Nombre del autor:Mirla Perez

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Inmovilidad humana: gasolina, hambre y muerte

Cuando un sistema busca el sometimiento y la eliminación pone en marcha dos acciones básicas: la inmovilidad y el aislamiento. El propósito es disminuir las capacidades de las personas y enfrentarlas a la oscuridad de la indeterminación e inseguridad. Al momento de escribir estas líneas (a propósito de lo arriba señalado), me encuentro en el Zulia. Reproduzco parte de la conversación que tuve con una vieja amiga, al llegar: “mi mamá se murió, le dio un ahogo a plena luz del día, no había oxígeno en el hospital y no pude sacarla pa’ Maracaibo porque no había, ni hay, gasolina. La gente no tiene gasolina y eso ahora no se puede comprar en bombas, el bachaqueo es a domicilio, están prohibidas las colas, pero, de hecho, la gasolina es imposible comprarla, cuesta 1.5 dólares.” Mi amiga no pudo moverse, su inmovilidad fue el correlato de la muerte. Muchos elementos juegan en esta historia, apuntan todos a un principio: crisis humanitaria de origen político. Estamos siendo sometidos por un sistema que ha eliminado el Estado social y de derecho, apuesta, permanentemente, por la vulnerabilidad humana. El régimen se mantiene a expensa de nuestra debilidad. Nuestras ciudades y pueblos del interior vuelven a la economía y producción rural, en menos de una década, vemos en sus calles transportes movidos por la fuerza animal, bajo las riendas del hombre, carretas arrastradas por el burro. Volvemos a la leche cruda transportada por este medio, comprada a puerta de corral, sin pasteurizar, ni homogeneizar, constituye el signo del tiempo superado y la vuelta a una sociedad preindustrializada. Por otro lado, tenemos municipios asediados por la delincuencia organizada. Los delitos típicos son el sicariato y la extorsión. Predomina la extorsión, delito que sostiene toda una economía negra y criminal, y se comete contra todo aquel que tenga un negocio del tamaño que sea, desde una venta de empanada hasta comercios medianos, como ferreterías o supermercados. Está prohibido pintar las casas, así como lo leen, prohibido porque “hacerlo significa que alumbras”, quiere decir que tienen plata porque los que emigraron están enviando dólares, por tanto, hay que pagar vacuna por pintar: “las casas están descoloridas, todo parece viejo, tener las casas bonitas ya no es una opción, hay que pagar 1 dólar diario de vacuna, el que se atreva a pintar”. En esta localidad están coexistiendo los múltiples delitos y condiciones de vida extrema. La movilidad está seriamente comprometida. En nuestras notas de campo registramos: “quisiera tener opción a los camiones que transportan gente, las perreras, llega uno más rápido, aquí nos toca caminar de sol a sol, afortunado el que tiene una bicicleta, con ella se llega hasta Maracaibo”. A parte del control socio-político, la inmovilidad es pobreza, es hambre. Un pueblo inmóvil, es un pueblo hambriento. Por otro lado, a la sombra de una industria como la camaronera crecen mafias en el lago que buscan controlarlas. Atacan tanto al pescador como a la familia de los empresarios. Municipios enteros se han convertido en zonas de paz (ya sabemos lo que eso significa) donde la guerra entre bandas han hecho florecer megabandas criminales a expensas de la viejas bandas territoriales. Pueblos asediados por el miedo y el temor. La vacuna, mecanismo criminal de “protección” del secuestro y extorsión, constituye una de las vías del control delincuencial de las comunidades. Es un ciclo en el que se genera el delito y, al mismo tiempo, la defensa delincuencial del amenazado. Se produce y controla el delito por el mismo cuerpo criminal. Esto ocurre en el Zulia: aislamiento, inmovilidad, crimen organizado, precarización de la economía, un robusto mercado negro, condiciones de vida de pobreza extrema y un Estado fallido, que somete sin reconocer ningún derecho. Podemos decir que la vida no está garantizada. Estamos frente a un país devastado, en revolución, avanzando en su propósito. ¿Se puede pensar en normalización de cualquier proceso sea económico, social, político o electoral? ¿Puede pensarse, si quiera, en condiciones electorales justas? ¿En cuánto de estos lugares la “política” está asociada a la delincuencia? Afirmaciones como estas son frecuentes escuchar: “las bandas criminales ponen y quitan alcaldes, son ellos quienes financian las campañas”. ¿Se puede acudir a ciegas a un proceso electoral? Las condiciones fundamentales de la política son la libertad, la movilidad, la posibilidad de la conexión y organización, sin ello es imposible generar procesos de poder alterno, distinto al establecido. En medio de este caos las comunidades zulianas siguen resistiendo, se sostienen en su identidad y cultura, pero no hay una mano que enlace y haga de la resistencia, poder. Amigos hoy #30Agosto los invito a que me acompañen en esta lectura sobre el #Zulia, el más terrible predictor del futuro inmediato de Venezuela.https://t.co/csrX4vV6bc — Mirla Pérez (@mirlamargarita) August 30, 2021

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El saber frente al dominio: el caso de la universidad (I Parte)

