas. Por cierto, visto desde el fondo, la argumentación de las tres características esenciales del daño se queda en la externalidad y no en las condiciones antropológicas que conduciría al quiebre interno del sujeto, de la persona, de la cultura. “La migración duele a la familia, ese dolor produce frustración y rabia, motiva la lucha, mueve a la comunidad a enfrentar el dolor, puede ser un móvil interesante para el cambio; no genera resignación” Esta aproximación cubana es grave, pero es mucho más grave como se viene conceptualizando en Venezuela, a partir de tres ejes: Quiebre de la identidad, la fragmentación como un hecho identitario que nos lleva al aislamiento, no territorial sino psicológico, sociológico y cultural; capaz de eliminar la base de la práctica antropológica como lo es la convivencia y la solidaridad y, en tercer lugar, eliminación de la memoria y ruptura de los vínculos con el entorno. Esta definición precedente, quienes la enuncian, no la toman como una hipótesis de trabajo sino como una verdad irrefutable. ¿En quién piensan cuando juzgan de daño antropológico? Daño antropológico nos lleva a un sujeto inservible o deteriorado, ¿en qué consiste?, ¿quién es el dañado?, ¿el mundo popular?, ¿la clase media?, ¿las élites?, ¿los profesionales y el mundo de la sociedad civil?, ¿los políticos? Se deja en el aire al sujeto, como una suerte de adivinación en la que se busca quién se adecúa a esas características, quién en su haber reproduce el daño, quienes han sido afectados de tal manera que ha quedado incapacitado para producir acciones coherentes. “La crisis y la Emergencia Humanitaria Compleja vemos que han potenciado la solidaridad, en la comunidad y entre sectores sociales y económicos bien diferenciados” ¿Qué implica el quiebre de la identidad?, ¿qué significa que un sujeto no tenga identidad, que se haya desdibujado, que se haya quebrado? Lo primero es que deja de ser sujeto, sea cual sea. No tiene rasgos propios, nada que lo caracterice y defina. Sin identidad nos constituimos en objetos manipulables, sin criterios y sin posibilidad de emprender ningún camino de liberación y autodeterminación. ¿Quiénes, de los sujetos arriba mencionados, carece de identidad? No voy a partir de especulaciones, ubico el sujeto con quienes solemos investigar: el mundo popular integrado, también, por la clase media y profesional. Teniendo la pregunta como hipótesis de trabajo y no como verdad, lo que hemos encontrado es que la identidad, entendida, como aquellos rasgos propios que definen a la comunidad y sus individuos, su definición socio-antropológica, podemos decir que el venezolano, históricamente, es un homo convivalis cuyo modelo cultural de familia es la matricentrada. Esa es la base de la identidad, eso no ha cambiado. En este sentido: “La familia matricentrada va mucho más allá de ser un fenómeno social. Trasciende a lo antropológico; produce un homo, el que podríamos llamar, para seguir la costumbre de los antropólogos, el ‘homo venetiolanensis’. Lo defino como ‘homo convivalis’. En el término ‘convivalis’, quiero que resuenen todas las connotaciones del latino ‘convivium’ del ‘platónico symposion’, del castellano banquete y del venezolano sancocho. Dicho, pues, en términos más vernáculos viviente-en-madre sólo es ‘homo convivial’. El venezolano popular es, pues, un «convive»” (Moreno, 2008). “Si hay memoria, identidad, lucha sin resignación, resistencia, tenemos potencia comunitaria, tenemos empuje y vínculo con todos aquellos que puedan ayudar a emprender caminos resilientes y de transformación” Esto es un dato, un significado sobre la base en que se define la identidad. En nuestros trabajos de campo vemos que esta práctica y definición esencial del venezolano, es el soporte de la resistencia y el aguante de la cultura y la persona. Si por identidad situada vamos a entender esto, podemos decir que no se ha producido el quiebre, aunque sí se ha golpeado duro sus cimientos. La migración, por ejemplo, rompió la posibilidad del encuentro físico, del tocarnos, besarnos