Opinion

La libertad y la propiedad en el Estado comunal

Autor: Mirla Pérez Mientras políticos, empresarios, universidades, académicos, etc., no entiendan que el régimen va a lo suyo y que se valdrá de cualquier argumento para conseguirlo, no se logrará articular un movimiento con raíces en la potencia real que alberga ese más del 80% de la población que resiste. En este punto estamos hoy: Pasan del hecho al derecho, de la implementación territorial del Estado comunal a la formulación del cuerpo legal que lo sustente. El nuevo orden no es cualquier cosa, es la refundación del Estado. El escenario luce anárquico, sin orden aparente, fragmentado. Su apariencia es su naturaleza, el sistema se está moviendo, está en transición. ¿Momento de transición y eliminación del viejo orden, del orden republicano y democrático que conocemos? ¿En qué punto estamos? Como una sombra se propaga entre nosotros el Estado comunal. Avanza silenciosamente, se expande en el territorio, ocupa a las comunidades, pretende eliminar la pluralidad y lo poco que queda de autonomía. Nos impone hacer política en tiempo de oscuridad: “La historia conoce varios períodos de oscuridad donde el reino público se vio oscurecido y el mundo se tornó tan dudoso que la gente cesó de pedirle a la política otra cosa que no fuera demostrar una verdadera consideración por sus intereses vitales y la libertad personal”, Hannah Arendt. Estamos en la búsqueda de los gestos elementales, en los intereses vitales y en la defensa de la libertad. Aquí, en esta franja está más del 80% del país, exigiendo a la política un mínimo de compromiso por la vida. Mientras tanto el régimen avanza en su empeño de la dominación, aunque cuente con el repudio de las mayorías. En el año 2006 se inició la imposición legal de los consejos comunales, fue el primer paso, en pequeña escala, del proyecto comunal. En esa expresión territorial estaba concentrado lo que hoy se aplica a gran escala, regional y nacional. Su implementación implicó la eliminación de las organizaciones vecinales autónomas. La democracia continuó su largo y penoso camino hacia la destrucción. Del líder comunitario pasamos a los voceros. Los voceros dieron paso a los jefes. Hoy la estructura comunal es un cuerpo de jefaturas: Jefes de calles, jefes de comunidad, jefes del CLAP, etc. “El Estado comunal es un aparato diseñado para el sometimiento de la mayoría, en manos de la minoría” Unas estructuras vacías de gente carecen de auctoritas, el único camino posible es la imposición, por eso requieren jefes que manden y destinatarios que obedezcan. No hay lugar para la autoridad y el liderazgo, la persuasión o el argumento. Las palabras y las acciones son puñales que obligan a tomar el camino delineado por el poder centralizado, explícitamente expuesto en la expresión: “Del presidente a la calle”, la línea de mando directa. Poder centralizado, participación en la línea de la dominación. El régimen siguió el avance produciendo una “constitución” paralela, sin acuerdo, ni consulta, a partir de una “ley constitucional” aprobada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente: el plan de la patria. En este punto estamos hoy, avance “jurídico”, pasan del hecho al derecho, de la implementación territorial del Estado comunal a la formulación del cuerpo legal que lo sustente. El movimiento revolucionario va del hecho al “derecho”, esto es, a la configuración jurídica. El desarrollo del poder comunal da paso a la vinculación del poder cívico-militar. La civilidad fue obligada a ceder el paso a las zonas territoriales, primero, militares y, luego, milicianas, en continua proyección hacia otro tipo de actividades, las económicas, por ejemplo. Estamos en el punto de la “integración” cívico-militar. Momento de transición y eliminación del viejo orden, del orden republicano y democrático. Instalación de un nuevo Estado que reconfigure territorialidad, forma de gobierno, marco legal, población, actividad económica, etc. En la transición hacia el nuevo orden El escenario luce anárquico, sin orden aparente, fragmentado. Su apariencia es su naturaleza, el sistema se está moviendo, está en transición. ¿Puede el régimen dominar en el caos? La fragmentación territorial está gobernada por fragmentos del poder político, facciones del PSUV y de otras agrupaciones, pero, también, por las cuotas de poder que le corresponde a las megabandas que dominan un determinado territorio. Hoy se le suma la guerrilla o ejércitos irregulares. “Si no jugamos su juego sino el nuestro, basado en la verdad de la potencia de una sociedad viva, de una comunidad resistente, podremos gritar su desnudez, su debilidad, articular la rabia que genera a su paso” La región marca el procedimiento, pero también el grupo que domina el territorio señala caminos. ¿De qué modo puede encauzar el poder, el chavismo, para lograr un mínimo de control? Volviendo a la centralización. Diseñando un Estado que le permita reconsiderar lo territorial y los poderes que le habitan. El nuevo orden no es cualquier cosa, es la refundación del Estado. La vigilancia y el sometimiento constituyen dispositivos que han penetrado a las comunidades: RAAS, UBCH, jefes de calles, entre otros, son la garantía de poder mantener bajo la lupa a la comunidad. La milicia ya no es un cuerpo “extraño”, han ocupado el territorio comunitario, es la garantía del funcionamiento comunal. La desinstitucionalización de las Fuerzas Armadas ha sido clave en todo este proceso de diseño e implementación comunal, veámoslo desde el testimonio de un miliciano de nuestro estudio: “… observaron que la reserva era pura gente mayor… y crearon la milicia bolivariana y crearon… el 5to. Componente. Por eso hay problema con unos sargentos que han ido a la escuela, que han ido a la Escuela Técnica, salen como técnicos que son sargentos igualitos y nosotros no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito…! ¿Me entiende?” Este fue un paso importante para poder fusionar en lo miliciano, el poder cívico-militar. Van ordenando según el proyecto. Los otros pasos van en la misma dirección de la desinstitucionalización, es por ello que este año avanzaron en obligar a las ONG, sociedad civil, a registrarse en la plataforma “contra la delincuencia