“En una guerra, el que se arrodilla para conseguir la Paz se queda con la humillación y se queda con la Guerra”, Winston Churchill. Cada país teje su propia historia a partir de sus circunstancias particulares. Los soviéticos la vivieron de esa manera (la escuchada, leída y documentada) y a los venezolanos nos es valioso tenerla en cuenta. La autora plantea una visión sobre la crisis de las universidades nacionales, más allá del deterioro de su infraestructura. “El poder del régimen penetró el cuerpo de la universidad, lo quebró por dentro, produjo su destrucción del mismo modo que lo hicieron los soviéticos en su tiempo y lugar”. La universidad vista más allá de su razón de ser: Docencia, investigación y extensión. “Es una institución de mujeres y hombres inteligentes, académicos, intelectuales. Un lomito jugoso para la ideología y para los sistemas que buscan dominar”. “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de la esclavitud”. Me propongo una interpretación del caso de la universidad, bajo algunas preguntas esenciales, ¿por qué se produjo su dominación?, ¿en qué consistió el quiebre de su voluntad? Estamos frente a una universidad sometida, más no rendida, pero sí limitada. La dominación como acción consumada, pero en un proceso gradual de estrechar cada vez más los límites. Invito a que lo veamos desde las relaciones de poder. El poder del régimen penetró el cuerpo de la universidad, lo quebró por dentro, produjo su destrucción del mismo modo que lo hicieron los soviéticos en su tiempo y lugar. Quebró la voluntad. Estamos frente a una universidad distinta, disminuida, pero con memoria. ¿Podrá la memoria junto a la voluntad de poder romper la dominación? “El 5 de septiembre de 1922, Dzerzhinsky escribió a su adjunto Unszlicht: Profesores de universidad y ayudantes, etc. Las informaciones sobre todos estos señores deben de proceder de nuestros departamentos y ser sintetizadas por el departamento «Intelligentsia». Debemos contar con un expediente de cada intelectual. (…) Hay que tener siempre en mente que el objetivo de nuestro departamento no es solo el expulsar o detener individuos, sino también el contribuir a la elaboración de la línea política general en relación con los especialistas: vigilarlos estrechamente, dividirlos, pero también promover a aquellos que estén dispuestos, no solamente de palabra, sino también de obra, a ayudar al poder soviético”. Cito a Stéphane Courtois, autor del Libro Negro del Comunismo, texto fundamental que nos muestra con una claridad meridional los crímenes cometidos por el socialismo en los distintos países que lo han implementado. “El quiebre de uno de los elementos centrales de la autonomía fue fracturar la gobernanza basada en el claustro universitario, constituyó el golpe de gracia propiciado por el régimen” Los eventos históricos son inéditos, cada país teje su propia historia a partir de sus circunstancias particulares. Los soviéticos la vivieron de esa manera (la escuchada, leída y documentada) y a nosotros nos sirve tenerla en cuenta. En este sentido, dedicaré este y los próximos artículos al tema de la universidad. Me propongo pensar la universidad desde sus funciones naturales: la docencia, la investigación y la extensión, en el amplio marco de la educación. Es una institución de mujeres y hombres inteligentes, académicos, intelectuales. Un lomito jugoso para la ideología y para los sistemas que buscan dominar. La universidad pública fue una de las primeras instituciones que acorraló el régimen, sin destruirla por completo. En la primera de cambio no era necesario eliminarla, se trata de una organización inteligente, que necesitan mantener viva. Más que eliminar por completo la institución lo que han buscado es subvertir su orden, ¿de qué manera lo han hecho? Bloqueando la autonomía, eliminando la investigación de cualquier índole, dividiendo a los profesores entre autoridades, gremios y representados, de modo que quede un conglomerado de profesores dispuestos, “no solamente de palabra”, “sino también de obra”, a ayudar al poder chavista a mantenerse en el poder. Expulsión universitaria En Venezuela se crearon universidades en el marco de la misión Sucre, las denominadas Aldeas Universitarias que formaron parte de la Universidad Bolivariana, ninguna con la auctoritas de las universidades autónomas, privadas o experimentales de trayectoria como la Universidad Simón Bolívar. ¿Qué sucedió en el camino?   “Anulación de la libertad y condicionamiento de la voluntad. Inmovilizan” La cobertura educativa en Venezuela es cada vez menor, estamos en medio de un castillo de naipes, la educación superior, según la Encuesta Encovi 2019-20, ha tenido una baja significativa: solo el 25% de nuestros jóvenes de 18 a 25 años iniciaron la carrera universitaria; esto es, 3.136.000 personas, de este número solo se graduaron 155.000 estudiantes universitarios, implica que se graduó solo el 4,9% de los estudiantes que iniciaron. Luego, ¿qué sucedió con el 75% de jóvenes que no entraron al sistema educativo?, ¿qué papel jugaron las universidades del Gobierno? El común de la población no cree que este sistema cumpla con una educación de calidad, siempre buscan la opción de las universidades autónomas y un segmento cada vez menor tiene acceso a la educación privada. Juntando las dos cifras tenemos la alarmante realidad de un 95% de jóvenes en edad universitaria que no tiene acceso a la educación. Solo el 5% de nuestros jóvenes alcanza a culminar la formación universitaria, el resto es expulsado, eliminado, sometido a la más radical desigualdad e injusticia. Mucho de estos jóvenes han tenido que emigrar, otros trabajar por un salario miserable y otros entrar en el mundo de la delincuencia. “He visto cómo mis colegas se inscribieron y adquirieron el carnet de la patria. Si aceptamos el mecanismo, aceptamos las condiciones” ¿De qué sistema educativo se trata? Estamos frente a un sistema excluyente. Tal como lo dice la referencia Soviética, la universidad es necesaria para “contribuir a la elaboración de la línea política general en relación con los especialistas” que puedan refrendar la “verdad” socialista por encima de la falibilidad del ser humano. El cuerpo universitario, académico e intelectual es fundamental para estos regímenes. ¿Importa en algo estos

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Contra el totalitarismo: ¿más allá de la política?