y abrazarnos como familia, pero poco a poco hemos conseguido vías de reacomodarnos en la distancia y, al mismo tiempo, se han convertido en un motivo de lucha, produce rabia, convirtiéndose en unos de los estímulos permanentes para dar la pelea. El gran sueño del venezolano es el reencuentro. En la identidad hay integración, hay convivencia, hay solidaridad. Esta es la savia que circula por las venas comunitarias y del mundo popular. En sentido socio-antropológico no hay fragmentación, hay solidez, constancia, lucha. En este marco, hay fragmentación territorial, externa, no interna al sujeto ni a su mundo. El aislamiento y la inmovilidad son correlato de la pobreza, en cuanto limita la capacidad de maniobra física, de trabajo, de búsqueda; pero potencia, al mismo tiempo, la convivencia. Fortalece los lazos de solidaridad cercanos. En la medida que nos limitamos a la comunidad inmediata eso fortalece los lazos

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Huellas de un maestro: Alejandro Moreno

Foto: Tal Cual. Por Mirla Pérez | @mirlamargarita. El maestro deja surcos, señales, huellas; rastros que quedan señalando caminos, sin destinos ni verdades. Su acompañamiento es estimulante y provocador. Alejandro nos incitó a pensar, a comprender, a transitar nuestros propios caminos, provocó en nosotros atrevimiento y riesgo en la incertidumbre. Esa incitación para pensar y pensarnos, provocada por su sistemático y profundo trabajo, siempre se hizo con responsabilidad y firmeza. Desde su vida, la gran sospecha para el maestro fue la distinción del pueblo venezolano. Su otredad. Su externalidad a su propio mundo. Este encuentro con el otro fue dicho por Moreno, de distintas maneras, se paseó por nociones como totalidad, practicación, mundo-de-vida, para poder llegar al fundamento de esa otra realidad que se le presentaba externa a la suya, a la vivida y significa en un mundo distinto: “Dos totalidades de vida, dos estructuras del ejercer la vida, del vivir la vida, o, lo que es lo mismo, dos mundos-de-vida, radicalmente dis-tintos entre sí, coexisten en la sociedad ‘criolla’ venezolana. Una de ellas es la de ese grupo minoritario de venezolanos que participan de la modernidad occidental y que se practican a sí mismos en cuanto vivientes y practican su vida como modernos; practican el vivir transido de modernidad. La otra es la de la gran mayoría de los venezolanos, esos que comúnmente llamamos ‘pueblo’ para distinguirlos del grupo de las élites, de los acomodados, de los más educados, del grupo ‘modernizado’.” Esto ha sido parte de la genialidad del maestro, su curiosidad y agudeza a la hora de penetrar en las prácticas, pensamientos y sentimientos. Alejandro logró encontrar el ruido, la disociación sonora, la acústica imperfecta a la hora de establecer un diálogo con un mundo ajeno. Solo desde la vivencia pudo comprender la distinción. Se redimió en la otredad y con una metáfora, la del “frío del muerto”, logró comprender el abismo de los dos mundos, la modernidad y el pueblo. Luego consiguió la armonía que producen los más diversos y fascinantes sonidos. Las huellas del maestro se hicieron nuestras huellas. Los jóvenes investigadores del Centro de Investigaciones Populares nos descubrimos en ese mundo-de-vida popular. Las gruesas capas de formación que tapaban el núcleo vivencial más profundo iba quedando al aire, sin resguardo, sin protección. Fuimos descubriendo a lo largo de las investigaciones y la convivencia popular que nuestro mundo era ese, el popular. Salvando la distancia ideológica, nos constituimos en intelectuales orgánicos. Orgánicos por pertenencia. Nuestra pertenencia al mundo-de-vida popular venezolano, se convirtió también, en huella para el maestro. Dos movimientos se acoplaban armónicamente, su mundo en nuestro mundo y el nuestro en el de él. Hoy podemos decir que Alejandro nació español y murió venezolano. Alejandro fue una persona de voz clara y pensamientos firmes. Sabio. Recordarlo es evocar a un hombre sencillo de pensamientos profundos; de