Opinion

El humor, base de la resistencia

Autor: Mirla Pérez   El humor será siempre un recurso para reírnos del poder, aunque, cuando es tiránico, va contra quienes se resisten riéndose de él. La burla da lugar a la libertad, la recrea, abre una puerta de salida al temor. En la Venezuela de hoy constituye un recurso -inadvertido- de las comunidades ante las acciones que rechazan por absurdas, inhumanas o basadas en el sometimiento. ¿Cuál es la actitud sana ante la reiteración de lo absurdo? Reírnos de ello, hacer mofa, de esa manera lo enfrentamos desde una de las múltiples posibilidades de hacerlo. Nos liberamos al ridiculizarlo.   Ante el hecho electoral están ocurriendo varias cosas, practicadas de modo distinto por cada grupo. Del lado de la comuna o grupos organizados en torno al poder del régimen, se está ridiculizando el mecanismo electoral. Oyes decir con picardía y humor: “¿qué política es esta? Hasta el gato se quiere lanzar, por allá un peluquero que en su vida habrá hecho algo electoral, hoy quiere ser alcalde o concejal…” y no falta quien diga: “estamos hastiados de tanta imposición y vivir mal, prefiero burlarme de esta locura.” La inconformidad es el terreno que pisa el régimen, incluso, del lado de lo suyos. En las localidades abrieron la caja de pandora, lo que antes era un mecanismo de cohesión hoy es una posibilidad de rebelión. Las elecciones agudizan la tensión entre la banalidad de lo electoral y su uso como mecanismo de coacción. De la democracia ha quedado solo el dispositivo electoral como mera formalidad, porque les interesa como estrategia de unidad para los suyos y para la ratificación del aparato de poder. Las “elecciones” en los sistemas totalitarios son dispositivos que sustituyen la libertad de consciencia del individuo, por el funcionamiento del engranaje de la dominación en la que el régimen se reafirma. La gente del régimen, la de abajo, las que tienen la pesada carga de la sobrevivencia, están “arrechas”, sentimiento que les sales del alma cuando tienen que definir su estado emocional. El circo se les hace pesado, el payaso ya no se ríe, ni es gracioso, ni causa gracia. La gente ya no quiere que le hagan reír, que le obliguen a la pose y finja algo que no siente. En este momento las elecciones se topan con la banalidad, con lo superfluo, con la resistencia de las bases tanto comunales como comunitarias. Desde el chavismo se rechaza un mecanismo que les obliga a girar en torno a un mismo punto y desde la oposición sienten que son obligados a girar en torno al punto que le ha colocado el chavismo. Arriba hablamos de la base comunal, ahora hablemos de la base comunitaria. Mientras que del lado del régimen hay mofa, burla, humor ácido; del lado comunitario hay silencio, rabia, impotencia, rebeldía y desobediencia, aromas ligeros que acompañan la decisión: “no voto por ningún vagabundo de esos, no voto por los mismos, llevamos 20 años votando sin obtener cambios mínimos, ni significativos. Votamos, pero no elegimos,” son algunas frases que registramos en el trabajo de campo. El pueblo vacío de opciones reales prefiere el silencio, la solidaridad, el encuentro cotidiano con el otro comunitario, aunque estas no sean expresiones de poder. En la voz de Havel Vaclav (1936-2011) encontramos vías de comprensión en procesos históricos similares. La comunidad venezolana hoy está ubicada en “la vida en la verdad” y esta se vive en los más elementales gestos de unión y solidaridad: “…vida en la verdad es el punto fundamental de partida existencial (y potencialmente político) de todas las iniciativas civiles independientes y de todos los movimientos disidentes o de oposición… esto no significa, naturalmente, que todo ensayo de vida en la verdad sea automáticamente algo parecido. Al contrario, indica el vasto campo, no delimitado y difícilmente descriptible de las pequeñas manifestaciones humanas que en la mayoría quedan inmersas en el anonimato y cuyo alcance político nadie cultivará…” El humor es uno de los gestos elementales de la rebeldía, contra la manipulación y a favor de la libertad y de la convivencia. Es uno de los primeros indicios de una sociedad en movimiento, que no está dispuesta a seguir calándose ni la imposición ni el sometimiento, ¿se cultivará políticamente?, ¿se convertirá en poder? Necesitamos buenos oidores y entendedores.  