Autor: Mirla Pérez Más de 60 años de represión y coacción no impidió que salieran a protestar. El pueblo cubano decidió levantarse en un movimiento voluntario, sea espontáneo u organizado, actuó sobre la base de una decisión, rompió con las reglas de juego del sistema y se rebeló. Hace 20 años que la autora visitó La Habana, y aunque es la primera vez que escribe sobre su experiencia en aquella visita, con los hechos recientes recordó lo advertido sobre el comunismo y el cuidado que hay que tener con él, repetido en una frase: “No permitan que en Venezuela hagan lo mismo que aquí”. Efectividad en el dominio. El sistema no deja de ser totalitario porque tengamos dudas de su efectividad o porque no logre el sometimiento. Su inefectividad puede deberse a varias condiciones, incluyendo la resistencia del que pretende ser dominado. Este es uno de los puntos que atravesamos hoy en Venezuela y que comenzamos a ver en Cuba. El régimen se pasea por distintos mecanismos de dominio, va perfeccionando el modo de penetrar la vida pública hasta llegar a la privada, sus pilares se instituyen: El aislamiento, la inmovilidad, la mentira, la ideología, el hecho de abarcarlo todo y poder determinar cómo te vistes, qué comes, hacia dónde te desplazas, qué dices, dónde y cuándo lo dices. Ese es el camino que le va conduciendo al punto de llegada: Dominio absoluto. En ese propósito no hay dudas, eso ya lo constituye en proyecto totalitario, si los medios no lo conducen a Roma ensayan hasta encontrar el indicado. En Cuba encontraron un camino que los condujo a penetrar la vida cotidiana: La vigilancia cercana y el control del partido. Montados sobre una narrativa épica, erigida en la revolución como el gran discurso unificador: contra la dictadura de Batista y contra el imperialismo norteamericano que quiere someterles; por tanto, un discurso nacionalista. “Una expresión que cruza toda la protesta cubana y que contiene este impulso: ‘Tenemos tanta hambre que nos comimos el miedo’” La épica revolucionaria se montó en el arte, museo de la revolución, en la música de la nueva trova cubana; en la universidad revolucionaria, basada en la limitación del libre pensamiento e instrumental al sistema, órgano ideológico del Estado como todo el sistema educativo. Todo el Estado anterior fue desmontado y se colocó en su lugar el Estado socialista. Sin paralelismo, caída y mesa limpia. Después de 60 años del régimen totalitario cubano, sorprende ver cómo sale a la calle un pueblo que ha vivido reprimido por tanto tiempo. Viene a mi memoria la parábola del tendero fiel y consecuente al sistema totalitario, de quien habla Václav Havel, con su rebelión, muestra el quiebre de la vida en la mentira: “Imaginemos ahora que un buen día algo se rebela en nuestro tendero y que deje de exponer los eslóganes solo porque le da la gana; que deje de ir a votar en las elecciones que no son elecciones; que comience a decir en las asambleas lo que piensa de verdad y que encuentre en sí la fuerza para solidarizarse con quienes su conciencia le lleva hacerlo. Con esta rebelión el tendero sale de la vida en la mentira; rechaza el ritual y viola las reglas del juego; reencuentra su identidad y su dignidad reprimida; realiza su libertad. Su rebelión será un intento de vida en la verdad”. El sistema sigue siendo totalitario quien decidió rebelarse, no obedecer, romper con las reglas de juego del sistema, ese es el tendero, es el cubano, es el venezolano, es la persona que se reconoce en la libertad y se reencuentra con la identidad pretendidamente suplantada. ¿Cómo lo logra? Por la rebelión, desde la insurrección, por la desobediencia. Se pertenece a un grupo humano, se comparte unas prácticas, se da cuenta que vive en condiciones de sometimiento y ese darse cuenta es compartido. Puede producirse la rebelión individual pero también la social, el sujeto que se rebela pertenece a un círculo vital que grita: “Tengo 81 años y he vivido 60 años en la mentira, ya se acabó, nos quitamos el ropaje del silencio”. Abuelita cubana protestando frente al Capitolio de La Habana; y en los jóvenes escuchamos decir: “No, no queremos migajas. Queremos libertad”. Encuentros en La Habana Fui a La Habana hace 20 años y vi el control metido en el seno de las comunidades, a partir de los Comités de Defensa de la Revolución, en adelante CDR. ¿Qué implicó?, ¿cómo se fueron articulando?, ¿de qué modo rompieron la dinámica comunitaria? Los CDR fueron los primeros enclaves organizativos de vigilancia y coerción en las comunidades cubanas. Esta aproximación la haré desde mi vivencia directa. Fui a Cuba el 2000, en el marco de un congreso titulado: “Identidad Profesional, Perspectivas y Retos en el Nuevo Milenio”, organizado por la sociedad cubana de trabajadores sociales de la salud. Fuimos como delegados un grupo de 10 estudiantes y profesores de la Universidad Central de Venezuela, yo acudí en calidad de ponente y profesora universitaria. “La instalación de un sistema de vigilancia y reducción de los espacios comunitarios implicó el control vecinal desde dentro” El protocolo de seguridad era el esperado en un sistema totalitario: Visitas estrictamente guiadas, horarios controlados sin libertad de tránsito, instituciones públicas seleccionadas para la visita sin posibilidad de interactuar con el personal ni poder indagar sobre procesos más allá de lo formal, turismo restringido y controlado por el personal oficial. Como ven, la ruta estaba marcada, líneas controladas por la organización del evento en el marco del sistema público cubano. Nosotros, jóvenes profesores y estudiantes, aún más jóvenes, nos saltamos los protocolos de seguridad. Nos escapamos de los guías turísticos y nos metimos en las comunidades de La Habana. ¿Qué implicaba llegar a un barrio de La Habana? Decidir desplazarnos fuera del control, tomar un taxi, (tácitamente prohibido para nosotros porque teníamos un autobús asignado) eso nos abrió el mundo y nos permitió conversar con el cubano de a pie, el taxista, con él nos enteramos de la economía negra, no sólo del mercado de divisas sino