conocimiento reposado, digerido, sobrio, apasionado. No puedo evitar revivir en mis recuerdos las preguntas punzantes que como aguja penetraban las fibras de ese tejido de razones y conceptos desde el cual buscábamos explicar la realidad. Irreverente ante esas categorías rígidas que daban certeza y certidumbre, sin dejar espacio a la libertad y a la otredad. Con nuestro maestro no aprendimos. Con nuestro maestro descubrimos, nos atrevimos, nos arrojamos a la incertidumbre. Es sabroso comprender teniendo en el horizonte la vida, la persona, su mundo total. Una comprensión situada más allá de la razón, más allá de la profundidad planteada por Gadamer cuando coloca el punto de confluencia entre pensamiento y vida, comprender es llegar al punto “en el que la vida piensa y el pensamiento vive…” En el fondo, para Gadamer, lo primero es la razón. En la confluencia entre vida y pensamiento, el pensamiento se sobrepone a la vida. En la otredad del mundo-de-vida popular, el encuentro, la confluencia es con la vida y la afectividad. Pensamiento y razón son construcciones posteriores. Nuestro primer acaecimiento como mundo y como persona en el mundo es la afectividad, la relación, la convivencia. La madre. La familia. Prácticas y vivencias, ni conceptos ni categorías de análisis. En este sentido cito al propio Moreno, “los datos no son propiamente datos; no están dados, sino que se están dando en la vida y en la reflexión. La vida los rehace y la reflexión los recomprende siempre en movimiento. El registro es así, ya de partida, una actividad hermenéutica en la vida, más que sobre la vida.” La vida, tomada radicalmente -y así lo hizo Moreno- es la apuesta por la permanente novedad, el movimiento constante, la sorpresa, el encuentro inesperado, el acaecer de la relación y la afectividad imprevisible. Las huellas del maestro no van en una dirección, no señalan caminos, nos acompaña en los caminos que vamos haciendo mientras vivimos con, en la implicación. Vivir en el fascinante y complejo mundo popular. Quienes nos acompañamos en la investigación, venimos de distintas áreas de formación: psicología, pedagogía, educación, filosofía, trabajo social, sociología, lingüística, historia, arquitectura, biología; todas disciplinas modernas para la modernidad. Abordajes, caminos, disciplinas que buscan comprender-explicar al sujeto de su mundo. Todos fuimos formados en la modernidad, el gran sueño de la razón es el de explicarlo todo y a todos desde un mismo sentido. En ese sueño estuvimos nosotros, somos parte de la modernidad por formación y somos populares por vivencia. Estamos en dos mundos. Dos vivencias. Una tensión existencial que va produciendo la vivencia del quicio. El camino andado junto a Moreno nos ha permitido vivir sin pertenecer, perteneciendo. En una posición privilegiada que nos permite tocar los dos lugares. Para, finalmente, encontrarnos con la externalidad, otredades, y así, pensarnos y vivirnos. Producir conocimiento fuera de la certeza. Decimos con Moreno: “Si los modernos nuestros, como todo moderno, practican su vida de modo que lo vivido por ellos, y lo en ellos vívido, es el individuo, nuestros ‘populares’ practican la vida, y se practican, como relación en convivencia. De ahí que podamos llamar al hombre del pueblo venezolano ‘homo convivalis’.” El dulce sabor que me ha quedado en la boca, después de

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El saber frente al dominio: De vuelta a la universidad (III Parte)