Opinion

La impensable pobreza en Venezuela

Autor: Mirla Pérez Hace un poco más de 30 años, más o menos, era activista política y educadora popular. Me desempeñaba en un barrio de la zona sur de la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, un cinturón poblacional económicamente muy deprimido. El diagnóstico hecho en la comunidad donde residí y trabajé fue de pobreza. Una pobreza definida por la deficiencia de los servicios públicos: agua, luz, vías públicas de arena, salud y educación. Se trataba de un barrio en formación. En Venezuela, los barrios nacen de modo espontáneo, en su línea histórica primero se produce la organización de los pobladores, luego hacen una distribución del espacio, se levantan los ranchos, en ellos habitan madres y niños. Los hijos jóvenes y padres sólo apoyan en la construcción de la casa (cuando se trata de terrenos baldíos), una vez que se gana estabilidad comienza a hacerse mejoras en las viviendas. Lo que marca el surgimiento del barrio es el trabajo que produce los recursos económicos y el trabajo en la construcción de la vivienda, que se asocia con la estabilidad de la familia. Los materiales de las viviendas variarán, según el trabajo y recurso que se invierta en el lugar. La casa se convierte en un proyecto familiar. El sello que imprime este proceso -más que el de la pobreza- es el del esfuerzo, el proyecto familiar, trabajo y el sueño de tener, finalmente, una propiedad privada, una propiedad familia. El principio del progreso es la propiedad y, para ello, se invierte en trabajo, así se va superando la pobreza que más que una identidad es un estadio superable. El barrio gana estabilidad cuando tiene agua regular y tendido eléctrico, y los caminos comienzan a ser caminerías de concreto, escaleras o calles asfaltadas. La gente progresa y la función del Estado fue acompañar y favorecer la convivencia, facilitando la instalación de estos servicios. A diferencia de una urbanización, el barrio es primero gente y luego estructura, servicios y distribución espacial. Lo cierto es que la “pobreza” era una etapa superable en la vida de una comunidad. Lo que quiero destacar, con toda esta experiencia, es que la pobreza en la democracia es cualitativamente distinta a la pobreza en la revolución socialista. Antes, la pobreza se trataba de limitaciones en la obtención de algunos recursos, servicios públicos deficitarios, vías públicas en construcción, pero no me viene a la memoria ninguna experiencia de hambre. No hambre generalizada, sí hambre en algún núcleo familiar. Es decir, había sectores de la población con limitaciones económicas puntuales, pero teníamos colegios, una red de salud pública eficiente y muy bien extendida, etc. La democracia había sido garantía de bienestar. Razones para luchar y emprender proyectos sociales y populares había de sobra, pero en unas condiciones económicas no muy precarias. Hoy estamos en lo que podemos llamar: la impensable pobreza. Una pobreza que nos agarra desprevenidos. El bienestar se detuvo en el tiempo, el país dejó de ser pensado y proyectado, al punto que se convirtió en caldo de cultivo para que pudiera nacer un proyecto socialista totalitario, como el que hoy ha madurado entre nosotros. La pobreza no sólo comenzó a ser pensable, sino vivible, ya no es la carencia que puntualmente puede tener una persona o grupo de una comunidad, se trata de una pobreza en la que se nos viene encima todas las instituciones. Una pobreza que se exhibe en los hospitales, no sólo en sus edificaciones, sino en todos sus servicios; en la imposibilidad de conseguir medicamento no sólo por el costo, sino porque simplemente no hay, no se compró a los proveedores; no se produjo en el país porque los laboratorios cerraron, porque fueron insostenibles en un régimen que expropió todo lo que no le pertenecía. La consecuencia es que no tener medicamentos implica la muerte. No es un material suntuoso, sino necesario e indispensable para la vida. La impensable pobreza comienza a determinar la vida como nunca, pasamos por las largas colas para comprar comida, hasta llegar al punto en el que, sencillamente, no se puede comprar y, en consecuencia, no se puede comer. Ya se trata de hambre. El hambre que no puede ser combatida por la solidaridad entre convivientes, porque el déficit de alimentos nos llega a todos. Hemos entrado en la peor de las pobrezas, no es solo carencia de recursos de algunos pocos, sino la carencia que se extiende a todos. La solidaridad es cada vez más limitada. El problema más grave es vivir este estado de pobreza generalizado, inserto en un sistema totalitario, en un régimen cuyo horizonte está centrado en el poder aunque implique la muerte, la eliminación, la fragmentación territorial y su consecuente pérdida del territorio. ¿Tendrán claras las élites los grandes retos de la Venezuela comunista en la que la democracia es solo un instrumento vacío, carente de significado para los que mandan?