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La libertad y la propiedad en el Estado comunal

Autor: Mirla Pérez Mientras políticos, empresarios, universidades, académicos, etc., no entiendan que el régimen va a lo suyo y que se valdrá de cualquier argumento para conseguirlo, no se logrará articular un movimiento con raíces en la potencia real que alberga ese más del 80% de la población que resiste. En este punto estamos hoy: Pasan del hecho al derecho, de la implementación territorial del Estado comunal a la formulación del cuerpo legal que lo sustente. El nuevo orden no es cualquier cosa, es la refundación del Estado. El escenario luce anárquico, sin orden aparente, fragmentado. Su apariencia es su naturaleza, el sistema se está moviendo, está en transición. ¿Momento de transición y eliminación del viejo orden, del orden republicano y democrático que conocemos? ¿En qué punto estamos? Como una sombra se propaga entre nosotros el Estado comunal. Avanza silenciosamente, se expande en el territorio, ocupa a las comunidades, pretende eliminar la pluralidad y lo poco que queda de autonomía. Nos impone hacer política en tiempo de oscuridad: “La historia conoce varios períodos de oscuridad donde el reino público se vio oscurecido y el mundo se tornó tan dudoso que la gente cesó de pedirle a la política otra cosa que no fuera demostrar una verdadera consideración por sus intereses vitales y la libertad personal”, Hannah Arendt. Estamos en la búsqueda de los gestos elementales, en los intereses vitales y en la defensa de la libertad. Aquí, en esta franja está más del 80% del país, exigiendo a la política un mínimo de compromiso por la vida. Mientras tanto el régimen avanza en su empeño de la dominación, aunque cuente con el repudio de las mayorías. En el año 2006 se inició la imposición legal de los consejos comunales, fue el primer paso, en pequeña escala, del proyecto comunal. En esa expresión territorial estaba concentrado lo que hoy se aplica a gran escala, regional y nacional. Su implementación implicó la eliminación de las organizaciones vecinales autónomas. La democracia continuó su largo y penoso camino hacia la destrucción. Del líder comunitario pasamos a los voceros. Los voceros dieron paso a los jefes. Hoy la estructura comunal es un cuerpo de jefaturas: Jefes de calles, jefes de comunidad, jefes del CLAP, etc. “El Estado comunal es un aparato diseñado para el sometimiento de la mayoría, en manos de la minoría” Unas estructuras vacías de gente carecen de auctoritas, el único camino posible es la imposición, por eso requieren jefes que manden y destinatarios que obedezcan. No hay lugar para la autoridad y el liderazgo, la persuasión o el argumento. Las palabras y las acciones son puñales que obligan a tomar el camino delineado por el poder centralizado, explícitamente expuesto en la expresión: “Del presidente a la calle”, la línea de mando directa. Poder centralizado, participación en la línea de la dominación. El régimen siguió el avance produciendo una “constitución” paralela, sin acuerdo, ni consulta, a partir de una “ley constitucional” aprobada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente: el plan de la patria. En este punto estamos hoy, avance “jurídico”, pasan del hecho al derecho, de la implementación territorial del Estado comunal a la formulación del cuerpo legal que lo sustente. El movimiento revolucionario va del hecho al “derecho”, esto es, a la configuración jurídica. El desarrollo del poder comunal da paso a la vinculación del poder cívico-militar. La civilidad fue obligada a ceder el paso a las zonas territoriales, primero, militares y, luego, milicianas, en continua proyección hacia otro tipo de actividades, las económicas, por ejemplo. Estamos en el punto de la “integración” cívico-militar. Momento de transición y eliminación del viejo orden, del orden republicano y democrático. Instalación de un nuevo Estado que reconfigure territorialidad, forma de gobierno, marco legal, población, actividad económica, etc. En la transición hacia el nuevo orden El escenario luce anárquico, sin orden aparente, fragmentado. Su apariencia es su naturaleza, el sistema se está moviendo, está en transición. ¿Puede el régimen dominar en el caos? La fragmentación territorial está gobernada por fragmentos del poder político, facciones del PSUV y de otras agrupaciones, pero, también, por las cuotas de poder que le corresponde a las megabandas que dominan un determinado territorio. Hoy se le suma la guerrilla o ejércitos irregulares. “Si no jugamos su juego sino el nuestro, basado en la verdad de la potencia de una sociedad viva, de una comunidad resistente, podremos gritar su desnudez, su debilidad, articular la rabia que genera a su paso” La región marca el procedimiento, pero también el grupo que domina el territorio señala caminos. ¿De qué modo puede encauzar el poder, el chavismo, para lograr un mínimo de control? Volviendo a la centralización. Diseñando un Estado que le permita reconsiderar lo territorial y los poderes que le habitan. El nuevo orden no es cualquier cosa, es la refundación del Estado. La vigilancia y el sometimiento constituyen dispositivos que han penetrado a las comunidades: RAAS, UBCH, jefes de calles, entre otros, son la garantía de poder mantener bajo la lupa a la comunidad. La milicia ya no es un cuerpo “extraño”, han ocupado el territorio comunitario, es la garantía del funcionamiento comunal. La desinstitucionalización de las Fuerzas Armadas ha sido clave en todo este proceso de diseño e implementación comunal, veámoslo desde el testimonio de un miliciano de nuestro estudio: “… observaron que la reserva era pura gente mayor… y crearon la milicia bolivariana y crearon… el 5to. Componente. Por eso hay problema con unos sargentos que han ido a la escuela, que han ido a la Escuela Técnica, salen como técnicos que son sargentos igualitos y nosotros no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito…! ¿Me entiende?” Este fue un paso importante para poder fusionar en lo miliciano, el poder cívico-militar. Van ordenando según el proyecto. Los otros pasos van en la misma dirección de la desinstitucionalización, es por ello que este año avanzaron en obligar a las ONG, sociedad civil, a registrarse en la plataforma “contra la delincuencia