Los sistemas totalitarios se sostienen en la mentira, permiten la adecuación y manipulación, puntales importantes para permanecer en el poder. Por ejemplo, al normalizar y justificar el arreglo del patrimonio de la UCV, pero ¿a quién se le debe su destrucción? La autora plantea de manera clara y determinante la importancia de la vida académica-universitaria frente al “poder” del poder, que discurre sin límites obviando los condicionamientos democráticos de los cuales carece. Ya sea tanto en el mundo político como el académico, ¿toca discernir cuáles son “nuestros espacios” para obligarlos a que estos sean reconocidos? Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará… Los hilos del poder son imperceptibles, son tensados por estructuras difíciles de constatar, porque su impulso no está en la superficie, sino en el fondo oculto. Su fuerza es esquiva, engañosa, especialmente si el poder discurre sin límites, el caso que nos ocupa es el poder totalitario, que no tiene condicionamientos democráticos, ni demarcaciones externas ni internas. Poder absoluto. Un poder como este pone en peligro la vida misma, salvarla requiere desafíos más allá de lo convencional. Seguimos pensando la universidad, colocamos en diálogo la vida académica-universitaria, nuestras vidas en ella, añadiendo el aporte foucaultiano respecto a la relación entre los intelectuales y el poder. Estamos en un camino tremendamente desafiante en el descubrimiento de la verdad y el poder. Continúo aquí la interpretación centrada en la universidad. La verdad del dominio y la mentira de la impostura Los sistemas totalitarios se sostienen en la mentira. Su naturaleza es velada, oculta, bajo la sombra ejercen el sometimiento junto a la eliminación. La impostura es la línea que conduce la acción. No hay verdad, sin esta se construye una narrativa favorable para mantenerse, permite la adecuación y manipulación, puntales importantes para permanecer en el poder. Quienes trabajamos con la verdad, con el acontecimiento, con la vida, no es fácil tragarnos la mentira. Un investigador, un intelectual hurga en la apariencia hasta develar su esencia. Hasta encontrarnos con la verdad de su estructura, eso hacemos en la casa que vence la sombra, que vence la mentira y la impostura. El papel del intelectual es vital en la búsqueda de los hilos que sostiene la trama de un determinado poder. ¿Qué nos pasó?, ¿dónde dejamos el impulso que nos lleva a la verdad? La vida en la verdad parece hoy un proyecto por conquistar. “El poder real está en la persona, en las redes, en los nudos relacionales, en las comunidades, no en las estructuras ni en los aparatos de gobierno” Mientras la mentira domine, mientras el rey circule desnudo inadvertido, naturalizado, mientras el régimen acomode las fachadas destruidas de la universidad y no se produzcan las voces que develen la verdad que lo sostiene, no somos peligrosos, somos sujetos de un campo fértil para el sometimiento. Lo que digo tiene la fuerza de la vivencia, la verdad del acontecimiento y la práctica, no constituimos peligro para el régimen cuando nuestros pasos van por el camino que marca el poder establecido; en este sentido veo muy oportuna la interpretación foucaultiana: “El intelectual era rechazado, perseguido en el momento mismo en que las «cosas» aparecían en su «verdad», en el momento en que no era preciso decir que el rey estaba desnudo”.Lo coloco en futuro: El intelectual será rechazado, perseguido… cuando sea capaz de decir y actuar según la verdad. En la verdad se devela la debilidad del otro, la debilidad del sistema, sus manos de hierro y sus pies de barro, pega duro, pero sin soporte. Una pregunta se levanta firme: ¿En dónde radica su poder? “El intelectual decía lo verdadero a quienes aún no lo veían y en nombre de aquellos que no podían decirlo: conciencia y elocuencia”. Pregunto en presente, ¿cumplimos hoy este papel los intelectuales?, ¿son nuestras universidades el recinto de la verdad y actuamos en consecuencia?, ¿argumentamos desde la incómoda y riesgosa verdad o resistimos solo como mecanismo de sobrevivencia sin que implique que nuestra acción y pensamiento sea un peligro para el statu quo? El dominio es la verdad, pero el discurso que lo sostiene es falso, el ropaje débil parece fuerte, tiene una apariencia indestructible, cuando dejamos de creer en su dureza vemos como cae a pedazos; elemental, no le creímos, no le validamos, eso suma, aunque sea en pequeñas acciones. Las grandes mentiras caen cuando no son creídas en sus pequeñas realidades, verbigracia, las elecciones. “Buscan la homogeneidad y