Investigaciones

EL PODER DE LA COMUNIDAD VS LA IMPOSICIÓN COMUNAL

Autor: Mirla Pérez   INTRODUCCIÓN Esta es una ponencia enmarcada en el foro “Ciudades Comunales: Estado Comunal vs empoderamiento ciudadano y comunitario,” pero también es un producto parcial de una investigación que llevamos adelante en el Centro de Investigaciones Populares. Inevitable pensar en la externalidad de los dos vocablos que sostienen esta disertación: comuna-comunidad, ambos evocan realidades distintas, proyectos distintos de país, bifurcación de historias y prácticas. Dos mundos. Dos significados. Por un lado, el Estado Comunal, sobrevenido en programa impuesto y, por el otro, la comunidad, sociedad, ciudadanos que constituyen la historia que se ha venido cultivando hace ya más de 500 años de nuestro vivir hispano americano. La vida, tradición y cultura están de nuestro lado. Del lado de la comunidad. ¿Homogénea? No. Heterogénea y diversa. Eso somos y hemos sido, debilidad y fortaleza. Ese es nuestro pueblo hoy fustigado por un plan impuesto, externo e interventor capaz de demoler toda vida, cultura y sociedad que no pueda someter. Tomo de Ortega y Gasset, su noción del vivir como fuente de toda realidad histórica: “miran de la historia sólo la política o la cultura, y no advierten que todo eso es sólo la superficie de la historia; que la realidad histórica es, antes que eso y más hondo que eso, un puro afán de vivir, una potencia parecida a las cósmicas; no la misma, pero sí hermana de la que inquieta al mar, fecundiza a la fiera, pone flor en el árbol, hace temblar a la estrella.” Vivir es fuerza, motor, ímpetu. Vamos a quedarnos con esta idea que trabajaremos más adelante, por lo pronto, vivir es una acción creadora y liberadora, fecunda. Del vivir pasamos a la comunidad, me quedo con el concepto antropológico amplio: “es un todo humano cuyos miembros viven por y para ella.” Tienen una historia, territorio, costumbres, relaciones comunes. Nuevamente se está y se comparte en torno al vivir y convivir en un espacio histórico determinado. I. Comuna:eliminación de la identidad   Tomaré del Diccionario de la Real Academia Española, la definición de comuna en su segunda acepción: “Forma de organización social y económica basada en la propiedad colectiva y en la eliminación de los tradicionales valores familiares.” La base de la comuna es la propiedad colectiva, en el fondo resuena interés, ideas, conceptos comunes. Mecanismo, dispositivo elaborado bajo los intereses de quienes imponen este tipo de organización social, convertido en espacio de control. El punto de partida es la eliminación de aquello que hace comunidad. Por tanto, la comuna parte de la destrucción de la tradición, de la identidad, de la trama relacional y afectiva en un tiempo y lugar determinado. Comunidad y comuna no son opuestos, son externos uno al otro. Pertenecen a un universo de significado completamente distintos. Constituyen el punto de partida de dos países distintos. Hablar de Comuna es situarse en el desplazamiento de las estructuras antiguas, tradicionales y establecimiento de una nueva geopolítica, un sistema de distribución territorial basado en otros principios rectores. ¿Cuál es el principio rector? El “poder popular” está constituido por el poder miliciano que desplaza lo civil. Notemos que la estructura no es propiamente militar, por eso han venido desmontando, sistemáticamente, las fuerzas armadas institucionales. Es así como el Sistema de Organización Territorial de las Unidades Populares de Defensa Integral (SOTU) está anclado a la territorialidad miliciana. Cuando sospechamos que este régimen es miliciano y no militar, lo hacemos desde las prácticas y vivencias de los sujetos que nos conducen a preguntarnos por la naturaleza del poder que domina, es por ello por lo que reproducimos, a continuación, lo que un miliciano dice del paso de la reserva a la milicia: “Ellos observaron que la Reserva era pura gente mayor… y crearon la Milicia Bolivariana y crearon… el 5to componente. Por eso hay problema con unos Sargentos que han ido a la Escuela (oficiales del ejército institucional). Estos sargentos han ido a la Escuela Técnica y salen como técnicos, profesionales, pero ellos son Sargentos igualitos que nosotros que no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito! Y horita, en lo que ganen la Asamblea tú vas a ver a más de un miliciano por ahí… van a asignar los batallones como es, van a asignar como es, ¿me entiende?” (Antonio, 2020, sargento miliciano) Tenemos, entonces, que el territorio, la formación y el apresto es miliciano y no militar. Las Ciudades Comunales vendrán a constituirse en las regiones integradas por las comunas en la que terminará de desplazarse el poder civil. De hecho, en la ley que las regula, reglamentan y dan curso legal a la autonomía relativa de estas instancias. ¿Dónde reside el verdadero poder? II. Características del territorio comunal La geopolítica local: La cartografía social como ejercicio de dominio territorial de las comunas y Ciudades Comunales, es una de las tareas que quedará abierta en el nuevo diseño territorial. Tengamos en cuenta que la fragmentación del territorio ya está en marcha, hay lugares, especialmente en los estados fronterizos, donde mandan los grupos irregulares. ¿Quiénes van a marcar ahí el territorio? ¿Bajo qué legislación se hará? ¿Qué interés priva en los lugares que concentran más que un barrio o más que una parroquia? ¿Cómo agrupas el territorio tomado, ocupado o conquistado por la delincuencia organizada: Cota 905, el Valle, Coche, Cementerio? La cartografía comunal, tal como lo dice la ley, serán “unidades funcionales con criterios geo-históricos…” ¿Para quién debe ser funcional? En el horizonte del Estado Comunal no está la unificación territorial sino su dispersión que garantice cuotas de poder en un Estado desmembrado. ¿Cómo quedan las comunidades frente a esto? Una Cartografía dejada a los criterios comunales debe tener un límite, ¿quién lo coloca?: la estructura miliciana, que unifica los componentes cívico-“militar”. El límite lo produce la jerárquica miliciana, el diseño de la distribución del CLAP y de otros bienes y servicios se hace a partir de las Zonas Estratégicas de Defensa Integral. Pasamos del SOTU al ZODI. La lógica comunal está sostenida

Opinion

Alexander Campos: El Gobierno interino y EEUU no conocían a qué se estaban enfrentando en Venezuela