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El humor, base de la resistencia

Autor: Mirla Pérez   El humor será siempre un recurso para reírnos del poder, aunque, cuando es tiránico, va contra quienes se resisten riéndose de él. La burla da lugar a la libertad, la recrea, abre una puerta de salida al temor. En la Venezuela de hoy constituye un recurso -inadvertido- de las comunidades ante las acciones que rechazan por absurdas, inhumanas o basadas en el sometimiento. ¿Cuál es la actitud sana ante la reiteración de lo absurdo? Reírnos de ello, hacer mofa, de esa manera lo enfrentamos desde una de las múltiples posibilidades de hacerlo. Nos liberamos al ridiculizarlo.   Ante el hecho electoral están ocurriendo varias cosas, practicadas de modo distinto por cada grupo. Del lado de la comuna o grupos organizados en torno al poder del régimen, se está ridiculizando el mecanismo electoral. Oyes decir con picardía y humor: “¿qué política es esta? Hasta el gato se quiere lanzar, por allá un peluquero que en su vida habrá hecho algo electoral, hoy quiere ser alcalde o concejal…” y no falta quien diga: “estamos hastiados de tanta imposición y vivir mal, prefiero burlarme de esta locura.” La inconformidad es el terreno que pisa el régimen, incluso, del lado de lo suyos. En las localidades abrieron la caja de pandora, lo que antes era un mecanismo de cohesión hoy es una posibilidad de rebelión. Las elecciones agudizan la tensión entre la banalidad de lo electoral y su uso como mecanismo de coacción. De la democracia ha quedado solo el dispositivo electoral como mera formalidad, porque les interesa como estrategia de unidad para los suyos y para la ratificación del aparato de poder. Las “elecciones” en los sistemas totalitarios son dispositivos que sustituyen la libertad de consciencia del individuo, por el funcionamiento del engranaje de la dominación en la que el régimen se reafirma. La gente del régimen, la de abajo, las que tienen la pesada carga de la sobrevivencia, están “arrechas”, sentimiento que les sales del alma cuando tienen que definir su estado emocional. El circo se les hace pesado, el payaso ya no se ríe, ni es gracioso, ni causa gracia. La gente ya no quiere que le hagan reír, que le obliguen a la pose y finja algo que no siente. En este momento las elecciones se topan con la banalidad, con lo superfluo, con la resistencia de las bases tanto comunales como comunitarias. Desde el chavismo se rechaza un mecanismo que les obliga a girar en torno a un mismo punto y desde la oposición sienten que son obligados a girar en torno al punto que le ha colocado el chavismo. Arriba hablamos de la base comunal, ahora hablemos de la base comunitaria. Mientras que del lado del régimen hay mofa, burla, humor ácido; del lado comunitario hay silencio, rabia, impotencia, rebeldía y desobediencia, aromas ligeros que acompañan la decisión: “no voto por ningún vagabundo de esos, no voto por los mismos, llevamos 20 años votando sin obtener cambios mínimos, ni significativos. Votamos, pero no elegimos,” son algunas frases que registramos en el trabajo de campo. El pueblo vacío de opciones reales prefiere el silencio, la solidaridad, el encuentro cotidiano con el otro comunitario, aunque estas no sean expresiones de poder. En la voz de Havel Vaclav (1936-2011) encontramos vías de comprensión en procesos históricos similares. La comunidad venezolana hoy está ubicada en “la vida en la verdad” y esta se vive en los más elementales gestos de unión y solidaridad: “…vida en la verdad es el punto fundamental de partida existencial (y potencialmente político) de todas las iniciativas civiles independientes y de todos los movimientos disidentes o de oposición… esto no significa, naturalmente, que todo ensayo de vida en la verdad sea automáticamente algo parecido. Al contrario, indica el vasto campo, no delimitado y difícilmente descriptible de las pequeñas manifestaciones humanas que en la mayoría quedan inmersas en el anonimato y cuyo alcance político nadie cultivará…” El humor es uno de los gestos elementales de la rebeldía, contra la manipulación y a favor de la libertad y de la convivencia. Es uno de los primeros indicios de una sociedad en movimiento, que no está dispuesta a seguir calándose ni la imposición ni el sometimiento, ¿se cultivará políticamente?, ¿se convertirá en poder? Necesitamos buenos oidores y entendedores.  