nosotros la diversidad, dos caminos irreconciliables, opuestos, que atentan contra el sometimiento diseñado en el poder establecido” Hay prácticas funcionales al sistema, en la universidad la idea gremial encierra la lucha, pone a los factores internos a pelear, se queda en lo justo o injusto de los hechos acontecidos intramuros. Se cierra la posibilidad de ver el mal radical que está fuera de los factores de poder interno, aunque a lo interno lo reproduzcan. Son estas las redes de poder que son más fuertes que el régimen mismo, son, en últimas instancias, las que lo sostienen. Contra las formas de poder ¿Desde dónde nos planteamos la lucha contra el poder? Para la universidad, universitarios e intelectuales es una pregunta esencial. “Existe un sistema de poder que obstaculiza, que prohíbe, que invalida ese discurso y ese saber”. Continúa argumentando Michel Foucault, lo invalida desde dentro, es una impostura que se hace postura en ciertas capas de la sociedad. Al parecer nosotros, académicos e intelectuales damos cuerpo a esa capa. Lo que diré a continuación, lo destaco porque es una verdad entendida pero no asumida, no terminamos de creer la potencia del mal, en su contra evidencia, en su soterrada y sutil redes de poder: El “poder que no está solamente en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad”. De los grupos, de las instituciones, de las instancias académicas. El control se hace uno con las estructuras preexistente, las doblega, hace normal lo que en absoluto lo

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El saber frente al dominio: Una mirada al estudiante (II Parte)

Un pensamiento libre va hacia la raíz del problema. Averiguar es curiosidad, es la búsqueda de la verdad, es cultivo esencial del intelecto. Esta posición habilita en la acción política y en la lucha contra la dominación. ¿Sacar de circulación a los estudiantes es el propósito esencial de todo sistema autoritario? Son sutiles los cambios que transforman el hábito. Reflexiona la autora: “Si el problema de no empezar clases es algo que atañe al profesor y no a quienes han venido, sistemáticamente, destruyendo la universidad, entonces no hemos entendido nada”. En el artículo anterior nos quedamos en esta búsqueda: se trata de saber qué poder circula entre las prácticas y discursos universitarios; cuál es, de algún modo, su orden interno. ¿En que radica nuestra posibilidad o imposibilidad de pensar las salidas a la dominación? El reto es darnos cuenta de lo que nos ocurre internamente. Conociendo la verdadera naturaleza de lo que nos acontece, el material que constituye la dominación, los órdenes de la práctica, pensamiento y discurso podremos encontrar las salidas en medio de un sistema centrado en la eliminación y el sometimiento. Construyen enemigos a su medida, de modo que la amenaza al sistema no represente un peligro ni sea forzado a desaparecer. Vamos a interpretar los distintos sujetos que constituyen el mundo universitario, empezaremos con el estudiante, sujeto esencial, junto al profesor, en esta dinámica de investigación, enseñanza-aprendizaje, fundamento de esta organización. El estudiante Sujeto y persona esencial en el proceso de la educación superior, tiene identidad, proyecto, recorre un camino inconcluso que debe ser concluido. Momento de las preguntas esenciales y de la construcción basada en la inseguridad. Tal vez sea la etapa en la que buscamos consistencias y certezas bajo la compañía de la incertidumbre. Vivirse estudiante no es solo un rol para cumplir, no son funciones limitadas a una etapa ni, mucho menos, un gremio. Hace más o menos 10 años vengo escuchando lo gremial como la autorreferencia esencial de estudiantes y profesores. Lo gremial es una corporación, no es parte ni de la naturaleza ni de la identidad de ser profesor o estudiante. Yo soy profesora porque investigo y enseño, no porque pertenezco a una asociación. La asociación viene después, es un acto secundario, es una organización de lucha por los derechos, no el lugar de la identidad. Lo mismo