Texto y fotos: Vanessa Davies 14 junio, 2021 “No es lo mismo unas conversaciones de transición hechas con un dictador, que hechas con una estructura criminal”, opina el investigador del Centro de Investigaciones Populares y profesor de la UCV. En el país, sostiene, hay gobernantes cuyo comportamiento es el del malandro estructural. A su juicio “no hay un espacio en el que esta sociedad esté libre de la dominación, y esa es la búsqueda de todo régimen totalitario”. Pero al mismo tiempo, afirma, la gente quiere luchar: “Lo que uno ve son ganas tremendas de la gente de organizarse, una disposición a hacer política, pero no a hacer política de tontos o políticas que le haga el juego al régimen, sino políticas desestabilizadoras del régimen, políticas que vayan dando el golpe certero y no palos de ciego”  Alexander Campos es un hombre de palabra. De palabras, mejor dicho, bien estudiadas en los libros que flanquean su escritorio. Pero también es un hombre de hechos. Cuando habla de dominación no solo es porque la ha analizado, sino porque la observa en su vida de barrio. Investigador del Centro de Investigaciones Populares, Campos mantiene que el Estado está tomado por estructuras criminales, y que por eso las negociaciones tradicionales no funcionan. “En el recorrido histórico de los estados totalitarios nunca se había dado esta particularidad que nosotros tenemos. Es una situación inédita”, afirma, y la compara con la desaparecida URSS: “El Politburó de la Unión Soviética de alguna manera tenía el dominio del asunto”. ¿Cuál es el Politburó de Venezuela? “Jajajajaja… No lo sabemos”, responde. -¿Estamos en un Estado totalitario, un régimen de terror que copa toda la vida de la gente?  -Cuando uno hace revisión de la vida cotidiana de la gente no podemos decir otra cosa. ¿Qué espacio de la vida hoy no queda bajo el control del régimen? Revisemos. Si usted necesita agua, necesita comprarles a las grandes cisternas manejadas por ellos, o usted necesita ponerse de acuerdo con alguna de las estructuras comunales que dominan eso para poder usted tener agua. Pero también si usted necesita gas, si usted necesita comida, tiene que depender de la estructura de distribución de ellos, porque resulta ser que usted no gana ni 2,8% de la cesta básica, y lo poco que te da el Estado viene por sus estructuras. Si usted necesita algo referido a la salud, aparte de las iniciativas del sector privado, las ONG o las organizaciones de apoyo humanitario, el resto depende de ellos. Es decir, aparte de la intimidad de la vida en la familia, aparte de la intimidad de la vida en la pareja, parece ser que no hay espacio en el cual ellos no pretendan intervenir. -¿Intervenir para qué? -Para colocar sus gustos, para colocar sus deseos, para orientar tus deseos, para orientar tus gustos y para que dependas de ellos. Esa es la orientación. No para generar autonomía del sujeto, no para que el sujeto se mantenga por sí mismo, sea sujeto de sus decisiones, sino para que el sujeto acople sus decisiones con las decisiones del Estado. -¿Para qué?  -Para mantenerse en el poder. No es poca cosa. Si profundizamos evidentemente el mantenimiento en el poder no es lo mismo en unos regímenes, que en otros. A mi entender, en esta estructura criminal mantenerse en el poder significa desarrollar el impulso natural del régimen, que es el impulso a la dominación. El poder para el régimen no es para lucrarse solamente, que se lucran. Al igual que el malandro estructural no busca como único impulso el lucro, el tener más, sino el someter más; de ese modo ellos han cometido ese impulso en un sistema, y hacia allá van. Por eso aquellos que pretendan encontrar en el dinero, en el lucro el último motivo y el último impulso de ellos, se van a encontrar con que, igual que el asesino estructural, eso no es lo que los mueve. -¿Tenemos gobernantes que su comportamiento es de malandro estructural?   -Y no solamente eso, sino que han hecho del régimen una estructura criminal, que es distinto de usar la estructura gubernamental, la estructura del Estado para cometer crímenes. -¿Estamos en la primera?  -Estamos en el Estado hecho estructura criminal. Lo que a mí me preocupa es que las interpretaciones de aquellos que llevan adelante las estrategias y el modo político de entendernos como nación piensan que el régimen es solamente una banda de delincuentes diseñando un Estado que les favorece sus fechorías y sus intereses. No es solamente así. Esto va más allá. Es un Estado que está pensado y está hecho estructura criminal, y hacia allá dirige toda la burocracia, toda la estructura. -¿Lo ve en zonas populares o en toda la sociedad?  -Es verdad que la señora de mi barrio que no tiene mayor defensa, y no tiene siquiera para comprar un mercado, es muy indefensa y tiene pocas herramientas para desarrollar su vida. Sin embargo, eso no significa que allí se detenga el control del régimen; solo que lo modifica. -¿Cómo es? Pareciera que se domina más al que menos posibilidades tiene.  -Se domina de otra manera. Es la misma dominación que viven los grandes terratenientes y los grandes industriales de este país cuando no pueden producir ni siquiera uno solo de sus productos sin depender totalmente del régimen. Lorenzo Mendoza, con todas sus estructuras empresariales, hoy no tiene la independencia que podía tener en otro momento para desarrollar su trabajo. -Hay espacios de autonomía.  -Individuales. El espacio de autonomía que le puede dar agarrar un avión e irse. De lo contrario, depende solo de lo que dentro de la estructura criminal se le permite. Él podrá hacer un bonche, podrá tener una fiesta a la cual invitar a su gente y podrá comer todo lo que quiere, pero no es libre de desarrollar aquello que pone en peligro al régimen. -¿Es transversal?  -Es transversal a toda la sociedad. No hay un espacio en el que esta sociedad esté libre de

Opinion

El poder del «entre»

Autor: Mirla Perez El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. Para el chavismo su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. Suprimir el viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto. Hoy tenemos un país fragmentado, y lo podemos entender con las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? ¿De qué se trata? El entre lo vamos a entender aquí como el espacio de la relación, de la vida social, del mundo en el que somos y vivimos. Toda cultura produce una particular manera de vivir ese espacio público, ese lugar de encuentro, ese punto de confluencia. En Venezuela predomina la cultura de la convivencia, el “homo convivalis”, denominado, así, por Alejandro Moreno. Este convive es ya un acontecimiento fuera de la individualidad, su punto de partida es vivirse en otredad. Esa es su identidad. Ese es su punto de partida. La narrativa cotidiana nos lleva a ese encuentro, en la historia de vida de Felicia, madre popular venezolana, nos encontramos con la siguiente afirmación: “Mis hijos me tuvieron a mí, y mis hijos me tienen a mí”, pasado y presente, convivencia que se mantiene en el tiempo. De la madre emanan los hilos afectivos que van tejiendo una trama que primero es familia y luego comunidad.   “Ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal” Difícil separar lo público de lo privado o, mejor dicho, difícil pensarlo de modo separado en Venezuela. El entre habita la humanidad del venezolano porque está hecho de convivencia, la madre urde la trama y en ella está la comunidad, espacio concreto de la relación siempre abierta al otro. En la calle se produce el encuentro, pero también la política. Ni la solidaridad, ni la fraternidad, ni la convivencia son prácticas extrañas, están ahí y se manifiestan de continuo. El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. La modernidad democrática favoreció el encuentro, pero no detuvo otros tantos desencuentros. No ha sido una convivencia armónica, sin embargo, nos las arreglamos para integrarnos como país. En la pluralidad y en la diversidad convivimos. La oscuridad de un proyecto En cambio, hoy, el chavismo, proyecto totalitario, oscuro, como lo denominó Arendt, sí parte de la eliminación. Su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. Este es un sistema que no hace política, sino que somete. No parte de la pluralidad, no lidera, manda y obliga a la obediencia, por eso sus estructuras están compuestas por jefes. ¿Cómo se puede ser jefe de una comunidad? El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. La eliminación tiene los colores de la muerte en todas las estructuras: Eliminar la persona, la identidad, la cultura, la comunidad, la convivencia, la institucionalidad. Parte de la erradicación del viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto, ni acuerdo sólo se impone. “¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?” Hay una aproximación que hace Stéphane Courtois (1997), al hecho de la eliminación en los países comunistas, y lo dice de la siguiente manera: “En cada caso el objeto de los golpes (muertes) no fueron individuos sino grupos. El terror tuvo como finalidad exterminar a un grupo designado como enemigo que, ciertamente, solo constituía una fracción de la sociedad, pero que fue golpeado en cuanto tal por una lógica genocida. Así, los mecanismos de segregación y de exclusión del totalitarismo de clase se asemejan singularmente a los del totalitarismo de raza. La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la raza pura, la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa”. La revolución comunista venezolana, se bifurca en dos caminos: El colectivismo, desde lo conceptual e ideológico que implica la supresión de lo privado como concepto fundamental para la vida y para la propiedad; y el camino del “crimen de masa constituido en un verdadero sistema de gobierno”. ¿Cómo entiende la política el chavismo? Como la práctica del sometimiento y desidentificación cultural e histórica. Eliminación del mundo tal como lo hemos vivido y pensado, supresión del encuentro libre de la vecindad. Por eso ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. ¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?, ¿vemos como se metió en nuestras casas, en nuestras vidas, en nuestras comunidades? “El reto para la oposición es enorme, como lo es, también, para la sociedad y la cultura, (…) para poder identificar el momento”   El sistema eliminó la democracia, implementó la estructura comunal y ahora está legislando para dar soporte legal a lo que constituye su gran proyecto. ¿Se contradice esto con el componente criminal? No. Ya la humanidad lo ha vivido, “… todas las declaraciones en el tribunal de Núremberg insistían en una de las características mayores del crimen contra la Humanidad: El hecho de que el poder del Estado fuera puesto al servicio de una política y de una práctica criminales”, nos dice Stéphane Courtois.  El Estado Comunal sostenido territorialmente en las Zonas de Paz y en el Sistema de Organización Territorial de la Unidades Populares (SOTU), nos lleva a pensar que está al servicio del partido único y de las organizaciones criminales. Tenemos un país fragmentado, su fragmentación favorece el proyecto centrado en jefes de zonas que dominen los negocios regionales. Esta “institucionalidad” que le sirve al crimen organizado, la podemos entender bajo las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? Salidas radicales En este sentido Arendt ubica