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La impensable pobreza en Venezuela

Autor: Mirla Pérez Hace un poco más de 30 años, más o menos, era activista política y educadora popular. Me desempeñaba en un barrio de la zona sur de la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, un cinturón poblacional económicamente muy deprimido. El diagnóstico hecho en la comunidad donde residí y trabajé fue de pobreza. Una pobreza definida por la deficiencia de los servicios públicos: agua, luz, vías públicas de arena, salud y educación. Se trataba de un barrio en formación. En Venezuela, los barrios nacen de modo espontáneo, en su línea histórica primero se produce la organización de los pobladores, luego hacen una distribución del espacio, se levantan los ranchos, en ellos habitan madres y niños. Los hijos jóvenes y padres sólo apoyan en la construcción de la casa (cuando se trata de terrenos baldíos), una vez que se gana estabilidad comienza a hacerse mejoras en las viviendas. Lo que marca el surgimiento del barrio es el trabajo que produce los recursos económicos y el trabajo en la construcción de la vivienda, que se asocia con la estabilidad de la familia. Los materiales de las viviendas variarán, según el trabajo y recurso que se invierta en el lugar. La casa se convierte en un proyecto familiar. El sello que imprime este proceso -más que el de la pobreza- es el del esfuerzo, el proyecto familiar, trabajo y el sueño de tener, finalmente, una propiedad privada, una propiedad familia. El principio del progreso es la propiedad y, para ello, se invierte en trabajo, así se va superando la pobreza que más que una identidad es un estadio superable. El barrio gana estabilidad cuando tiene agua regular y tendido eléctrico, y los caminos comienzan a ser caminerías de concreto, escaleras o calles asfaltadas. La gente progresa y la función del Estado fue acompañar y favorecer la convivencia, facilitando la instalación de estos servicios. A diferencia de una urbanización, el barrio es primero gente y luego estructura, servicios y distribución espacial. Lo cierto es que la “pobreza” era una etapa superable en la vida de una comunidad. Lo que quiero destacar, con toda esta experiencia, es que la pobreza en la democracia es cualitativamente distinta a la pobreza en la revolución socialista. Antes, la pobreza se trataba de limitaciones en la obtención de algunos recursos, servicios públicos deficitarios, vías públicas en construcción, pero no me viene a la memoria ninguna experiencia de hambre. No hambre generalizada, sí hambre en algún núcleo familiar. Es decir, había sectores de la población con limitaciones económicas puntuales, pero teníamos colegios, una red de salud pública eficiente y muy bien extendida, etc. La democracia había sido garantía de bienestar. Razones para luchar y emprender proyectos sociales y populares había de sobra, pero en unas condiciones económicas no muy precarias. Hoy estamos en lo que podemos llamar: la impensable pobreza. Una pobreza que nos agarra desprevenidos. El bienestar se detuvo en el tiempo, el país dejó de ser pensado y proyectado, al punto que se convirtió en caldo de cultivo para que pudiera nacer un proyecto socialista totalitario, como el que hoy ha madurado entre nosotros. La pobreza no sólo comenzó a ser pensable, sino vivible, ya no es la carencia que puntualmente puede tener una persona o grupo de una comunidad, se trata de una pobreza en la que se nos viene encima todas las instituciones. Una pobreza que se exhibe en los hospitales, no sólo en sus edificaciones, sino en todos sus servicios; en la imposibilidad de conseguir medicamento no sólo por el costo, sino porque simplemente no hay, no se compró a los proveedores; no se produjo en el país porque los laboratorios cerraron, porque fueron insostenibles en un régimen que expropió todo lo que no le pertenecía. La consecuencia es que no tener medicamentos implica la muerte. No es un material suntuoso, sino necesario e indispensable para la vida. La impensable pobreza comienza a determinar la vida como nunca, pasamos por las largas colas para comprar comida, hasta llegar al punto en el que, sencillamente, no se puede comprar y, en consecuencia, no se puede comer. Ya se trata de hambre. El hambre que no puede ser combatida por la solidaridad entre convivientes, porque el déficit de alimentos nos llega a todos. Hemos entrado en la peor de las pobrezas, no es solo carencia de recursos de algunos pocos, sino la carencia que se extiende a todos. La solidaridad es cada vez más limitada. El problema más grave es vivir este estado de pobreza generalizado, inserto en un sistema totalitario, en un régimen cuyo horizonte está centrado en el poder aunque implique la muerte, la eliminación, la fragmentación territorial y su consecuente pérdida del territorio. ¿Tendrán claras las élites los grandes retos de la Venezuela comunista en la que la democracia es solo un instrumento vacío, carente de significado para los que mandan?