ocurre con los estudiantes. “Nada justifica el allanamiento de la autonomía universitaria de parte del régimen y en nombre del ‘acondicionamiento’ de la infraestructura deteriorada, por falta de presupuesto” Dejar de ser estudiantes y profesores para ser gremio, nos ubicó en la misma línea de “la mismidad” con el obrero y empleado. Se asumió la imposición del régimen cuando nos llamó trabajadores universitarios. El sistema nos homogeneizó, contra esto debemos luchar. Ser diferente no es problema. Afirmo y asumo la diferencia. En la educación no es lo mismo ser un obrero o ser un estudiante o ser un profesor, no es que el obrero sea menos, no, simplemente es distinto y tiene un papel que cumplir inasimilable al papel del docente o estudiante. Estos cambios sutiles son parte del orden interior, son los canales por donde discurre el poder de un sistema de dominación como el chavista. Sin extravagancias, inadvertidos, penetran el cuerpo de la universidad. Primero cambió el lenguaje y luego la práctica. El camino de la desnaturalización y la desidentificación es fundamental. El mensaje ha sido claro: no tienes identidad como docente o estudiante sino como trabajador universitario o gremio. Pasó de ser sujeto-persona a ser corporación, clase, entidad orgánica esencial en todo proceso de dominación socialista. De modo que “el poder se incardina en los cuerpos, en las prácticas, en los gestos de los seres humanos, pero también en los pensamientos, en las representaciones y en las racionalizaciones y hasta en el propio reconocimiento de nosotros mismos” (Álvarez-Uría). Hay espacios en los que este poder se ve más claramente, uno de ellos es la universidad, pero no es la claridad o la opacidad lo que importa, sino la posibilidad de reconocimiento e identidad en otro sistema de prácticas y pensamiento. En las redes de poder La universidad, así, se convierte en un juego de roles, de funciones gremiales, en una ficción. Bajo la interpretación a fondo de los hilos de poder que mueven la universidad, tomo de Foucault, el siguiente constructo desde el cual propone pensar a los estudiantes en el marco de una institución como la universidad: “El estudiante ve cómo se le ofrece, en fin, una especie de vida recreativa, una distracción, una diversión, una libertad que, una vez más, no tiene nada que ver con la vida real; y así es como, mediante esta sociedad artificial, teatral, mediante esta sociedad de cartón-piedra, se construye alrededor del estudiante un recinto, de tal modo que los jóvenes de dieciocho a veinticinco años se vean, por decirlo así, neutralizados por y para la sociedad, convertidos en gente fiable, gente impotente, castrada, tanto política como socialmente. Esta es la primera función de la universidad: colocar a los estudiantes fuera de la circulación. Su segunda función, sin embargo, es una función de integración. Una vez que el estudiante ha pasado seis o siete años de su vida en esa sociedad artificial…”. Subrayo y doy fuerza a la idea foucaultiana de sacar de circulación a los estudiantes como propósito esencial de todo sistema de dominación. Entender la ficción como noción básica para el dominio, es muy poderosa, nos ubica en un espacio banal, superfluo, un Disneylandia, un lugar para la distracción o para la lucha gremial. El gremio se convierte en un fin, deja de ser un instrumento de lucha. Las fuerzas internas de la universidad se van contra la universidad misma. “Movimiento estudiantil como movimiento gremial, base del principio de contradicción, acción antagónica frente al profesor. Es así como se ha construido un nuevo ‘enemigo’” “Lo que pretendo hacer es comprender los sistemas implícitos que determinan, sin que seamos conscientes de ello, nuestras conductas más habituales”. Y estas conductas pasaron primero por una práctica de dominación que se hizo lenguaje y este produjo una práctica incardinada en el poder externo, ajeno a la universidad. Son sutiles los cambios que transforman el hábito. Ahora es

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