Investigaciones

Yo no nací para que me mande nadie

Autores: Alexander Campo y Mirla Perez Carmen tiene 48 años y vive en Caucagüita, en el este de Caracas. De niña soñaba con ser parte de la Fuerza Armada, como su papá. No fue sino hasta hace cinco años cuando encontró en la Milicia Bolivariana una forma de cumplir aquel sueño. En esta historia cuenta parte de lo que se vive en las entrañas de ese componente, tal como solo puede hacerlo quien está ahí dentro. ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO Desde que era una niña siempre me gustó la carrera militar. Mi papá fue militar y me echaba los cuentos. Él era negro parquero, cuidaba el parque de armas aquí en Caracas. Me gustaba esa vida. Quise hacer la prueba académica, pero mi promedio era de 14 puntos, y para entrar a la Academia Militar, en ese entonces, debías tener un promedio de 19 o 20 puntos. Luego no pude por la edad o porque mi familia no tenía los recursos para eso. Cuando inventaron esto de la milicia, casi 30 años después, fue que pude cumplir ese sueño de niña. Digamos que me llamo Carmen. Tengo 48 años y vivo en Caucagüita, en el municipio Sucre del estado Miranda. Ya tengo cinco años en la milicia. Soy bachiller y nos dijeron que los que somos bachilleres vamos para sargento. Ahora soy cabo primero. Los que son licenciados son los que pueden llegar a tenientes. Si tú eres médico, por ejemplo, y quieres entrar en el Ejército o en cualquier otro componente, entras de teniente de una vez porque eres profesional. Asimilación, así lo llaman. Si yo fuera más joven, podría entrar en la Academia Militar por ser miliciana. Muchachos jóvenes hasta los 30 años, si se inscriben en la milicia y luego quieren irse a la Academia Militar, pueden hacerlo. Los jóvenes tienen ese beneficio y les pagan un sueldo. Y no duermen en el cuartel, sino que se van para sus casas. Sirven parcialmente. Pueden ir hoy, mañana, pasado, o cuando hay una actividad, cuando los llaman. Pero no los obligan. Los tenientes siempre quieren meterse con el cabo, el distinguido o el de la milicia, lo quieren estar jodiendo a uno. Mi papá me contaba que había un teniente que quería estar echándole vaina a cada ratico. Así ha sido siempre. Mi papá sirvió como militar, y mi hijo, de 26 años, fue guardia de honor presidencial de Hugo Chávez. Hubiese querido que mis tres hijos, incluso la hembra, fueran militares, pero solo uno tomó ese camino. Y yo ahora, que me dieron la oportunidad de ser miliciana. La milicia pasó a ser el 5to componente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, junto con la Aviación, el Ejército, la Guardia Nacional y la Marina. Hacemos ejercicios, trotamos, nos enseñan karate, defensa personal. Le dedico los sábados nada más, desde las 7:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde. Y hay días que vamos varias veces porque tenemos que hacer guardia. La guardia es de un día para otro en la Comandancia del 23 de enero o puede ser ahí mismo en el cuartel. Tengo tiempo que no hago guardias de esas, porque no me pagan. Eso es trasnocharse por nada. Esta semana, por ejemplo, hubo transmisión de mando de las REDI (Regiones Estratégicas de Defensa Integral) Capital-Central, Occidental, y de Guayana. Ahí estuvimos jueves y viernes, y nos dieron una caja de alimentos el sábado. Con eso nos pagaron: con una caja de comida. Otros milicianos están en convenio; esos son los que emplean en las instituciones. La Milicia tiene un componente territorial y otro de combatientes. Los de Corpo-Miranda, Pdvsa, Cantv, que se ponen una franela roja con rayitas, forman parte de eso que llaman Cuerpos Combatientes. Son trabajadores de esas empresas o instituciones, que los preparan como milicianos. Son gente que está obligada a ir a las marchas, porque los buscan en una lista, para irles pagando. Se les paga un incentivo por cada marcha, por cada concentración. Como la milicia pasó a ser el 5to componente, van a hacer un hospital para nosotros. Mientras tanto nos atienden en el Hospital Militar Doctor Carlos Arvelo, y en el que está dentro del Fuerte Tiuna. Y vamos a tener un sueldo, porque todavía no tenemos; por ahora la milicia es voluntaria. Pero al pasar a ser el 5to componente de la Fuerza Armada es distinto. Y se irá purificando. Por ejemplo, yo estoy de acuerdo con que saquen al viejito, al cojo, a esos. Pero ellos dicen que están ahí porque son del pueblo. Los que ves sentados por ahí, o vendiendo cepillao, lo que está haciendo es labor de inteligencia. ¿Y quién va a pensar que el cojo, el que vende cepillao, ese inválido, puede estar grabando, viéndote y tiene para defenderse? Desde hace años los están formando para eso, para hacer inteligencia. Porque la milicia no tiene un día, está desde el 2002, o el 2004¹. Antes estaba la Reserva, que ahora es parte de la milicia. Todavía hay reservistas. Yo estoy haciendo un curso de campista y ahí hay un poco de hombres en unos salones escuchando clases de tanques, de motores, porque van a ser conductores de los tanques. A veces, yo ando así como los de las FAES (Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana), encapuchada toda, vestida de negro, como militar, en otros barrios. Hemos estado haciendo recorridos con la Guardia Nacional en varios barrios. El armamento que nos dan es de varios tipos. Por ejemplo, hay uno que tiene como un hierro, que se llama retráctil y se dobla. Hay otro que parece una pala con un hierro, con el que puedes golpear a una persona. Y nos entrenan para manipular fusiles automáticos livianos, como el AKM (rifle de asalto Kalashnikov) y el 108 (fusil de asalto ruso). Yo por lo menos he disparado. Soy francotiradora. Hice mi curso en la Casa Militar. Ahorita estamos dándoles clases a los nuevos milicianos, somos instructores. Somos un Comando de Milicia de Acción Rápida, no somos como cualquier