Investigaciones

EL PODER DE LA COMUNIDAD VS LA IMPOSICIÓN COMUNAL

Autor: Mirla Pérez   INTRODUCCIÓN Esta es una ponencia enmarcada en el foro “Ciudades Comunales: Estado Comunal vs empoderamiento ciudadano y comunitario,” pero también es un producto parcial de una investigación que llevamos adelante en el Centro de Investigaciones Populares. Inevitable pensar en la externalidad de los dos vocablos que sostienen esta disertación: comuna-comunidad, ambos evocan realidades distintas, proyectos distintos de país, bifurcación de historias y prácticas. Dos mundos. Dos significados. Por un lado, el Estado Comunal, sobrevenido en programa impuesto y, por el otro, la comunidad, sociedad, ciudadanos que constituyen la historia que se ha venido cultivando hace ya más de 500 años de nuestro vivir hispano americano. La vida, tradición y cultura están de nuestro lado. Del lado de la comunidad. ¿Homogénea? No. Heterogénea y diversa. Eso somos y hemos sido, debilidad y fortaleza. Ese es nuestro pueblo hoy fustigado por un plan impuesto, externo e interventor capaz de demoler toda vida, cultura y sociedad que no pueda someter. Tomo de Ortega y Gasset, su noción del vivir como fuente de toda realidad histórica: “miran de la historia sólo la política o la cultura, y no advierten que todo eso es sólo la superficie de la historia; que la realidad histórica es, antes que eso y más hondo que eso, un puro afán de vivir, una potencia parecida a las cósmicas; no la misma, pero sí hermana de la que inquieta al mar, fecundiza a la fiera, pone flor en el árbol, hace temblar a la estrella.” Vivir es fuerza, motor, ímpetu. Vamos a quedarnos con esta idea que trabajaremos más adelante, por lo pronto, vivir es una acción creadora y liberadora, fecunda. Del vivir pasamos a la comunidad, me quedo con el concepto antropológico amplio: “es un todo humano cuyos miembros viven por y para ella.” Tienen una historia, territorio, costumbres, relaciones comunes. Nuevamente se está y se comparte en torno al vivir y convivir en un espacio histórico determinado. I. Comuna:eliminación de la identidad   Tomaré del Diccionario de la Real Academia Española, la definición de comuna en su segunda acepción: “Forma de organización social y económica basada en la propiedad colectiva y en la eliminación de los tradicionales valores familiares.” La base de la comuna es la propiedad colectiva, en el fondo resuena interés, ideas, conceptos comunes. Mecanismo, dispositivo elaborado bajo los intereses de quienes imponen este tipo de organización social, convertido en espacio de control. El punto de partida es la eliminación de aquello que hace comunidad. Por tanto, la comuna parte de la destrucción de la tradición, de la identidad, de la trama relacional y afectiva en un tiempo y lugar determinado. Comunidad y comuna no son opuestos, son externos uno al otro. Pertenecen a un universo de significado completamente distintos. Constituyen el punto de partida de dos países distintos. Hablar de Comuna es situarse en el desplazamiento de las estructuras antiguas, tradicionales y establecimiento de una nueva geopolítica, un sistema de distribución territorial basado en otros principios rectores. ¿Cuál es el principio rector? El “poder popular” está constituido por el poder miliciano que desplaza lo civil. Notemos que la estructura no es propiamente militar, por eso han venido desmontando, sistemáticamente, las fuerzas armadas institucionales. Es así como el Sistema de Organización Territorial de las Unidades Populares de Defensa Integral (SOTU) está anclado a la territorialidad miliciana. Cuando sospechamos que este régimen es miliciano y no militar, lo hacemos desde las prácticas y vivencias de los sujetos que nos conducen a preguntarnos por la naturaleza del poder que domina, es por ello por lo que reproducimos, a continuación, lo que un miliciano dice del paso de la reserva a la milicia: “Ellos observaron que la Reserva era pura gente mayor… y crearon la Milicia Bolivariana y crearon… el 5to componente. Por eso hay problema con unos Sargentos que han ido a la Escuela (oficiales del ejército institucional). Estos sargentos han ido a la Escuela Técnica y salen como técnicos, profesionales, pero ellos son Sargentos igualitos que nosotros que no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito! Y horita, en lo que ganen la Asamblea tú vas a ver a más de un miliciano por ahí… van a asignar los batallones como es, van a asignar como es, ¿me entiende?” (Antonio, 2020, sargento miliciano) Tenemos, entonces, que el territorio, la formación y el apresto es miliciano y no militar. Las Ciudades Comunales vendrán a constituirse en las regiones integradas por las comunas en la que terminará de desplazarse el poder civil. De hecho, en la ley que las regula, reglamentan y dan curso legal a la autonomía relativa de estas instancias. ¿Dónde reside el verdadero poder? II. Características del territorio comunal La geopolítica local: La cartografía social como ejercicio de dominio territorial de las comunas y Ciudades Comunales, es una de las tareas que quedará abierta en el nuevo diseño territorial. Tengamos en cuenta que la fragmentación del territorio ya está en marcha, hay lugares, especialmente en los estados fronterizos, donde mandan los grupos irregulares. ¿Quiénes van a marcar ahí el territorio? ¿Bajo qué legislación se hará? ¿Qué interés priva en los lugares que concentran más que un barrio o más que una parroquia? ¿Cómo agrupas el territorio tomado, ocupado o conquistado por la delincuencia organizada: Cota 905, el Valle, Coche, Cementerio? La cartografía comunal, tal como lo dice la ley, serán “unidades funcionales con criterios geo-históricos…” ¿Para quién debe ser funcional? En el horizonte del Estado Comunal no está la unificación territorial sino su dispersión que garantice cuotas de poder en un Estado desmembrado. ¿Cómo quedan las comunidades frente a esto? Una Cartografía dejada a los criterios comunales debe tener un límite, ¿quién lo coloca?: la estructura miliciana, que unifica los componentes cívico-“militar”. El límite lo produce la jerárquica miliciana, el diseño de la distribución del CLAP y de otros bienes y servicios se hace a partir de las Zonas Estratégicas de Defensa Integral. Pasamos del SOTU al ZODI. La lógica comunal está sostenida

Opinion

El poder del «entre»

Autor: Mirla Perez El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. Para el chavismo su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. Suprimir el viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto. Hoy tenemos un país fragmentado, y lo podemos entender con las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? ¿De qué se trata? El entre lo vamos a entender aquí como el espacio de la relación, de la vida social, del mundo en el que somos y vivimos. Toda cultura produce una particular manera de vivir ese espacio público, ese lugar de encuentro, ese punto de confluencia. En Venezuela predomina la cultura de la convivencia, el “homo convivalis”, denominado, así, por Alejandro Moreno. Este convive es ya un acontecimiento fuera de la individualidad, su punto de partida es vivirse en otredad. Esa es su identidad. Ese es su punto de partida. La narrativa cotidiana nos lleva a ese encuentro, en la historia de vida de Felicia, madre popular venezolana, nos encontramos con la siguiente afirmación: “Mis hijos me tuvieron a mí, y mis hijos me tienen a mí”, pasado y presente, convivencia que se mantiene en el tiempo. De la madre emanan los hilos afectivos que van tejiendo una trama que primero es familia y luego comunidad.   “Ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal” Difícil separar lo público de lo privado o, mejor dicho, difícil pensarlo de modo separado en Venezuela. El entre habita la humanidad del venezolano porque está hecho de convivencia, la madre urde la trama y en ella está la comunidad, espacio concreto de la relación siempre abierta al otro. En la calle se produce el encuentro, pero también la política. Ni la solidaridad, ni la fraternidad, ni la convivencia son prácticas extrañas, están ahí y se manifiestan de continuo. El mundo popular venezolano ha sobrevivido a la imposición, tiene una larga historia de resistencia. La modernidad democrática favoreció el encuentro, pero no detuvo otros tantos desencuentros. No ha sido una convivencia armónica, sin embargo, nos las arreglamos para integrarnos como país. En la pluralidad y en la diversidad convivimos. La oscuridad de un proyecto En cambio, hoy, el chavismo, proyecto totalitario, oscuro, como lo denominó Arendt, sí parte de la eliminación. Su premisa fundamental es eliminar y negar la pluralidad. Este es un sistema que no hace política, sino que somete. No parte de la pluralidad, no lidera, manda y obliga a la obediencia, por eso sus estructuras están compuestas por jefes. ¿Cómo se puede ser jefe de una comunidad? El sistema busca erradicar el espacio público y someter la vida privada. La eliminación tiene los colores de la muerte en todas las estructuras: Eliminar la persona, la identidad, la cultura, la comunidad, la convivencia, la institucionalidad. Parte de la erradicación del viejo orden para imponer uno nuevo, sin pacto, ni acuerdo sólo se impone. “¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?” Hay una aproximación que hace Stéphane Courtois (1997), al hecho de la eliminación en los países comunistas, y lo dice de la siguiente manera: “En cada caso el objeto de los golpes (muertes) no fueron individuos sino grupos. El terror tuvo como finalidad exterminar a un grupo designado como enemigo que, ciertamente, solo constituía una fracción de la sociedad, pero que fue golpeado en cuanto tal por una lógica genocida. Así, los mecanismos de segregación y de exclusión del totalitarismo de clase se asemejan singularmente a los del totalitarismo de raza. La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de la raza pura, la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa”. La revolución comunista venezolana, se bifurca en dos caminos: El colectivismo, desde lo conceptual e ideológico que implica la supresión de lo privado como concepto fundamental para la vida y para la propiedad; y el camino del “crimen de masa constituido en un verdadero sistema de gobierno”. ¿Cómo entiende la política el chavismo? Como la práctica del sometimiento y desidentificación cultural e histórica. Eliminación del mundo tal como lo hemos vivido y pensado, supresión del encuentro libre de la vecindad. Por eso ocupó la comunidad, la vació de sentido y en su lugar está imponiendo una institucionalidad comunal. El amenazante y plural poder vecinal fue sustituido por el poder comunal. ¿Nos damos cuenta de los cambios que han impuesto?, ¿vemos como se metió en nuestras casas, en nuestras vidas, en nuestras comunidades? “El reto para la oposición es enorme, como lo es, también, para la sociedad y la cultura, (…) para poder identificar el momento”   El sistema eliminó la democracia, implementó la estructura comunal y ahora está legislando para dar soporte legal a lo que constituye su gran proyecto. ¿Se contradice esto con el componente criminal? No. Ya la humanidad lo ha vivido, “… todas las declaraciones en el tribunal de Núremberg insistían en una de las características mayores del crimen contra la Humanidad: El hecho de que el poder del Estado fuera puesto al servicio de una política y de una práctica criminales”, nos dice Stéphane Courtois.  El Estado Comunal sostenido territorialmente en las Zonas de Paz y en el Sistema de Organización Territorial de la Unidades Populares (SOTU), nos lleva a pensar que está al servicio del partido único y de las organizaciones criminales. Tenemos un país fragmentado, su fragmentación favorece el proyecto centrado en jefes de zonas que dominen los negocios regionales. Esta “institucionalidad” que le sirve al crimen organizado, la podemos entender bajo las palabras de “El Coqui”: “Si tumban al gobierno nos afectamos nosotros… se acaba la zona de paz y nos vemos perjudicados”. Alianza evidente, ¿se pueden plantear unas elecciones que pongan en peligro el statu quo? Salidas radicales En este sentido Arendt ubica

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