Investigaciones

Carla solo quiere estar resguardada un día más

Autores: Alexander Campo y Mirla Perez En La Cañada de Urdaneta, en el estado Zulia, los vecinos acostumbraban salir al frente de las casas a celebrar, a conversar. Las pintaban cada diciembre. Pero hoy aguardan sigilosos esperando la extorsión o la muerte de maridos y de hijos, en manos de los delincuentes o los policías por igual. Carla, una de las vecinas, lo cuenta en esta historia. ILUSTRACIONES: CARLOS MACHADO   Algo parece haberse movido en la calle. O quizá no. El viento arrastra una página de una vieja revista, ¿o será una bolsa vacía?, que va trompicando entre el polvo. Debe haber confundido el siseo del papel al rozar la carretera con unos pasos disimulados. Carla se aparta de la ventana solo para volver a ella minutos después. En la casa de enfrente una sombra se mueve tras la cortina. Es como si fuera su espejo. Carla y su vecina se mueven a la vez, como guiadas por la coreografía del sigilo. Carla contiene la respiración. Ha llegado a confundir su propio resuello con el de alguien que se hubiera colado en su casa y estuviera a sus espaldas. Se obliga a quedarse inmóvil para oír mejor y ver que el bulto en la casa de enfrente se ha paralizado también. Aunque las manos le tiemblan, se ríe en un suspiro. Más que la simultaneidad de los movimientos, le hace gracia la coincidencia de las cortinas. Son idénticas: lo suficientemente tupidas para que no se vea para adentro, pero bastante traslúcidas como para atisbar la calle. El ruido de las papas al batirse contra las paredes de la olla donde las ha puesto a hervir la saca de su atalaya. Al notar que ella se ha separado de la ventana, la vecina parece confirmar que de momento no hay nada que temer y también se retira. No tardarán en regresar. Desde hace como cinco años, desde 2015, no hemos tenido descanso. Mejora un poco, pero no hasta el punto de que podamos descansar o salir un rato por allí, a conversar con los vecinos. Ni siquiera en diciembre, cuando acostumbrábamos salir al frente de las casas a celebrar. Eso es lo que más nos ha pesado, que no podamos compartir con quienes viven pared de por medio y han sido nuestra familia por generaciones.  No es siempre igual. Puede haber días, incluso un par de semanas, en que el acoso amaina, pero luego regresa. La gente sale a comprar la comida que pueda conseguir y regresa a su encierro. No hay quien los defienda. La policía no solo está rebasada por la delincuencia sino aliada a esta. En estos años, La Cañada cambió muchísimo. Podría decirse que desapareció y solo queda este montón de casas donde las mujeres rondamos por las ventanas con la esperanza de adelantarnos al zarpazo que puede venirnos de cualquier lado. La Cañada se convirtió en una comunidad sufrida. Muy dolida. Quedamos muchas mujeres sin maridos y sin hijos. Seguimos aquí porque, al menos hasta ahora, respetan la vida de las mujeres. Pero no les importa la edad de los muchachos, ni que sean estudiantes, sanos o trabajadores. No les importa nada. He quedado casi sin vecinos. A las vecinas del frente les han matado a sus hermanos, sus esposos y sus hijos.  Estamos indefensos frente a las bandas y las policías. Están, como siempre han estado, Poli Urdaneta, Poli Regional y la Guardia Nacional, que no nos defienden y muchas veces actúan en complicidad con las bandas; y luego, hay tres cuerpos nuevos: FAES, DIM y Sebin. Las ejecuciones las hacen las bandas, las FAES y la DIM. Una de las vecinas ha atravesado la calle para venir a casa de Carla. Pone sobre la mesa dos plátanos que Carla le agradece apretándole una mano. No dice “gracias” porque teme que las antiguas palabras hagan más patente la desaparición de un mundo, un mundo amable, donde había risas e intercambio de platicos por encima del bahareque. Los plátanos, de todas formas, son lo que en el Zulia llaman “rebusco”, pequeños, escuchimizados, de piel reseca. Nada que ver con los antiguos plátanos de La Cañada de Urdaneta, en la costa oeste del lago de Maracaibo, donde bastaban dos de aquellos portentos para alimentar a una familia. Hablan en cuchicheo. Quién iba a decirlo, de muchachas se hablaban de una ventana a otra, mientras en el interior de sus casas sonaban varios aparatos de radio, una licuadora, alguien llamando a los perros a comer y el bisbiseo de una sartén donde no faltaban trozos de yuca o arepas con huequito. A viva voz se convidaban a juntarse para arreglarse las uñas, intercambiaban tazas de azúcar o se preguntaban si asistirían a la fiestecita del sábado. Así, a grito limpio. Pero, claro, eso era antes. Sentadas a la mesa, Carla le ofrece un café aguado en cuyo fondo se lee una fortuna esquiva. Hablan tan bajito que si alguien las escuchara desde la habitación contigua apenas captaría retazos. Que si Los Gutiérrez… Los García… El Chamito… El Becky… los nombres de las bandas criminales han sustituido los de los personajes de las telenovelas. Son ellos quienes extorsionan y llegan, incluso, a lanzar granadas a las casas de quienes se niegan a pagar. Las bandas se pelean el territorio. La vecina alisa el mantel y comenta que los Gutiérrez pagan a las FAES (Fuerzas de Acciones Especiales), y a la Policía Nacional Bolivariana, para que maten a los rivales de otra banda. Nada que Carla no sepa. El propio Chamito denunció a las FAES, asegurando que aceptan dinero de las otras bandas. Y las muertes no cesan porque hay varios frentes de batalla, la zona pesquera, la petrolera, la agrícola y la comercial. Hace como dos años, recuerda Carla mientras enjuaga la taza con un poquito de agua recogida en un recipiente plástico, llegaron dos motos a esa calle y abrieron fuego. Mataron a Juan porque no había cedido a la extorsión. Así mismo mataron a otro señor, cuyo nombre se esfuerza en vano por recordar,

Opinion

El vacío

El dolor se ve en el rostro de los vecinos de La Cañada, estado Zulia. Son innumerables las historias que se cruzan en nuestro camino, voces del vacío que van quedando en la vida de cada madre que se le arrebata un hijo. En el vacío de un pueblo cuyas calles viven de la soledad. Migración, extorsión, sicariato, ajusticiamientos, expresiones que suenan duro cuando vemos el cuerpo caer o vemos los pies sangrantes del caminante. Me detengo, brevemente, en el relato de Carla, cañadera y testigo del sufrimiento forzoso de un pueblo que tiene que huir de la muerte. “Cambió la comunidad. Cambió muchísimo la comunidad, una comunidad muy alegre, se convirtió en una comunidad muy sufrida, muy dolida. Quedamos muchas mujeres sin hijos y sin esposos. Prácticamente La Cañada ha quedado muy sola, luchando sola por la vida y por lo que le queda del resto de familia. Agradecida como mujer, porque conservan la vida de la mujer, respetan al menos eso. Pero no les importa la edad, no les importa religión, no les importa ¡nada! He quedado sin vecinos, prácticamente, los vecinos del frente, a las mujeres les han matado sus hermanos, sus esposos, sus hijos”… Yo lo llamo efecto bélico. ¿De qué guerra se trata? ¿En qué consiste esta ocupación? Somos una sociedad en conflicto de una naturaleza muy particular: político-delincuencial, con guiones, para expresarlo, en una palabra, en una experiencia, en un acontecimiento vital. Esto es para Carla: vacío, soledad, dolor. Muchos pueblos, en el interior del país, están quedando vacíos. Este es el caso de La Cañada. El Observatorio de Violencia registró 239 muertes violentas el año 2020, sobre una población de 110.000 habitante, fue el tercer municipio más violento del país. Acá presentamos número y relato. Los números retratan una realidad, el relato lo ubica en la vida. Estos números tienen rostros, tienen familia, hay una historia detrás de cada uno. Carla es parte de esta historia y nos la cuenta. El vacío de La Cañada lo produce la muerte y el desplazamiento forzoso. No es poca la cantidad de muertes violentas y los efectos colaterales de estas muertes. Las casas solas, la soledad de las abuelas con los nietos, la gran cantidad de familias que han tenido que huir a otros lugares del país y fuera de él, el miedo permanente a ser eliminados ha ocupado la vida. ¡Ocupación! Parece ser la palabra que más encaja, la que logra explicar lo que sucede. Territorio ocupado por la violencia organizada sin presencia de un Estado Social de Protección. Las fuerzas policiales están al servicio de la dominación “Comunal” y en alianza abierta con la delincuencia. La migración se nos va presentando por distintas razones y a los más diversos lugares. En el artículo pasado nos acompañó en ese camino doloroso Yonma, quien atendió el parto de una caminante. Niños que nacen en la calle, sin patria, sin identidad. Desplazados por el hambre y la violencia. El rostro trashumante, continuidad o prolongación de lo que ocurre en La Cañada, somos el producto de la ocupación y la pobreza extrema. ¿Podemos, como sociedad, superar estas condiciones? Solo sí empezamos a llamar las cosas por su nombre y nos convertimos en irreverentes frente a la mentira. Lo que parece indestructible se resquebraja cuando somos capaces de desobedecer. El ímpetu de la insumisión es el legado de las comunidades humanas que desintegra el poder de quien “domina”. Sin sumisión no hay sometimiento. La gran pregunta, ¿cómo liberarnos en un territorio ocupado? Este desafío se lo dejo a los políticos, las comunidades buscan salidas, aunque implique prácticas poco convencionales. *** Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores. De la misma autora: Caminos de dolor: historia de una joven desplazada

Scroll al inicio